Cada vez más chicos vuelven a entrenar a un club que quedó en medio de un tiroteo
Está en Casiano Casas. Una guerra entre soldaditos narco hirió el año pasado a dos nenes. Les construyen un muro para protegerlos

Martes 18 de Abril de 2017

A un año del tiroteo que terminó con dos nenes de siete años heridos mientras jugaban al fútbol, el Club Defensores de América, de Washington y Casiano Casas, logró reponerse del susto: hoy entrena a 120 chicos, un 50 por ciento más que al momento de la balacera. La reacción fue interesante, ya que a un éxodo inicial de pibes y padres aterrorizados, que incluso llevó a la entidad a un estado temporario de abandono, le siguió esta nueva etapa, con el barrio mucho más involucrado y un fuerte apoyo de la provincia y la Municipalidad. De hecho, el gobierno santafesino aportó los materiales y Deportes municipal la mano de obra cooperativa para levantar un tapial de 2,40 metros que a pedido del club ya empezó a separar, paralelo a la calle Blas Parera, la canchita de fútbol de otra de básquet, hacia donde apuntaron los tiros.

El paredón que se está levantando por estos días fue el primer reclamo que surgió después de la demencial balacera que el 29 de marzo del 2016 interrumpió una práctica de fútbol en el club —delimitado por el pentágono formado por Casiano Casas, Washington, Unión, Laplace y Blas Parera— de la que participaban unos 40 nenes de entre 6 y 9 años.

Al atardecer de ese día, entre 40 y 50 tiros llovieron justamente desde Blas Parera, directo hacia el playón de básquet que la Municipalidad había levantado atrás del club para que los pibes mayores del barrio tuvieran un lugar de recreación. Los testigos hablaron de un auto, mientras que la fiscalía sostuvo que los disparos habían salido de una camioneta y una moto que circulaban a la par.

Como sea, la interpretación del vecindario fue inequívoca: todos apuntaron a un enfrentamiento entre "soldados" de dos bandas narco en disputa de la calle. Y como las canchas de básquet y de fútbol no estaban separadas por una barrera, las balas llegaron sin que nada las frenara hasta el lugar donde los más chiquitos entrenaban.Así fue como dos nenes de 7 años terminaron con tiros en sus piernas izquierdas, Gino Vladimir H. y Benjamín R. Fue grave, pero pudo ser peor: una masacre.

"En los primeros momentos hubo una desbandada: por el susto que se llevaron se nos fueron como veinte chicos de cuatro y cinco años", contó la presidenta del club, Miriam Monge, convencida de que además muchos de esos papás eran "nuevos" en el Defensores de América y su nexo con la entidad, por lo tanto, era también más laxa.

De hecho, el pánico fue general y pasaron más de dos meses antes de que la comunidad volviera a poner los pies en la canchita. "Si hasta yuyos habían crecido", recordó la mujer, madre y abuela de pibes que patearon la pelota en ese club, con más de 30 años en el barrio.

Un poco más tarde, la reacción positiva llegó. "Yo creo que la gente tomó conciencia y entendió lo importante que es lo que se hace acá con los chicos y empezó a dar más apoyo", contó Mariel, la tesorera del club y vecina lindera de la cancha.

Así, de los 80 nenes que jugaban en ese momento, hoy el club pasó a tener 120, distribuidos en nueve divisiones que actualmente participan de la Liga de la Nueva Asociación de Fútbol Infantil de Rosario (Nafir), más la categorías 2012 y 2013, que juegan por su lado.

"Para nuestra satisfacción, pasamos a tener cuatro categorías más", dijo Monge, sin contar todos los otros nenes que se acercan al club para jugar a distintas cosas en la canchita auxiliar. "Este verano, hasta pusieron una pileta de lona para refrescarse", recordó.

Tranquilidad

En el barrio la gente opina que desde el tremendo episodio que terminó con los dos nenes baleados "la cosa está más tranquila, no hay mucho quilombo porque los pibes que se tirotearon no se están juntando", argumentó Micaela, una joven vecina del club.

Mentando el "boca a boca del barrio", en cambio, Sandra atribuyó la pacificación a que "antes se peleaban dos bandas por la venta de droga, pero ahora se juntaron y todo se tranquilizó".

Como sea, los Estados provincial y municipal pusieron las barbas en remojo y su presencia en la zona se acentuó. Los vecinos y socios del club nombraron a funcionarios que se hicieron presentes en los últimos meses, entre ellos el director de Clubes del municipio, Emiliano Torno; la titular de Villa Hortensia, Mónica Ferrero, y referentes de Seguridad Comunitaria y Atención a la Víctima de la provincia.

El paredón —con un costo de 58 mil pesos— que ya empezó a separar la cancha del playón es a la vez frontera física y símbolo, para bien y para mal. En los hechos representa la respuesta al pedido "urgente" que en su momento elevó el club y que en veinte días estará terminado.