Exhortan a usar más y mejor las sillas infantiles en traslados vehiculares
A los controles en rutas se sumarán los urbanos y una ONG propone butacas en taxis y colectivos. Los siniestros viales son la principal causa de muerte en chicos hasta 15 años

Domingo 13 de Marzo de 2022

En especial a partir del inicio del ciclo lectivo, los menores de 12 años volvieron a transitar masivamente y a diario por la ciudad. Sin embargo, todavía abunda el desconocimiento de los requisitos para trasladarlos en vehículos y la subestimación del riesgo por parte de los adultos, incluso de los propios padres de los niños, quienes, a su vez, carecen de autonomía para moverse o decidir en qué condiciones hacerlo. Según la Agencia Nacional de Seguridad Vial, siete de cada diez chicos no viajan de manera segura y los siniestros viales son la principal causa de muerte en la franja de cero a 15 años (se la considera una enfermedad no transmisible y evitable), cuando un Sistema de Retención Infantil (SRI) –coloquialmente conocido como sillita– reduce las muertes entre un 50 y un 70 por ciento.

Quien aporta estos datos es Celina Ruiz, jefa de comunicación de la Agencia Provincial de Seguridad Vial (APSV) y representante santafesina ante el Programa Federal de Movilidad Infantil Segura. “Un choque a 40 kilómetros por hora, una velocidad baja en zona urbana, en el que el niño salga despedido por no estar sujeto, equivale a caer de un cuarto piso. Si un padre viera a su hijo caminar por una cornisa a esa altura se atemorizaría, pero viaja con los chicos adelante o sin protección porque no percibe la gravedad y el riesgo”, grafica la experta. Por otro lado, “se recomienda no viajar con chicos en moto, recién a partir de los 12 años pueden hacerlo y con casco”.

En 2021 la APSV implementó puntos de información en rutas para vincularse con los adultos en el momento mismo del traslado y corregir las falencias desde una perspectiva de cuidado, no sancionatoria”, explica Ruiz. “Notamos una gran desinformación: hemos dado vuelta sillitas que deben ir a contramarcha (en menores de dos años), pasamos al asiento trasero a niños que iban adelante en la falda de la mamá. Este verano hicimos operativos en contexto de vacaciones y durante el año los ampliaremos también en ámbitos urbanos, indagando en las prácticas y fundamentaciones de los adultos”, agrega y da cuenta de esos discursos, ya que muchas veces los conductores admiten no saber y otras vierten justificaciones como: “Estoy apurado”; “No tuve tiempo de ponerle el arnés”; “Voy hasta acá nomás”; “La sillita es muy cara”; “¿Viste lo que dice la señora? Tenés que ir sentado atrás”; “Al nene no le gusta la sillita, está incómodo”.

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“En general los trayectos cortos no se visualizan como peligrosos. Cuando se alega el factor económico al mismo tiempo se naturalizan los costos de mantenimiento del auto u otros gastos o inversiones”, analiza Ruiz y recuerda que llevar a un niño mal retenido en un vehículo implica una infracción, pero sobre todo tiene consecuencias (lesiones, discapacidades, muerte) de producirse un choque. “Si entendemos que el niño con un dispositivo adecuado tiene una seguridad que puede llegar hasta el 90 por ciento en un siniestro y de no tenerlo se reducen a muy pocas las posibilidades de sobrevida, el costo-beneficio de la compra no es un argumento. El costo de un SRI que cubre la vida completa del menor porque puede adaptarse –pagado en cuotas– es inferior a un cuarto de tanque de nafta mensual por un año”, sintetiza en esa línea un informe de la APSV.

En tanto desde la Asociación civil Compromiso Vial decidieron directamente convocar a la población en forma periódica para asesorar sobre el uso de las sillas infantiles (a los “Puntos de chequeo” mucha gente se acerca a consultar no solo por los sistemas más recomendables, sino si los que tienen resultan adecuados o los están colocando de manera correcta). La ONG además presentó un proyecto de ordenanza en el Concejo Municipal para que se utilice el SRI en el servicio público de taxi y colectivos, amén de los coches particulares. “Es un tema poco visible, ni siquiera se contempla como una de las cosas que un bebé necesita al nacer. Por eso lo estamos trabajando con puericultoras y pediatras”, cuenta Luciana Pereira, miembro de la comisión directiva de Compromiso Vial, instructora de conductores y madre de tres niños.

Seguiremos con los Puntos de chequeo este año y nos gustaría tener más que en 2021, llevarlos a la mayoría de los barrios, para lo que necesitamos apoyos porque nuestro trabajo es voluntario. El objetivo es llegar a la mayor cantidad de vecinos”, detalla. En los encuentros en espacios públicos detectaron que, a pesar de inversiones importantes realizadas por las familias en los dispositivos luego hay errores de instalación o incompatibilidad con el auto, por lo que al final el niño no viaja seguro. También es muy común que estos implementos recirculen o se compren usados y en ese caso Pereira recuerda la necesidad de conocer la procedencia y la antigûedad de la sillita ya que ésta tiene fecha de vencimiento y por otro lado si participó de algún siniestro, al igual que los cascos que se golpean, debe descartarse.

Otras problemáticas comunes relacionadas con los SRI son su ubicación en el auto (el lugar más seguro es el centro, luego atrás del acompañante y por último atrás del conductor), si está en armonía con el peso y la altura del niño y si todos los miembros de la familia o encargados de las tareas de cuidado conocen cómo mover o ajustar la butaca. “No siempre lo más caro es lo más seguro. Nosotras estamos dispuestas a colaborar con información útil, nos pueden contactar por redes sociales”, dice en plural y en femenino ya que todas las integrantes de Compromiso Vial son mujeres y abordan la problemática del tránsito con perspectiva de género. “Como instructora de conductores encuentro con muchas mujeres que, si bien saben manejar y tienen licencia, toman clases para asegurarse de que su conducta sea la mejor porque deben llevar a sus hijos al colegio. Esa preocupación se ve más reflejada que en los hombres”, revela Pereira.

“Nuestros niños son lo más preciado, entonces debemos esforzarnos por buscar su bienestar no solo en la cuna más segura o en la mamadera con mejor tetina. También en la seguridad a la hora de transportarlos, ya que los siniestros viales son otra pandemia que estamos atravesando. Si nosotros usamos el cinturón de seguridad ya hacemos un cambio porque los niños copian nuestras conductas. El objetivo es que más niños viajen seguros”, concluye la activista. De los adultos depende.

Los tipos y precios de las butacas varían según la edad de los niños

Ingeniera industrial, especialista en Sistemas de Retención Infantil (SRI) y titular del negocio “Mi mamá se mima”, que comercializa estos entre otros artículos para bebés y niños, Maia Kleier explica que existen diferentes grupos de dispositivos para los traslados de las infancias. El conocido coloquialmente como "huevito" cuesta entre 14 y 50 mil pesos; las butacas convertibles, que van de recién nacido hasta el límite de uso del SRI, es decir 12 años, tienen un rango de precios entre 22 y 100 mil pesos; el tercer grupo son las butacas evolutivas (también hasta 12 años), con modelos de 14 a 60 mil; y por último la silla elevadora sin respaldo o "booster", entre tres y 10 mil pesos. “Nuestros clientes normalmente son los papás y mamás, que vienen desde el embarazo para asesorarse en la compra de un coche y un huevito o butaca. También tenemos muchos abuelos que cada vez se interiorizan más y quieren comprar una buena butaca, no una secundaria, para garantizar un traslado seguro”, comenta.

Desde que el bebé sale de la maternidad necesita un lugar donde trasladarse si va a hacerlo en un vehículo, además es obligatorio por ley nacional y ordenanza municipal. “Debe ir a contramarcha el mayor tiempo posible, mínimo dos años aunque lo ideal son cuatro. Luego esa butaca se invierte y se pone hacia adelante, a favor de la marcha. A los seis años pasa al "booster" elevador, si es con respaldo mejor por si el niño se duerme y se sale de las vías del cinturón de seguridad”, dice Kleier.

La especialista agrega que la idea es agotar las posibilidades que permite cada grupo, no apurarse por pasar a la silla elevadora sino recién cuando el niño tenga 1,10 metros de altura y 18 kilos. “En Rosario la obligatoriedad arrancó en 2016, la ordenanza dice que todo niño hasta 1,50 de altura debe ir en un SRI y hasta los 10 años en el asiento trasero. Y que el sistema de retención debe estar homologado, es decir cumplir con los requisitos de calidad estipulados en las normas de Estados Unidos, la Unión Europea, Australia y Nueva Zelanda o Brasil (también está incluida la Iram de Argentina, pero en la actualidad ninguna butaca está homologada en el país)”, detalla. Si bien en el territorio nacional hay dos fábricas de sillitas, como no tienen homologación el mercado se mueve en su abrumadora mayoría con productos importados.