Martes 27 de Diciembre de 2016
"No había tema social, de seguridad, de violencia, de juventud, de adicciones, del que el padre Montaldo no se ocupara y al que no le pusiera el cuerpo", dijo ayer el gobernador Miguel Lifschitz en la despedida del cura de Ludueña. Junto al mandatario, la intendenta Mónica Fein lo definió como "la voz de los humildes" del barrio, "una voz fuerte e importante", capaz de vincularse con la comunidad "como ningún otro" y con un mensaje "siempre de esperanza".
"A Edgardo Montaldo lo conocí hace 35 años, cuando vine por primera vez a este barrio como militante político: eran los comienzos de la democracia y él ya era toda una referencia en Ludueña, con la escuela y un trabajo social muy importante", reseñó el gobernador.
Lifschitz también mencionó sus tiempos como intendente de Rosario y recordó el papel clave que desempeñó el cura en cada "emprendimiento" impulsado por la Municipalidad en la zona. "Una pérdida importante", la de un "verdadero sacerdote del pueblo, que supo forjar una relación de fe y de solidaridad con la gente", afirmó.
Fein, a su vez, dijo haber sentido siempre a Montaldo como "la voz de los humildes", que no se quedaba "sólo en la protesta, sino que era activa", y única en su capacidad para "advertir" la complejidad de las situaciones y a la vez "transmitir una idea de esperanza".
"Creo que su obra, y no sólo la física, sino todo su legado, va a quedar para siempre en la ciudad: recordaremos al padre Edgardo cada vez que recorramos estas calles de Ludueña y muchas otras de Rosario", afirmó.
Dentro de ese legado Lifschitz incluyó el pulso de "una nueva generación de sacerdotes jóvenes con fuerte compromiso social", signo del retorno de la Iglesia al "trabajo con los humildes, que se viene afirmando a partir de la asunción del Papa Francisco".