Jueves 10 de Septiembre de 2020
José Portillo falleció el sábado y fue el primer médico víctima de coronavirus en la provincia. Era diabético e hipertenso, y por eso, “en los papeles”, no debía haber estado trabajando en el Hospital Granaderos a Caballo de San Lorenzo como lo venía haciendo en el marco de la pandemia. “José no tenía que estar en la guardia, era persona de riesgo porque como muchos profesionales de la salud mayores de 45 años, era hipertenso; pero así y todo se consideró sano y lo hizo. Eso muestra como los médicos evaluamos las condiciones de trabajo ajenas, pero nos cuesta hacerlo sobre las propias”, reflexiona Silvia Aiello, directora de la carrera de Especialización en Medicina del Trabajo de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) sobre la percepción que los propios profesionales tienen de su labor y, sobre todo, de su salud. Impactada por la muerte del colega, que además ejercía la medicina laboral, la docente hizo una pública una carta donde apunta a los déficits del sistema de salud y a la necesidad de revisar la formación. “Deberíamos hablar más de pluriempleo y precarización laboral, y no tanto de lesiones; deberíamos repensarnos como trabajadores sufrientes, llenos de incertidumbre, temores y ansiedades”, señala en el texto.
Portillo sabía de medicina del trabajo, se había formado en ese sentido y estaba a cargo del servicio Médico Laboral de Celulosa Argentina. Quizá por eso, su muerte no sólo causó conmoción y tristeza, sino que además encendió más de un interrogante entre quienes están al frente de la formación de los profesionales en esa especialidad, y abrió la posibilidad de reflexionar sobre la formación y el propio ejercicio, esta vez con ojos críticos.
“Somos médicos con mirada entrenada para evaluar las condiciones de trabajo de los demás, pero no las nuestras, las de nuestra propia práctica y de los procesos peligrosos que derivan de ellas, porque hay una percepción sesgada, una mirada de cierta omnipotencia que se derrumba cuando como ahora, muere un colega y amigo”, recalca Aiello.
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Para la profesional quizá eso explica por qué su colega, pese a ser de acuerdo a lo dispuesto por las autoridades sanitarias una persona de riesgo por sus comorbilidades, siguió trabajando. “Su muerte nos llama a pensar, porque no es el único. Los cuadros de hipertensión son frecuentes en los médicos mayores de 45 años, y son muchos los que pese a eso siguen trabajando, considerándose sanos y sin riesgos”, acota.
Años de formación
“Sobre todo quienes tenemos cierta edad, aprendimos a reparar, tratar, curar y la rehabilitar, pero poco a prevenir y promover salud, sobre todo la propia”, afirma Aiello sobre el recorrido de los años de facultad, sobre todo, a quienes pasaron por allí antes del último cambio de currícula que se llevó adelante en el 2000. Y va más allá al recalcar la incidencia de la precarización que viene sufriendo desde hace ya tiempo el sector, y dice: “Eso provoca un malestar en la práctica diaria que impacta en la salud y en la familias, y provoca un desgaste inconmensurable que hoy desnuda la pandemia”.
El estrés, el burn-out, y las exigencias que todo proceso laboral impone son parte de las evaluaciones cotidianas que se hacen desde la especialidad, que además es la encargada de realizar la valoración de los daños que derivan de los accidentes de trabajo y de enfermedades profesionales. “Todo eso nos es sumamente difícil analizar en nuestra labor”, dijo la directora de la carrera.
Y además de señalar “esa paradoja”, insiste en la necesidad de rever qué sucede en las aulas y la formación de esos profesionales. “En medicina de pregrado y posgrado deberíamos en estos años haber hablado más de pluriempleo y precarización laboral y no tanto de lesiones; deberíamos repensarnos como trabajadores sufrientes, llenos de incertidumbre, temores y ansiedades, que se suman a los riesgos psicosociales de los que tanto hablamos en clase”, apunta en su carta.
Precarización desnuda
Como ya lo vienen advirtiendo, la precarización, los salarios magros, los contratos en negro, ser monotributista sin vacaciones ni licencia por enfermedad, los sistemas de guardia de 24 horas, viene haciendo mella hace tiempo en los equipos de salud, y pandemia apenas llegó para ponerlo en la agenda pública.
“Todos los médicos necesitan uno, dos y hasta tres trabajos para pagar el alquiler, porque incluso estando en blanco, un sueldo de planta de 40 mil pesos hoy no alcanza _continúa_. Y eso la medicina laboral lo viene alertando hace mucho, otra cosa es que la sociedad toda lo pueda visibilizar ahora”.
Sin embargo, es justamente el escenario de pandemia que los puso en el centro de la escena, lo que les habilita, según considera Aiello, a reposicionarse “en ese rol de trabajadores esenciales para defender una praxis más saludable”, y hacerlo “como partícipes activos de las dinámicas que se propongan en los centros laborales y ser la voz de muchos espacios que recorremos diariamente”.