Carlos Coca empezó con un autito que le recordó a su infancia y, veinte años después, convirtió una habitación de su casa en una colección descomunal con piezas de todo el mundo.
16:23 hs - Lunes 28 de Septiembre de 2026
Carlos Coca empezó a coleccionar batimóviles un poco de casualidad. Pero una vez que comenzó, un auto siguió a otro y cuando se dio cuenta ya no había lugar en la casa para tantos. Hoy tiene una habitación con casi mil coches de todos los tamaños, colores y materiales, truchos y originales, usados y nuevos, antiguos y modernos, de Argentina, Inglaterra, Estados Unidos y hasta Japón. Una verdadera constelación de vehículos.
Carlos fue profesor en la Escuela Provincial de Cine y Televisión de Rosario y también ejerció como médico psiquiatra. Hoy está jubilado pero sigue escribiendo, produciendo y, por supuesto, coleccionando batimóviles.
La aventura de convertirse en coleccionista empezó en el 2006. “Estaba rondando los 50 años y a esa edad uno le echa un vistazo a la infancia para decirle chau para siempre. Y con un amigo empezamos a interesarnos por un hobby que teníamos cuando eramos chicos: los autitos scalextric. Fuimos a comprar algunos a Buenos Aires y entre esas cosas vi un batimóvil”, cuenta Carlos en diálogo con La Capital. Ese encuentro fortuito fue como un viaje al pasado: reconoció que aquel auto era igual al que tenía cuando era chico. Se lo compró.
“Después veo que en el reverso de la pieza decía que era una colección con varios modelos. Empecé a comprar uno, otro, y completé la colección, eran quince más o menos. Pero ahí ya estaba metido. Una cosa llevó a la otra”, recuerda.
Sus hazañas en busca de batimóviles empezaron a conocerse entre amigos y conocidos. "Me regalaron muchas piezas. Cuando se empezó a correr la bola de que los estaba coleccionando todos contribuyeron". Así fue como muchos desempolvaron viejas cajas perdidas en casas maternas y recuperaron batimóviles que engrosaron las filas de la colección de Coca. Así empezó un camino que pareciera no tener fin.
Una pieza para Batman
El universo de Batman empezó lentamente a invadir la casa. Primero en las bibliotecas, custodiando los libros. Después apareció la primera vitrina. Más tarde las empezó a construir él mismo: no era suficiente con ser psiquiatra, profesor y coleccionista, también se metió de lleno en la carpintería. "No te das cuenta porque fue un proceso lento, de veinte años, pero después ves todo junto y es un montón", dice entre risas.
En cada espacio del hogar y en cada superficie plana se empezó a alojar algún batimóvil. Hasta el dormitorio los albergó y Carlos y su pareja dormían entre autitos. Hasta que se dijo basta y se decidió usar una pieza entera y armar la baticueva, como le dice el propio Coca.
Lo cierto es que entrar a aquella habitación resulta, en un primer momento, abrumador. La imagen del murciélago más famoso del mundo ocupa cada centímetro y el espectador no sabe por dónde empezar a mirar. Coca lo sabe y lo advierte: "Es mucho, hay que tomárselo con calma. Se necesita un tiempo para adaptarse". Y tal cual lo señaló el anfitrión, al al cabo de un rato en la baticueva, las piezas empiezan a tomar forma propia, se individualizan y se pueden contemplar una por una.
De todos modos, son muchísimas figuras y faltan unas cuantas. Hace un año se mudaron y todavía no terminó de desembalar. Es inevitable que la habitación quede pequeña. "El año pasado, antes de la mudanza, conté todo. Eran más de 900. Pero en este tiempo fui sumando más, así que debo llegar a las mil piezas", calcula.
Lo divertido de buscar
Tener la pieza y ubicarla en la vitrina es más que satisfactorio. Pero, sin duda, lo importante y más divertido es el camino hasta su adquisición. De hecho, en la feria retro de Rosario, la que está los fines de semana en avenida Rivadavia y Santiago, Carlos se encontró con joyas perdidas.
"Los batimóviles rotos, usados, también tienen su encanto. Los nuevos no se sacan del blíster. Pero el autito comprado en una feria, que un pibe lo usó, lo rompió, lo despintó, lo volvió a pintar, que jugó con eso, tiene otra alma. Conviven todos: también la maqueta de calidad hecha oficial por el estudio y la truchada china".
Por supuesto que por internet también busca y compra. Pero más interesante son esos encuentros fortuitos con piezas increíbles. Cuando viaja, Carlos no sólo piensa en la ciudad que va a visitar, sino en las jugueterías que ella tiene. "Lugar donde voy, lo primero que hago es ir a ver si hay jugueterías y ferias", asegura.
Una tarea sin fin
Los modelos son casi infinitos. Cada cómic, cada dibujante, le dio su impronta. Las películas se encargaron de otro tanto. Y como si fuera poco, las mismas empresas como Hotwheels hacen sus propias contribuciones, creando vehículos que no necesitan su respaldo en las historietas ni en los largometrajes.
Como si fuera poco, el universo de Batman pareciera no terminar nunca. "Ahora sale otra película y ya hay fotos del nuevo batimóvil. ¡Pero es la misma en la que labura (Robert) Pattinson! Ya salió, ya lo tengo. Resulta que es distinto. El otro batimóvil se rompió y ahora hay uno nuevo. Otra vez empieza todo", dice casi resignado.
>>Leer más: La Cueva del Loco Kenobi en Andino: "Star Wars me cambió el mundo"
En la habitación no hay sólo vehículos en miniatura. Hay afiches, fotografías, batarangs, figuras de los personajes en sus propias vitrinas. Hay, incluso, muñequitos que se ubican al lado del batimóvil: Batman, Batichica o el Guasón le dan un poco más de vida al objeto. Pero Carlos intenta no excederse y limitar su colección a los autos. "No me meto porque abrís otra ventana infinita".
Coleccionista a regañadientes
Hace algunos años, cuando le preguntaban si era coleccionista Carlos respondía que no, que de ninguna manera, que el simplemente juntaba batimóviles. Ahora, ante el interrogante, contesta: "Muy a mi pesar, sí. Sacan una nueva tira y son diez, ¿voy a comprar nueve? No, compro todo. Casi que estas obligado".
"Mi sobrino dice que tengo vitrinismo. Hay algo de eso, de esos momentos en la infancia cuando uno tenía la ñata contra el vidrio viendo algo que no podía tener. Ahora esta vidriera es mía, si yo quiero la abro y saco todo. Seguro que hay algún rollo infantil ahí. Pero no se toca en análisis, ¡mira si descubrimos algo que estaba tapado con batimóviles!", analiza entre risas.
Lo seguro es que la colección seguirá creciendo y quizás se necesiten más habitaciones para alojar las piezas. Por lo pronto, en otra parte de la casa, lejos de Batman, se vislumbra una incipiente futura colección. En una vitrina, varios relojes de arena de distintos tamaños y formas aparentan ser el comienzo de una nueva aventura coleccionista.