Se mudó hace un mes a la zona de Cholila y trabaja junto a los vecinos para apagar las llamas. Impulsan una colecta para comprar materiales y ayudar a los bomberos
Sábado 31 de Enero de 2026
El paisaje de la Patagonia en Chubut pasó de estar coloreado por lengas, coihues y cipreses a sumergirse en un denso gris, con un suelo ennegrecido, y con un paisaje infernal que tiene a los vecinos de la zona de Cholila, a unos 40 kilómetros del Parque Nacional Los Alerces, trabajando sin descanso junto a los bomberos para apagar los incendios que afectan a la región desde hace casi dos meses.
Chubut no dejó de arder desde que arrancó el verano. Cifras extraoficiales aportadas por Greenpeace Argentina calculan en 46 mil las hectáreas afectadas por el fuego, que arrasó bosques nativos, viviendas y hasta áreas protegidas, como el parque nacional en cuestión.
La ecoaldea "Tierra amada" está situada a unos 10 kilómetros de la localidad de Cholila, hoy en agenda nacional por los incendios que se reactivaron en la Patagonia. Esa zona está en el medio de los dos frentes de incendios más grandes: el que se desató en el Parque Nacional Los Alerces y el que se desarrolla en la zona de la Comarca Andina (conformada por El Hoyo, Epuyén, Lago Puelo y El Bolsón).
Agustín Galfione y su esposa, oriunda de la ciudad de Santa Fe, se mudaron hace un mes a Tierra amada para cambiar de vida, luego de tener a su beba, que hoy tiene siete meses, en la capital provincial. Pero desde que llegaron, la realidad lo encuentra a él haciéndole frente al fuego junto a sus vecinos.
Tanto su esposa como su hija están evacuadas desde hace una semana en Cholila, cerca de donde se emplaza esta ecoaldea que tiene a cuatro familias viviendo de manera permanente. Agustín y su familia fueron parte de uno de los tres núcleos familiares pioneros que decidieron comenzar a vivir allí.
Tierra amada es un proyecto ecológico que se encuentra al sur de Cholila, saliendo en dirección al Parque Nacional Los Alerces. Quienes habitan la zona son familias de personas jóvenes con hijos pequeños. Hace dos años, Agustín apostó por una de esas tierras y, junto a su esposa, fueron construyendo la cabaña que hoy es su hogar y que, ahora, está amenazado por los incendios.
Una casa reconvertida
La casa de Agustín es la primera cuando uno ingresa al complejo. Por eso, se convirtió en un "centro de operaciones", cuenta el rosarino a La Capital desde Chubut, en donde cada día los vecinos se reúnen para diagramar las acciones del día y conseguir información sobre lo que ocurre en los alrededores, además de brindar comida o agua a quien necesite.
Las condiciones son poco alentadoras. Los incendios arrasan todo a su paso y el tiempo caluroso, seco y con viento que vive la Patagonia dificulta aún más las cosas porque el suelo, caliente y abrasador, no llega a enfriarse. Esto hace que, sobre media tarde y con temperaturas por encima de los 30 grados, cualquier zona por donde haya pasado el fuego pueda volver a prenderse.
"La ausencia del Estado es total. Vino el gobernador (Ignacio Torres) el otro día, apareció dos horas, volaron aviones por todos lados pero hoy estamos solos de nuevo", lamentó el rosarino, que destacó el trabajo y la predisposición de los bomberos de Cholila.
"Mano a mano" con los incendios
Actualmente, los vecinos tienen abierta una colecta para comprar insumos que les sirvan tanto a los habitantes de la zona como a los bomberos. Hasta el momento, llevan compradas motobombas, mangas y guantes ignífugos, cascos, gafas, mamelucos y otras herramientas y elementos que suelen ser de uso profesional pero que la situación obligó a que los propios vecinos de la ecoaldea aprendan a usar en muy poco tiempo, con la ayuda de los bomberos de Cholila.
"Al principio pusimos plata nuestra, pero después lanzamos una colecta para equipar nuestros vehículos y hacerlos autobombas. Asistimos a los bomberos, que están en la primera línea, vamos con tótems de 1.000 litros a recargarles las cisternas", explicó Agustín.
"Hace una semana que estamos mano a mano con el fuego", cuenta Agustín, que marca al domingo 25 de enero como el que más miedo les trajo desde que están en la zona.
El cerro La Momia está al oeste de Tierra amada y los habitantes pensaron que iba a servir como barrera contra el fuego que avanza desde Los Alerces. Pero la percepción cambió cuando ese día vieron cómo las llamas empezaron a propagarse por una de sus laderas: "Era como un tsunami de fuego que bajaba por el cerro, a las 11 de la noche. Empezaron a llegar bomberos y brigadistas que nos dijeron desde cómo dejar los autos hasta cómo sacar las garrafas de las casas, porque el fuego se venía. Fue desesperante".
"Ese frente avanzó y, de día, dejó todo el cielo gris, con el sol hecho un punto rojo. Un paisaje infernal. Pero nos pasó de refilón y estuvimos al borde de ese tsunami", describe el rosarino.
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Ecosistema alterado
La preocupación, ahora, recae en un pinar cercano a la ecoaldea, que nació producto del intento de explotación forestal que se desarrolló en la Patagonia hace 50 años, sin éxito. Los pinos quedaron y las condiciones actuales son propicias para su propagación, ya que las altas temperaturas permiten que las semillas de sus frutos (las piñas) germinen para dar paso a nuevos ejemplares, que también ponen en peligro la existencia de la flora autóctona.
Desde que arrancaron los incendios de esta temporada, varias voces de expertos señalan que la flora autóctona patagónica se está perdiendo con cada evento de este tipo, año tras año.
El último informe del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de la ONU (Ipcc, por sus siglas en inglés) da cuenta de una dificultad creciente que tienen los ecosistemas para recuperarse tras el paso de sucesivos incendios.
Esta seguidilla de eventos hace que las especies nativas no tengan tiempo para recuperarse y que le dejen espacio a especies invasoras (el pino, en el caso de la Patagonia) para que se apropie de un territorio que no es suyo y que, así, modifique paulatinamente el paisaje.
La flora no es la única afectada por el fuego: el Ipcc recalca que eventos como el que se desarrolla en la Patagonia alteran por completo el funcionamiento del ecosistema ya que se ven afectadas la calidad y cantidad de agua, la producción local de las comunidades y el hábitat de decenas de especies animales, entre otras cuestiones.
Agustín cuenta que el área de Tierra amada todavía sigue siendo verde, pero se lamenta de que el incendio modificó por completo el paisaje patagónico de los alrededores: "El suelo quedó negro y gris, y los árboles autóctonos como, las lengas o los coihues, quemados, negros y caídos. Es muy triste".
Cómo colaborar
Lo positivo que puede rescatar Agustín es el trabajo en comunidad que se activó y que ayudó a entrelazar esfuerzos con vecinos de la región. Por eso, aclara que la colecta no es sólo para la ecoaldea sino para toda la zona. Eso ya es mucho: el agotamiento se convirtió en algo propio de la rutina desde hace diez días en la ecoaldea.
Quienes quieran y puedan colaborar con los vecinos de Cholila que están trabajando para apagar los incendios en la zona de la ecoaldea Tierra amada, pueden enviar donaciones al alias clorofila.patagonia, a nombre de Laura Cecilia Quevedo Robledo. También hay un número de teléfono para contactarse: 2944671746.
Lo recaudado será destinado a comprar insumos para apagar el incendio, comida, medicamentos y otros elementos que se necesitan en la ecoaldea.