La cara luminosa de la luna: la historia de la recuperación del telescopio de la Biblioteca Vigil

Socios, docentes y estudiantes de la UNR rescataron el observatorio de barrio Tablada. Hace dos semanas pudieron tomar las primeras fotos de la luna

Martes 03 de Septiembre de 2024

Cuando a Carlos Silva le llegó la invitación para recuperar el telescopio de la Biblioteca Vigil no lo dudó. De adolescente, había pasado muchos atardeceres en el observatorio de barrio Tablada, todavía no había decidido que estudiaría física ni que sería docente de la facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de Rosario, pero algo de eso estaba dando vueltas. Aún así, cuando en mayo pasado subió por primera vez los ocho pisos del edificio de Alem y Gaboto y vio el estado de abandono del lugar supo que solo no podría. Armó un equipo de socios de la biblioteca y estudiantes y docentes universitarios que en forma voluntaria limpiaron, desarmaron, repararon y armaron tanto las instalaciones como los equipos del observatorio. Valió la pena: hace quince días pudieron tomar las primeras imágenes de la luna y aún van por más.

El Observatorio Astronómico de la Biblioteca Vigil no fue ajeno a la suerte que corrió toda la institución durante la última dictadura militar, después de que el 10 de mayo de 1977 seis miembros de la Comisión Directiva fueron secuestrados y conducidos en un camión del ejército a Jefatura de Policía de Rosario. Al resto le prohibieron el ingreso al edificio de barrio Tablada y la institución quedó intervenida y saqueada.

Ya en democracia, un grupo del Observatorio Astronómico de Funes quiso recuperar el telescopio. Pero no lograban que el aparato hiciera foco por lo que decidieron desarmar el equipo y se encontraron con que la lente había sido reemplazada por un vidrio común, ya que la original había sido robada.

Tuvieron que pasar muchos años más, para que el observatorio pudiera volver a poblarse.

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Reponerse al saqueo

La recuperación del observatorio astronómico es uno de los objetivos que con el inicio de este año se puso la comisión directiva de la Biblioteca Vigil. "La idea es no solo reactivar un espacio que fue avasallado, robado y saqueado durante la última dictadura, sino también devolver a la ciudad un espacio de ciencia y cultura", recuerda Florencia Lezcano, docente e integrante de la comisión directiva de la biblioteca.

Entonces se puso en marcha una exigente cadena de favores. Y se creó el grupo que durante cinco meses trabajó por puro amor por el proyecto. "La Biblioteca Vigil fue recientemente recuperada por sus socias y socios, que queremos reivindicarla como un sitio de memoria y un espacio de cultura para toda la ciudad", apunta Lezcano.

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Y si bien asegura que en el grupo son "conscientes de lo ambicioso del proyecto", también señala que parte de este espíritu es lo que permitió crecer a la biblioteca en la década del 70. "La Vigil fue posible por la participación activa de las vecinas y vecinos del barrio, por el esfuerzo de familias de trabajadores", recuerda.

A través de conocidos, Lezcano contactó a Silva para sumarlo a la propuesta. Y Silva entusiasmó a sus estudiantes de la licenciatura en Física y sus estudiantes contactaron a otros docentes y estudiantes de ingeniería mecánica. Y fue así como el grupo de unas quince personas, en mayo pasado, visitaron por primera vez el observatorio de La Vigil.

Un telescopio abandonado

El observatorio de La Vigil está ubicado en el edificio de líneas rectas y siete pisos que se levanta en Alem y Gaboto, una construcción rara en pleno barrio Tablada. La cúpula, una media esfera que se levanta sobre la terraza como una naranja, no solo se abre en gajos para permitir las observaciones sino también tiene un mecanismo que gira 360 grados para acomodarse en los cuatro puntos cardinales. Pero la cúpula ya no abría ni giraba, las conexiones eléctricas no funcionaban.

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Del telescopio no existía mucha información al comienzo del trabajo, la documentación del artefacto fue destruida durante los largos años de la dictadura, lo mismo que los laboratorios de taxidermia o los miles de libros de la biblioteca.

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Alguien recordaba que era un telescopio que se había adquirido en Alemania en 1957, había arribado al país un año después y recién se había instalado en sobre fines de los 60, cuando se concluyó la construcción del observatorio. Uno de los ejes del telescopio no se podía mover, estaba completamente frenado por el óxido.

Una de las lentes principales, de 150 milímetros de diámetro y con una distancia focal de 1.700 milímetros era un sustituto del original robado y también faltaban todas las lentes oculares intercambiables, donde el observador acerca su ojo. Había mucho trabajo para hacer.

Como llegar a la luna

"Lo primero que pensé cuando vi el estado en que se encontraba el observatorio fue que tenía que formar un equipo de trabajo", recuerda Silva. Unas semanas después, el docente de física llegó con unas quince personas y se repartieron las taras. "Lisandro Duri y Eugenio Fernández Marique se pusieron a trabajar con la apertura de la cúpula, otra parte del grupo entre los que estábamos Mateo Rios, Ana Olivares y yo, nos pusimos a desarmar los componentes del telescopio para ver si podíamos destrabar el freno y limpiar las lentes que, por el paso de los años, acumulaban tierra y grasa".

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La otra tarea fue hallar a los fabricantes del telescopio o planos de sus partes. Había dos obstáculos: la empresa, casa Zeiss, había sido adquirida por Soni, que ya no fabrica telescopios. Pero además, después de la Segunda Guerra Mundial, la firma se había partido en dos. Una siguió produciendo en Alemania del este, la otra en Alemania Oriental y los modelos de telescopios que construían tenían diferencias entre sí.

"Fue un trabajo muy artesanal y, por momentos, lo hacíamos un poco a ciegas. A medida que íbamos desarmando revisábamos como funcionaba cada pieza. Pero eran muchos engranajes y mecanismos", cuenta Silva.

El trabajo valió la pena. Hace quince días, pudieron tomar las primeras fotografías de la Luna. "Fue un momento muy emotivo. Éramos diez en la cúpula, habíamos estado trabajando desde las dos de la tarde y ya eran las siete y alguien propuso: armemóslo y vamos a ver qué pasa. Pusimos unos oculares que había llevado ahí, y cuando empezamos a observar y vimos que ahí estaba la luna, sus cráteres, fue muy emotivo. Todos querían pasar, incluso una escuela que venía de visita", recuerda.

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Volver al futuro

Según lo que pudo reconstruir el equipo, el telescopio de La Vigil se usaba originalmente para observar el Sol. El equipo tiene una estructura formada por espejos que permiten sucesivas refacciones de la luz, lo que resulta óptimo para observaciones solares. Una actividad necesaria porque en ese momento no había observatorios solares en órbita.

Los registros de La Vigil se reportaban al Observatorio de Física Cósmica de San Miguel, también actualmente desaparecido. El observatorio astronómico producía un boletín mensual que se distribuía a Uruguay, Chile e Italia. Además se desarrollaban cursos de astronomía general, astronomía de posición y astrofísica.

"Hoy ya tenemos un telescopio con su parte mecánica funcionando bien. Todavía falta algo en la parte eléctrica, porque algunos cableados hay que hacerlos de vuelta", apunta. Ahora la idea es poder recuperar la función pedagógica del observatorio, abrirlo a visitas educativas y hacer observaciones.

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El docente de la UNR explica que "hoy en día hay trabajos astronómicos que se pueden hacer con equipos modestos en una ciudad, por ejemplo, la observación de estrellas variables o el seguimiento de cometas y asteroides. Esa tarea es importante hacerla desde diferentes lugares del mundo para conocer correctamente su trayectoria. Es un trabajo que hay que aprender a hacer con precisión, para poder formar parte de una red de observatorios que se dedican a estos temas. Es un objetivo que podríamos tener, entre otras cosas", se entusiasma aunque destaca que el primer gran paso está dado. "Recuperar un observatorio para el barrio, que cruzando 27 de febrero exista una institución como esta, con esta cúpula es muy significativo, es dar acceso al barrio al conocimiento científico", apunta.

Empezar de nuevo

Roberto Frutos es presidente de la comisión directiva de la Biblioteca Vigil y se entusiasma cuando habla de la recuperación del telescopio. "Es como retomar todo el trabajo que formó parte de la política cultural y educativa de Vigil en un contexto particular, que es el de los años 60 donde el tema geopolítico de la Guerra Fría y la disputa en el espacio de esos conflictos hacía de gran interés todo lo que fuera la exploración del espacio. En ese contexto, la biblioteca decide un observatorio y empezar a desarrollar un programa tanto educativo como de investigación en torno a la astronomía".

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Pero no solo eso, apunta, "lo abría a los sectores populares, a los más necesitados, los sectores más vulnerables, de forma gratuita y facilitando el acceso a actividades a las cuales los sectores populares no accedían. Y en ese empeño ponía lo mejor que tenía a su disposición".

Al fin de cuentas, el observatorio fue eso. "Permitirle al barrio, a las escuelas del barrio, a los socios, la mayoría, la gran mayoría proveniente de los sectores populares, no solo de Tablada y Villa Manuelita, sino del resto de la ciudad, la posibilidad de conocer y desarrollar conocimiento y observaciones de carácter astronómico", define.

"Por eso hoy recuperarlo tiene una significativa. En varios sentidos. Para nosotros un ejemplo de lo que siempre decimos que en Vigil ocurrió un genocidio cultural a partir de febrero del 77. Lo mismo ocurrió en otras áreas como la Universidad Popular, especialmente en el área de las escuelas de arte y de música, donde se destruyó absolutamente todo y se robó todo lo que se pudo".

Ahora hay que empezar de nuevo. Por ahí pasa el camino.