María Gabriela Irrazábal es doctora en ciencias sociales y analiza el crecimiento de las agrupaciones que encuentran su leitmotiv en el rechazo a la legalización del aborto
Miércoles 28 de Mayo de 2025
Si bien las organizaciones que se oponen al aborto legal saltaron al espacio público a partir de 2018, cuando la Legislatura argentina discutió por primera vez el proyecto de legalización, la historia de estos grupos viene de lejos. María Gabriela Irrazábal es doctora en ciencias sociales, especializada en sociología de la religión, y desde hace por lo menos una década viene siguiendo los pasos de las agrupaciones a las que describe como referentes de un “activismo religioso conservador” que muchas veces trasciende la problemática del aborto para cuestionar en un sentido más amplio la educación sexual y la planificación familiar. Y asegura que, claramente, estas agrupaciones se vieron favorecidas por la llegada de Javier Milei a la presidencia.
A través de los años, asegura la investigadora del Conicet, estos pequeños grupos activistas, generalmente vinculados a la Iglesia Católica, se transformaron en organizaciones "que acceden a financiamiento, nacional e internacional, poseen una red de asistencia para mujeres y se mueven con soltura en la academia y en los estrados judiciales", donde basan parte de sus estrategias para limitar el acceso a la interrupción del embarazo.
-¿Estos movimientos que irrumpieron en el espacio público en 2018, se formaron también ese año?
_Son claramente anteriores. En general, tenés dos líneas que explican el origen de estos movimientos. Hay una que los vincula directamente con el caso Roe versus Wade. Una de las líneas historiográficas propone que a partir de este momento empezaron a surgir las llamadas marchas por la vida en Estados Unidos y se difundieron a nivel internacional. Pero otra, los vincula con los movimientos laicales de la década del 30 de la iglesia católica, que no sólo se pronunciaban en contra del aborto sino también de las esterilizaciones forzadas de mujeres, por ejemplo.
-¿En ambos casos, con un profundo vínculo con el catolicismo?
-Son grupos religiosos. El leitmotiv es evangelizar, llevar su mensaje. En el marco de esas convicciones religiosas, esos grupos que podemos llamar como activismo religioso conservador, no sólo se manifiestan en el espacio público a través de las marchas por la vida o las marchas de los escarpines. Tienen también una estrategia internacional de litigio, van haciendo presentaciones penales y allanamientos en las clínicas o a los médicos que practican abortos. En Argentina, lo venían haciendo desde que los centros de salud públicos empezaron a prescribir la píldora del día después, por ejemplo, que fue uno de los primeros casos que se judicializó en el país.
-Su militancia en cierto sentido trasciende la iglesia…
-Se las suele nombrar como agrupaciones de activismo religioso conservador o se las puede pensar como una oenegeización de lo religioso. Pero, en lugar de estar en el marco de la estructura eclesial, estos grupos salen del marco de esa estructura del ámbito de lo ritual de la parroquia para posicionarse en el sector de las ONG que son un fenómeno que se fue dando en forma bastante similar en diferentes países de América latina.
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Una radicalización performativa
Para Irrazábal, en los últimos años estos grupos se radicalizaron. “Yo los divido en dos: están los más científicos, que son los que se forman en bioética, se especializan como expertos e integran los comités de bioética. A partir de tener un doctorado o un posdoctorado, las máximas credenciales de la trayectoria académica, pueden incidir en las políticas públicas a nivel nacional como asesores parlamentarios, expertos judiciales, consultores a nivel de hospital en comité de ética y, en general, como docentes de las facultades de medicina en las cátedras de ética médica".
-De hecho, son los que se presentaron en la Legislatura durante el debate de la legalización...
-Es que, a partir de ahí, tienen todo un bagaje, un espacio donde se puede trabajar. Los círculos de bioética, yo las llamo comunidades religiosas epistémicas porque son comunidades de alta formación religiosa y altas credenciales científicas y son personas que se forman en esas tradiciones.
-¿No son los mismos que organizaban las marchas afuera del Congreso?
-Esos son otros grupos, autodenominados provida, y son los que ves en el espacio público. No tienen tanta incidencia, tienen más espectacularidad, una performatividad más teatral. Pero el efecto que tienen, no sé si es tan grande como los otros que están tras bambalinas que son los expertos en bioética, los expertos judiciales, que son los que hacen el litigio estratégico. Ese es otro marco de actores.
-¿Cómo es el vínculo entre ellos?
-Te contesto con un ejemplo concreto. Cuando empecé a estudiar este tema, hace muchísimo, estuve en Buenos Aires cuando empezaron a hacer consultas por la ley de educación sexual. Era 2004 y ahí empezaron a agitar estas modalidades mucho más visibles que antes. En esa época también empezaron las marchas de los escarpines y la marcha por la vida en Buenos Aires. En el 2008 se empezaba a debatir el protocolo de aborto en la Legislatura porteña y fui a hacer una observación al parlamento de la ciudad. El debate lo presidía Diana Maffia. Y era una discusión parlamentaria, los expertos explicaban ante los diputados sus posturas, a favor o en contra. Había expertos en bioética católica, sí, y exponían como cualquier académico. De repente un señor tomó la palabra, que también estaba de saco y corbata, y abrió como un maletín y sacó un bebé de juguete, un nenuco, se lo revoleó a Maffia y le dijo “usted es una asesina”. A partir de ahí como que entraron en trance y empezaron a rezar.
-¿Siguió el debate, después de eso?
-No, claro que no. Los expertos en bioética se querían morir, era como que cuestionaban la acción. Era como si dijeran: estudiamos tantas carreras universitarias, venimos a exponer nuestros argumentos en el espacio público en forma deliberativa y esta gente viene a revolear bebés. Hay una tensión ahí. Por eso, para mí, son más efectivos los que están entre bambalinas que los que hacen esas acciones performativas. Incluso, creo que son un problema para la institución religiosa. Por eso, están por fuera de las instituciones y se presentan como una ONG.
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-¿Cómo ves las relaciones con estos grupos en relación con el poder tras la llegada de Milei a la presidencia?
-Es un momento muy triste para la sociedad en general. La asunción de Milei a la presidencia los favoreció. Sinceramente no sé, no lo he estudiado, pero sospecho que estarán financiados ahora. No tengo forma de rastrearlo. Además del apoyo político y la legitimidad política para hacer cualquier cosa, como tienen fundaciones con personerías jurídicas es probable que puedan acceder a algún tipo de financiación.