El actor repasó sus más de 30 años de trayectoria, su salto a la fama, el dramático secuestro de su padre, su militancia, el amor con Nancy Dupláa y su próxima visita a Rosario con la obra teatral "Maldita felicidad".
18:30 hs - Martes 30 de Junio de 2026
El actor Pablo Echarri, un rostro familiar en cine, teatro y televisión por más de 30 años, compartió un profundo recorrido por su vida personal y profesional en "Lo Resolví Pensando", el programa conducido por Guido Záffora. Desde sus inicios, Echarri recordó su "ascenso meteórico" de Villa Domínico a la pantalla chica. Tras estudiar teatro con Lito Cruz a los 18 años, a los 22 ya estaba haciendo castings. "Fui un tipo muy privilegiado", afirmó sobre sus primeros pasos en los canales, destacando la fuerte época de la ficción en los 90 y principios de los 2000, cuando la televisión "entraba en la casa de la gente".
En aquellos años, el actor vivió una transformación radical, no solo profesional sino también personal. Recordó su incipiente relación con Natalia Oreiro, quien llegó "muy joven de Uruguay" y con quien compartió los primeros años de la fama, cuando ella vivía en una pensión y él la acompañaba a tomar el colectivo. Echarri rememoró una divertida anécdota sobre los 4.000 o 5.000 dólares que guardaba en el freezer dentro de una "bolsa de patitas de pollo". Confesó que la bolsa desapareció, generando un pánico que terminó con él buscando en la basura del consorcio para recuperar sus ahorros, en un incidente que involucró a Natalia y a una empleada doméstica. "Fue un trío", bromeó.
Un antes y un después: el secuestro y la política
La vida de Echarri, y su percepción del país, se vieron profundamente marcadas por el secuestro de su padre en 2002. Este "mojón en el camino", como lo describió, fue un "antes y un después" que lo llevó a ver una Argentina diferente. A pesar de haber vivido un tiempo "con locura locura y miedo, una mezcla de sensaciones y de sentimientos negativos", decidió no mudarse a un barrio cerrado, sino "enfrentar esta situación de miedo y de inseguridades con el pecho" en una casa en un lugar abierto, con la ayuda de terapias. En este contexto de dificultad, su carrera artística alcanzó un punto álgido con éxitos como "Resistiré" en 2003, que "insufló mi imagen de una manera muy fuerte" post-secuestro, y la posterior "Montecristo", la "cúspide de esa popularidad".
El compromiso político, que empezó con el secuestro de su padre, se cristalizó con la llegada de Néstor Kirchner, un hecho que consideró "fundacional" y que le permitió "ajustar los derechos de la minoría". Actualmente tesorero de Sagay, institución que recauda y reparte los derechos de propiedad intelectual de los actores, Echarri admitió que su militancia le valió la frase "yo divido la pantalla", una realidad que, si bien le generó tristeza, lo llevó a "amigar con ese rechazo" y fortalecer su postura. Destacó la importancia de luchar por una Argentina para sus hijos, donde puedan tener "posibilidades de poder conseguir ese ascenso social", libre del miedo generado por la dictadura, para que "no tuvieran ese mismo miedo".
Actualmente, Pablo Echarri se dedica plenamente al teatro, llevando su obra "Maldita Felicidad" de gira por todo el país, incluyendo una parada en Rosario el próximo 10 de julio. "Me encanta, me encanta, me encanta", expresó sobre el contacto con el público federal, que considera "muy agradecido" y "amoroso". Reconoce que, si bien la cartelera porteña es "maravillosa", hoy las giras ofrecen el principal "espacio artístico para desarrollarse y económico", ante la casi "nula casi" producción de ficción audiovisual en televisión. Espera que una futura ley impulse la inversión en contenidos, permitiendo el regreso de la ficción nacional.