La revancha de los oficios: por la inflación, modistas y zapateros tienen cada vez más trabajo
La indumentaria fue el rubro que más aumentos de precios sufrió en 2022. Los rosarinos hacen cola afuera de los locales para reparar prendas y calzado

Domingo 19 de Febrero de 2023

Ayelén tiene 32 años y le encanta revisar el ropero de su abuela. La última vez que buceó entre su ropa se encontró con un pantalón que usaba su abuelo cuando era joven y, permiso mediante, se lo llevó para ajustarlo a su medida. Los pantalones sastreros se convirtieron en la prenda del verano y la herencia le vino bárbaro para estar a la moda e ir a trabajar cómoda. Lo llevó a la modista, quien lo achicó de cintura y de piernas, y hoy es una de sus prendas preferidas. Cada vez son más los hombres y mujeres que, como Ayelén, eligen usar ropa de segunda mano por el valor sentimental, la calidad de las telas, el consumo responsable y, sobre todo, por el dinero que se ahorran.

El año pasado terminó con la inflación más alta de las últimas tres décadas. El de prendas de vestir y calzado fue el sector que presentó la mayor alza, con un 120,8% de incremento. La pérdida de poder adquisitivo y los altos precios de la indumentaria favorecen a modistas y zapateros. Quienes hacen tareas de oficio se ven beneficiados y los rosarinos ya hacen cola afuera de los locales para reparar sus prendas y accesorios.

“Estamos tapados de trabajo”, resume Emiliano González, uno de los empleados de El Rey del Calzado a La Capital. Actualmente son tres quienes trabajan en el comercio y ya están buscando sumar a otra persona. Reparan aproximadamente veinte pares de zapatos por día y admiten que hay días en los que reciben unos cincuenta.

El local arregla todo tipo de calzado y también carteras, mochilas y bolsos. Además, vende accesorios como plantillas, cordones y pomadas, y aerosoles para la gamuza. El oficio de zapatero se está perdiendo porque son pocos los jóvenes que eligen ese camino, pero el crecimiento en la demanda puede ser un empujón para quienes quieran animarse a aprenderlo. El flujo de trabajo “no para nunca”, sostuvieron.

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Las zapatillas están impagables. Un par de primera marca parte de los 20 mil pesos y puede llegar a alcanzar los 70 mil. Ante este escenario, cada vez son más los que prefieren arreglar las que ya tienen y seguir usándolas. El crecimiento en la cantidad de clientes se sintió con fuerza después de la pandemia y los comerciantes creen que esto se debe a la crisis económica que no da tregua.

Silvia Mazzaro es modista desde hace más de 35 años. Hace 25 que trabaja en un local del subsuelo de la galería La Favorita y bromea con que “la pandemia le solucionó la vida”. Además del alza en los precios de la ropa, asegura que la partida de Falabella también contribuyó en el movimiento de su negocio.

La mujer contó a este medio que no solo está confeccionando más prendas, sino que también realiza arreglos en aquellas que ya tienen cierto uso. Son muchas las personas, sobre todo mujeres, que revuelven los roperos de sus madres y abuelas y llevan blusas, pantalones y sacos a refaccionar. “La calidad de las telas, la confección, todo es otra cosa”, señaló. También están los que adquieren prendas de segunda mano en ferias de la zona, como El Roperito de Pichincha. Se combinan los bolsillos flacos y también la búsqueda de sustentabilidad y consumo consciente.

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El local de Silvia recibe en promedio unos siete clientes por día. Jeans, sacos y camperas son las prendas que más repara. Además, sostuvo que quienes antes descartaban la ropa cuando se le rompía, hoy eligen llevarla a arreglar para seguir usándola.

Enero suele ser un mes flojo para las modistas, sin embargo este año la demanda se sintió con fuerza. “Hice muchos arreglos para gente que se estaba por ir de vacaciones”, relató María Guirao, otra modista de la galería. Coincide con su colega con que pospandemia el trabajo aumentó muchísimo y espera que el trabajo se sostenga durante todo el año.

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La mujer precisó que los varones también se acercan a refaccionar su ropa. Son muchos los que llevan camperas, jeans y también pantalones largos para hacerlos bermudas.

En los barrios el panorama es similar. Zapateros y modistas reciben cada vez más clientes. Trabajan con precios accesibles y no tienen comparación con las elevadas sumas que piden los locales del centro o los shoppings por prendas y calzado a estrenar.

Precios congelados

Ante las altas subas en el rubro, el gobierno nacional acordó en septiembre con los principales empresarios textiles congelar los precios de la ropa y el calzado por 180 días, pacto que luego se extendió hasta fines de febrero.

En diciembre, el ministro de Economía Sergio Massa destacó "el nivel de cumplimiento del acuerdo alcanzado en septiembre" y resaltó que éste se verificó en el índice de precios al consumidor de noviembre, cuando "por primera vez el rubro se mantuvo por debajo de la inflación".

Este acuerdo forma parte de las acciones impulsadas por el Ministerio de Economía con distintos actores de la industria y la producción “para generar condiciones que consoliden un ordenamiento de precios y la recuperación y estabilización de la economía y el mercado”. En ese sentido, la Secretaría de Comercio ya celebró acuerdos con distintos sectores como es el caso de la industria farmacéutica, alimenticia y de calzado deportivo para establecer pautas de aumento consensuadas.

Hasta que los precios bajen, o los sueldos acompañen, cada vez serán más los que no puedan acceder a comprar indumentaria nueva y deban ingeniárselas con lo que hay en el placard.