Domingo 03 de Octubre de 2021
El juez penal de Rosario y docente universitario, Carlos Carbone, de 64 años, murió ayer por una falla coronaria. Se desempeñó durante más de 42 años en la Justicia provincial, donde había ingresado como empleado. Fue juez de Instrucción y ascendió a camarista en 2004. Era titular de la cátedra de derecho procesal penal de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
Sus allegados contaron que había sufrido en el último mes episodios de desvanecimiento de origen cardiovascular, por los que fue sometido a estudios. Ayer al mediodía, se descompensó y falleció.
Los colegas lo recordaron como una persona de despliegue físico e intelectual infatigable. Escribió libros y artículos de su materia, participaba en congresos, dictaba clases y jugaba al fútbol con amigos.
Entre los casos más recordados que investigó figuran el fraude IBM-Banco de Santa Fe y el homicidio de Sandra Cabrera, donde procesó como autor material al policía federal Diego Parvluczyk, bajo la convicción de que había sido el responsable, pese a que la Cámara Penal revocó su decisión.
Fue parte del tribunal que revisó la sentencia que condenó al gasista Carlos García por la explosión de calle Salta 2141.
Fue un hombre de trato frecuente y llano con los periodistas, generoso a la hora de compartir sus conocimientos. En una nota que concedió a La Capital en 2011 repasó su vida y pasiones más allá del derecho.
Derecho y música, sus pasiones
En ese momento confesó que los casos “IBM-Banco de Santa Fe” y de Sandra Cabrera “se quedaron un poco” con su salud. Abrió la puerta de su casa, donde se escuchaba de fondo la voz de Bon Scott, el primer cantante de AC/DC y así transcurrió la charla: entre rock y anécdotas.
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“En mi juventud la dicotomía era música progresiva o comercial. Yo estaba con Zeppelin, Creedence, Jethro Tull, Pink Floyd, Jimi Hendrix, Beatles y Who. Y en Derecho, escuela solidarista o procesal”. Reconoció haber visto siete veces el documental del Festival de Woodstock.
Contó que en el Tribunal no se sentía un bicho raro, porque compartía sus gustos musicales con el colega y “amigo” Javier Beltramone. “Los empleados me cierran la puerta del despacho porque escucho música mientras trabajo”, relató.
Su primer recital fue La Biblia de Vox Dei en el El Círculo. “El mejor disco nacional”, valoró. “Un día estaba trabajando y escuché que estaba Pappo en Rosario en un festival del Día de la Primavera. Me saqué la corbata y avisé: «ya vuelvo», y me fui a verlo. La música me pone pilas, me ayuda a liberar tensiones”.