Sábado 27 de Mayo de 2023
“¡Uy! ¡Pobre chica, tiene que vivir en una casa sin ventanas!”, exclamó una vieja vecina del barrio Parque en 2014, la primera vez que se paró delante de Casa Francia, una bella vivienda iluminada y ventilada por dos patios internos y un generoso jardín en el fondo, diseñada por los arquitectos rosarinos Marisol Valenzuela y Mariano Costa, en la avenida Francia casi Ocampo.
La historia del barrio cuenta que en el siglo pasado en esos terrenos de la ochava noreste de Francia y Ocampo se emplazaba el tambo de una familia vasca, en épocas en las que todas las mañanas el lechero salía con una vaca, un tarro y una jarra de alumnio con los que recorría las calles a vender en un clásico servicio puerta a puerta. Justamente, la obra de Rafael Ielpi sobre los inmigrantes en Rosario a principios del XX cuenta la preocupación de numerosos vecinos y del municipio mismo por la gran cantidad de tambos que existían en pleno centro de la ciudad, precisamente entre los bulevares y el río, o entre bulevar Oroño y avenida, como llamaban hasta el siglo pasado a Pellegrini.
“La casa fue diseñada y construida en 2011 en en este terreno con la medianera izquierda en diagonal, de 9 metros por 15 metros, con estos dos patios internos para darle iluminación y ventilación cruzada”, revela la arquitecta Valenzuela, dueña de la vivienda junto a su esposo y colega Costa. Así, el terreno es un trapecio.
La pared del frente, anatemizada por la vecina de antaño, contiene un extenso portón de madera y cumple la función de resguardar el interior de la casa, con la idea construir viviendas con frentes despojados, que parecen mimetizarse con el paisaje mínimo de los barrios rosarinos, como diseñan sus autores otros proyectos de viviendas urbanas.
Ese frente minimalista deja lugar luego de atravesar la puerta a un pequeño primer patio lateral vidriado, a la izquierda, y a una enorme sala de estar con piso y bancos de madera, también vidriada, detrás de la cual estalla el verde del abundante jardín del fondo, con césped inglés, una piscina y plantas generosas.
La enorme sala de estar se comunica hacia la derecha con la pared vidriada de la cocina, que da también con una pared transparente al jardín del fondo, un extenso espacio que remata en el rincón derecho con un amigable quincho, presidido por una imponente mesa baja de pinotea, con un gran parrillero, una cocina, un lavadero y un bañito, estos tres últimos ocultos en un pasillo a la izquierda de la parrilla.
Ese gran quincho se comunica con el jardín por medio de cortinas metálicas que se pueden bajar para cerrarlo y darle seguridad, pero que permanecen abiertas durante el día y otorgan la sensación de vivir en el verde abundante que bordea la casa.
“La pinotea de la mesa y de los bancos eran unos tirantes de una cochera que había en el terreno y que recuperamos”, revela Valenzuela durante la enésima charla con los visitantes que recorren la casa durante el fin de semana del sexto Open House, el encuentro anual de arquitectura en el que abren viviendas particulares, edificios públicos y otras obras a la mirada de los amantes de la arquitectura, el diseño, la historia y la cultura de nuestra ciudad.
La casa continúa por una escalera interna hacia el primer piso, donde los autores diseñaron tres habitaciones con ventanas hacia alguno de los patios, una sala de estudio y tres baños, el mayor de los cuales sorprende por un jacuzzí con vista a un patio y elegantes detalles de buen gusto, como una extensa mesada de cemento alisado.
Casa Francia sorprende al visitante por la luminosidad de sus patios interiores, que dan la sensación de habitar en un trapecio de cristal, con el verde del césped inglés como un telón de fondo.
Como una parábola de la historia de la ciudad, en uno de los terrenos del viejo tambo de los vascos floreció Casa Francia, un trapecio de cristal donde la naturaleza estalla en la transparencia de cada pared, como si cantara piedra libre detrás del muro del frente, que tanto desvelaba a la vecina de al lado.
Leer más: La increíble casa de República de la Sexta donde se quedó a vivir la naturaleza