Dejó la escuela para cuidar a sus hermanos y a los 68 terminó el secundario junto a su hija en la UNR

Tras la muerte de su madre, Rosa tuvo que abandonar sus estudios para hacerse cargo de sus siete hermanos. Décadas después, recibió el título de bachiller junto a Eliana y ya se anotó en Bellas Artes.

14:17 hs - Lunes 25 de Mayo de 2026

De chica, a Rosa le encantaba ir a la escuela. Le gustaba dibujar y escuchar cuentos, pero la muerte temprana de su mamá cambió su infancia. De un día para el otro se puso al frente del hogar de siete hermanos y no siguió estudiando. "Yo me encargaba de llevarlos a la escuela, los acompañaba hasta la puerta y me escondía porque me daba mucha vergüenza", cuenta muchos años después, ya con 68 años, mientras acaricia el título que recibió esta semana: una cartulina con el sello de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) que acredita su título de bachiller. Y la alegría de la mujer es doble porque pudo terminar la secundaria junto a su hija, Eliana, y emocionaron a todos.

Las historias de Rosa y Eliana son algunas de las que circulan por las aulas del programa Otra Vuelta, una propuesta de la UNR que busca garantizar que tanto jóvenes como adultos que debieron postergar sus estudios tengan una nueva oportunidad de finalizar el secundario. Esta semana, 35 personas recibieron sus títulos, después de dos años y medio de mucha dedicación y aprendizajes.

Para ambas mujeres, el acto de graduación que se desarrolló en la sede de gobierno universitaria fue mucho más que una mera cuestión de protocolo. Tener el título del secundario, dicen, es "cumplir con una deuda importante" que sentían pendiente con ellas mismas. El fin de una historia que comenzó en un aula del Centro Municipal de Distrito Oeste, muy cerca de sus casas, y promete una segunda parte: Rosa se anotó en la facultad de Humanidades para cursar la carrera de Bellas Artes, a Eliana en cambio le gustaría estudiar radiología.

Madre e hija

Madre e hija terminaron juntas en secundario en el programa Otra Vuelta. Eliana y Rosa

Madre e hija destacan la importancia que tiene la universidad pública. "No sólo es un lugar donde se forman profesionales. También le abre las puertas a gente humilde, que no tiene otras condiciones para llegar a lograr sus metas, gente como bajos recursos que quieren mejorar su futuro", dice Eliana, convencida de que ese es el camino: "Que la gente pueda estudiar es la única forma para mejorar su vida y sacar el país adelante, por eso no se entiende que esta presidencia ataque a la universidad pública, justo cuando más la necesitamos".

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Eliana: "Ir a la UNR nos abrió la mente"

Eliana Rodríguez tiene 43 años y retomó el secundario para "darle un ejemplo" a su hijo, un adolescente de 14 años que está cursando el segundo año en la escuela Héroes de Malvinas. "Recibirme es una meta y un logro importante. Antes no lo pude hacer porque me dediqué a trabajar, por eso me llena de emoción haberlo logrado", cuenta.

En su adolescencia empezó la escuela media en el Bernardino Rivadavia, donde completó el primer año. Después se pasó a la Escuela Secundaria Sor María Josefa Rosselló, pero empezó a trabajar y tuvo que interrumpir el estudio por sus obligaciones laborales. "Pero siempre quise terminar _señala_ y cuando me comentaron del programa de la UNR no lo dudé".

La propuesta de Otra Vuelta tiene dos modalidades de cursado: presencial y virtual. Eliana optó por la primera y un día de marzo de 2024 se encontró en un aula del Distrito Oeste con unos 40 compañeros y con sus "queridas profes", Flor y Mica. "Fue todo un desafía, salía de trabajar y me iba a la escuela. Pero yo estaba decidida a hacerla, a superar los obstáculos. Y no me arrepiento: ir a la universidad nos abrió la mente. Nos encontramos con un grupo hermoso, donde pudimos conversar de todo. Expresar nuestras dudas, nuestras opiniones, intercambiar ideas. Fue muy enriquecedor", cuenta.

Madre e hija

Madre e hija terminaron juntas en secundario en el programa Otra Vuelta. Eliana y Rosa

Eliana trabaja en una empresa de mantenimiento por la mañana y, por la tarde, en casas de familia. "Mi marido también trabaja todo el día, pero tanto él como mi hijo me apoyaron para que pueda seguir estudiando". Ahora, destaca, todos en el hogar están tan orgullosos como ella.

"Para mi hijo soy un ejemplo, yo quiero que él termine sus estudios, para que pueda seguir estudiando e ir a la universidad, para que pueda mejorar su futuro", destaca y afirma que, en su caso, haber terminado la secundaria con su mamá fue "doblemente emocionante".

Rosa: "Hay que aprovechar las oportunidades"

Cualquiera podría pensar que fue Eliana quien empujó a su mamá a completar la secundaria. Pero las dos mujeres dicen que fue al revés, que Rosa la que se encargó de entusiasmar a su hija. "A mi mamá siempre le gusta hacer talleres, completó un montón de cursos y es muy solidaria, ayuda en una vecinal a cambio de nada. Ella se enteró de que existía un programa para terminar el secundario y me propuso que nos anotemos. Así que buscamos toda la documentación y empezamos con las clases", dice Eliana.

Rosa Rechia está por cumplir los 69 años y tiene cuatro hijos. Eliana es la más chica, Gabriel acaba de cumplir 50 años y hace poco se retiró de la Armada; Diego emigró a Brasil y Maximiliano vive en Rosario. Se criaron en un barrio de viviendas sociales, al que accedieron a través del Arzobispado de Rosario. Cuando los chicos empezaron a ir a la escuela, Rosa comenzó a trabajar en las casas de sus maestras y ellas la alentaron a terminar la primaria.

"De chica no pude estudiar. Mi mamá falleció y con mis seis hermanos nos fuimos a vivir a la casa de mi abuelo. Como era la más grande, me hice cargo de criarlos y no pude seguir la primaria. Yo me encargaba de llevarlos a la escuela, los acompañaba hasta la puerta y me escondía porque me daba mucha vergüenza", recuerda.

Ya de adulta pudo terminar la primaria en un Centro de Alfabetización y Educación Básica para Adultos (Caeba) que funcionaba por la noche en Provincias Unidas y Seguí. Vueltas de la vida, completó su educación básica con los mejores honores: fue abanderada y mejor compañera. "Me encantó volver a estudiar. Trabajé, crie a mis hijos y ahora estoy jubilada y hago lo que me gusta", dice y mira con orgullo el diploma de su secundario que uno de sus hijos prometió enmarcar para colgarlo en algún lugar de la casa.

Como parte de todas las cosas que hace, Rosa colabora con la vecinal 13 de marzo, de Magallanes y Juan XXIII, sirve la merienda para otros jóvenes y adultos que, como ella, están completando la primaria en el centro de alfabetización o participan de los talleres de peluquería, barbería, manicuría, computación y electricidad que dicta el programa Nueva Oportunidad.

Madre e hija

Madre e hija terminaron juntas en secundario en el programa Otra Vuelta. Eliana y Rosa

"Siempre les digo que estudien, que terminen la primaria y que hagan la secundaria, que si yo a mi edad pude, ellos también", afirma. Y dice que no piensa quedarse quieta. Se anotó en la facultad de Humanidades, con la idea de cursar Bellas Artes, y también le atrae la carrera de acompañante terapéutico, en Psicología.

Mientras tanto, también cuida nietos, y baila en la comparsa Rekebra que este carnaval se consagró como la mejor formación rosarina. Muchas vidas en una.

Un programa que cambia mundos

El programa “Otra Vuelta” comenzó en el año 2022. Desde sus inicios, más de 500 personas obtuvieron el título de educación secundaria de Bachiller en Ciencias Sociales.

El programa está organizado en 2 años y 6 meses de cursado y combina modalidades virtuales y presenciales. Las clases se desarrollan en el Campus Virtual de la UNR, pero incluyen también tutorías a distancia y acompañamiento presencial. La propuesta esta destinada a todas las personas mayores de 18 años que hayan completado la educación primaria. Los interesados en inscribirse, pueden consultar más información en https://unr.edu.ar/otra-vuelta/.