La ciencia, también en crisis: de investigadora del Conicet a cubrir reemplazos administrativos para subsistir

Marilín López Fittipaldi es doctorada en Antropología y hace nueve meses perdió su vínculo con el instituto científico. Para vivir en el día a día, tuvo que buscar trabajo en una firma privada, lejos de su formación académica

Lunes 11 de Mayo de 2026

La crisis del sector universitario no se contempla solo en aulas sin insumos o salarios docentes por el piso, también repercute en la ciencia e investigación de Argentina. En los últimos 30 meses, los recortes en el Conicet ponen en jaque decenas de estudios y también proyectos de vida, como el de Marilín López Fittipaldi, doctorada en Antropología que tuvo que buscar un segundo trabajo lejos de la actividad académica.

López Fittipaldi es licenciada en Antropología por la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y doctorada en la Universidad Nacional de Buenos Aires (UBA). Entre 2016 y 2025, fue investigadora en el Conicet, especialmente en Centro de Estudios Antropológicos en Contextos Urbanos (Ceacu), dependiente de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR. Su experiencia y formación no le fueron suficientes para escaparle a la motosierra del presidente Javier Milei. En este marco, el sector de la ciencia y la educación superior realizarán este martes la 4ª marcha federal universitaria en reclamo de la inmediata implementación de la ley de financiamiento universitario.

El 1º de septiembre de 2025 terminó su vínculo con el Conicet de Rosario. Dos días antes, recibió la noticia de que si bien había alcanzado los objetivos y tenía el expertise para continuar, los cupos eran limitados. Sólo dos investigadores en todo el país de entre las 400 vacantes para todos los científicos argentinos. “Fue todo bastante brusco", reconoció López Fittipaldi a La Capital.

Un laburo a medias

Los investigadores del Conicet deben afrontar las evaluaciones para ser elegidos y aunque existe la posibilidad de no lograr aprobar el proyecto, “a partir de los recortes presupuestarios, se achicaron muchísimo las plazas disponibles. Y, además, las convocatorias ya no suceden todos los años”, contó la investigadora. En su asignatura, quienes perdieron el vínculo en 2025 deben esperar hasta 2027 para intentar ser una de las 320 personas en ingresar una vez más el instituto especializado en investigación argentina (80 menos que el año pasado).

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Los años de formación y títulos obtenidos son bastardeados ante la falta de presupuesto para dar clases, para una calidad educativa de nivel o para generar conocimiento científico desde la tierra de uno. En el mientras tanto, las cuentas y el día a día no dan tregua y subsistir se vuelve imperioso. La Capital dialogó mano a mano con López Fittipaldi, una de las tantas historias que se reproducen entre investigadores, docentes y no docentes universitarios.

Antropologa UNR 8.5 LV (1)

-En agosto del año pasado se terminó tu relación con el Conicet y estamos en mayo ¿Cómo hiciste para para subsistir?

Soy docente en la carrera de Antropología, tengo un cargo de JTP (Jefa de Trabajos Prácticos) Simple. Y aunque siga teniendo inserción laboral, paso por el mismo recorte que atraviesa la ciencia y la universidad. Los salarios están demasiado bajos, de ninguna manera puede ser un sostenimiento.

Empecé a buscar otras alternativas. Ahora estoy haciendo reemplazos como administrativa en una empresa: me llaman cuando necesitan cubrir la vacantes o tareas puntuales. Esta semana trabajé, después no sé si me vuelven a llamar, y así. Voy cubriendo baches. También tengo contrataciones para seminarios puntuales. Entonces, me convocan para dar un seminario, yo sé que el mes que viene doy eso. Empieza, termina y quedo desvinculada. Es toda una situación de mucha inestabilidad.

Antropóloga en higiene y seguridad

-¿Y la empresa donde trabajás no tiene nada que ver con la antropología y tu formación?

No, para nada. Es una empresa de higiene y seguridad. Como siempre tuve que trabajar mientras era estudiante de grado tengo cierta experiencia en esas tareas. Una persona que me conocía, que sabía de la situación que estaba atravesando me contactó.

Cubro puestos variables, desde data entry hasta atención al público, admisión de pacientes que se van a hacer exámenes preocupacionales, facturación o cobranzas. Todo lo que lo que se hace en la empresa. Me han ido corriendo por distintos puestos a medida que me necesitan.

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Por otro lado, es una situación muy particular la que tenemos las personas que estamos en mi condición. Necesitamos trabajar de otras cosas para mantenernos de algún modo, pero para seguir vinculados al sistema y seguir intentando volver no podemos salir a buscar un trabajo de 40 horas semanales, porque no te permitiría seguir investigando. Entonces, necesitamos estos trabajos así, con baja cantidad de horas y que no alcanzan para subsistir pero que nos permiten dedicar tiempo de nuestro día a nuestra profesión. Bajo esa condición, me ofrecieron esta alternativa que se ajustaba a lo que yo podía hacer.

-¿Y eso qué te genera?

Primero, es mucha frustración, porque la carrera científica es tiempo, es mucho dinero que invertimos en nuestros ingresos, en este caso como becarias, pero que invertimos para poder seguir formándonos. Es dedicación de energía, de pasión, son un montón de cuestiones que uno le quita al resto de la vida, y que las coloca ahí por gusto y por pasión. Cuando esa oportunidad se cierra, sobre todo en las condiciones del muy brutal el recorte, el panorama es super angustiante porque no hay esta posibilidad de proyectar.

También va lastimando las redes con las que cada una cuenta. Es decir, vínculos afectivos personales y de trabajo, porque la carrera de investigación tiene muchísimo trabajo colectivo. Todos nos insertamos en equipos de trabajo que se dañan con nuestras partidas o partidas parciales, porque si bien yo sigo trabajando, el tiempo que le puedo dedicar ahora es muchísimo menos. Los recursos que puedo dedicar son menos, porque si hay un congreso, ahora no lo puedo pagar. Todo eso también daña a los equipos en los que trabajamos.

Más allá de lo que afecta la vida singular de cada uno, es mucho más amplio el daño que se produce.

Antropologa UNR 8.5 LV (2)

La importancia de la antropología

-¿En qué te especializas en antropología?

Me especializo en el área de educación. Trabajé siempre en nivel secundario de la educación común y en la educación de jóvenes y adultos. También en educación en el contexto del movimiento social, o sea, con iniciativas educativas creadas por organizaciones sociales.

-Si alguien que te debate y te dice para qué sirve la antropología, ¿qué le responderías?

Desde el campo en el que yo trabajo, permite conocer los cotidianos sociales del campo educativo, y desde ahí pensar en políticas, intervenciones estatales para fortalecer la educación en general, en particular con ciertos conjuntos sociales con los que trabajamos, que son los que nos necesitan. Los jóvenes y adultos son poblaciones que tuvieron vulnerados su derecho a estudiar para completar la secundaria, y hoy se reinsertan.

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Son ámbitos que necesitan mucho esfuerzo del estado para sostenerlos, y conocerlos desde las vidas cotidianas aportan muchísimo conocimiento para para esa formulación, en este caso, política.

Ahora, más allá de lo de lo práctico del inmediato, todas las ciencias sociales producen conocimiento crítico de la de la sociedad en la que vivimos, y eso nos ayuda a pensarnos y a pensar hacia dónde vamos, que eso sea queremos construir. Es irremplazable la construcción del conocimiento sobre la sociedad en la que vivimos.