Una pareja de arquitectos visitó Rosario y documentó su diversidad urbana. Publicaron en sus redes sociales dos galerías de fotos que ya recorren el mundo
19:04 hs - Jueves 16 de Abril de 2026
Llegaron sin conocer la ciudad. Apenas una referencia lejana, ligada a cuestiones de seguridad, y algunas menciones en libros y búsquedas en internet. Pero alcanzaron unos días caminando sus calles para que Rosario se transformara en una de las ciudades que más los sorprendió en su recorrido por Sudamérica.
Mathieu Jaumainson y Agathe Belot son arquitectos europeos, él belga, y ella francesa, y llevan más de tres años viajando por el mundo en una camioneta equipada, registrando arquitectura. Su travesía empezó en África, cruzó el Atlántico en barco y hoy continúa en América del Sur. En ese itinerario, Rosario apareció como una parada casi obligada.
“Para nosotros la arquitectura es una forma de entender los lugares. Tiene una capa histórica, pero también social y cultural. Siempre dice algo de dónde estamos”, contó Mathieu en diálogo con La Capital.
Antes de llegar, pasaron dos meses en Buenos Aires esperando que su vehículo arribara desde África. Ese tiempo lo aprovecharon para investigar destinos. Fue ahí donde Rosario empezó a tomar forma. “Vimos que había algo muy interesante: una arquitectura muy ecléctica. De distintas épocas, con influencias europeas, pero también moderna y contemporánea. Cuanto más buscábamos, más cosas aparecían”, relató.
El resultado fue una serie de imágenes que rápidamente se viralizaron en redes sociales y que, más allá del impacto visual, proponen una interpretación profunda sobre qué hace singular a la ciudad.
Caminar la ciudad como método
No hay tours guiados ni recorridos prefijados. Su forma de conocer una ciudad es simple: caminar, observar, dibujar y fotografiar. Rosario les ofreció una especie de síntesis urbana que no esperaban.
“Nos sorprendió mucho la identidad que tiene. Es una gran ciudad, pero al mismo tiempo tiene algo muy propio. Íbamos de una arquitectura a otra y cada una decía algo distinto”, explicó.
En sus registros aparecen edificios de estilo clasicista, herencia de la inmigración europea, construcciones modernas del siglo XX y desarrollos contemporáneos que conviven en pocas cuadras. “Esa mezcla es muy fuerte. Hay una diversidad arquitectónica muy clara, muy visible”, remarcó.
La conexión con el río Paraná
La ciudad creció sin un plan fundacional rígido y se expandió a partir de la subdivisión de tierras privadas, lo que generó un tejido urbano heterogéneo desde sus orígenes. Esa condición “indómita”, como la definen algunos estudios urbanísticos, sigue siendo visible hoy en sus contrastes. Como por ejemplo, torres frente al río, barrios cerrados, asentamientos precarios y sectores históricos que conviven en tensión.
El Palacio Remonda Monserrat en Entre Ríos y San Lorenzo, El Jardín de los Niños en el parque Independencia, el ex Banco de Londres, La Favorita, Edificio Altamira, Casa Fracassi, el Distrito Sur, el parque de España y el Club Gimnasia y Esgrima de Rosario, fueron algunos de los puntos elegidos. Algunos más turísticos y tradicionales que otros, pero todos con encanto.
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Si hay algo que terminó de definir su experiencia fue la relación de la ciudad con el río. “Para nosotros, como europeos, eso es muy llamativo. En Buenos Aires no se siente tanto esa conexión con el agua. En cambio, en Rosario es muy presente. Se vive. Se camina. Se disfruta”, dijo Mathieu.
Esa conexión define a la ciudad. Desde los primeros proyectos urbanos del siglo XIX hasta los planes contemporáneos, el río fue el eje organizador del desarrollo de la ciudad. Iniciativas como el Plan Regulador de 1929 o las intervenciones más recientes en la costa, con la recuperación de áreas ferroportuarias y el desarrollo de Puerto Norte, consolidaron esa idea de “caminar la costa” como experiencia urbana central.
La arquitectura como relato
El proyecto que impulsan no busca hacer un catálogo técnico ni académico ni tampoco un registro exhaustivo. Lo que intentan es capturar lo que les llama la atención. “Publicamos lo que vemos mientras caminamos. No es un registro completo, sino una selección de lo que nos impacta”, explicaron los arquitectos a este medio.
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En esa lógica, Rosario terminó ocupando un lugar destacado en sus redes. No por un edificio en particular, sino por el conjunto. “Nos encantó la onda de la ciudad. La diversidad, la identidad, la relación con el río. Fue una sorpresa muy linda”, sintetizaron.
Las fotos publicadas en Instagram no tardaron en circular. La combinación de estética cuidada y relato urbano generó repercusión y volvió a poner a Rosario en el mapa, pero esta vez desde su patrimonio construido y su identidad arquitectónica.