Sergio Lupo, un referente de la investigación, el diagnóstico y el tratamiento del virus que cambió la manera de ver a la medicina estuvo en Más Cerca
Sábado 29 de Agosto de 2026
El doctor Sergio Lupo es al autor del libro El Tiempo que nos Cambió, presentado recientemente, y editado por Homo Sapiens, un texto indispensable que recorre 40 años de la historia del VIH-Sida en Rosario. El experto, un referente en este tema, dialogó con Florencia O'Keeffe en el programa Más Cerca de La Capital Más. Durante la entrevista, el médico compartió su propia historia, por qué decidió acompañar a las personas que adquirían el virus desde aquellos primeros momentos en los que se sabía poco y nada, y el estigma era inmenso hasta este presente en el que hay opciones de tratamiento y la mirada social se modificó respecto a lo que pasaba décadas atrás, aunque todavía hay cosas que mejorar en ese sentido.
Respecto a su recorrido, Lupo hizo reflexiones acerca de su pueblo natal, Serodino, la Tierra del reconocido escritor Juan José Saer. Recordó su infancia, la farmacia de su padre y cómo esa profesión lo marcó: él y sus hermanos eligieron carreras vinculadas a la salud. "Mi viejo murió aplicando una inyección", dijo Lupo, dando cuenta de que la vocación y la entrega de su papá eran un verdadero "acto de servicio" para el pueblo.
Como residente de Clínica Médica, el entonces joven médico se enteró, al igual que sus colegas, de la inminente llegada del virus a la Argentina a través de la literatura médica, tras los primeros casos en Nueva York y Europa. En Rosario compartió sus inquietudes con el doctor Héctor Alonso, su jefe de cátedra. Pronto, la ciudad tuvo al primer paciente, "un marinero con tuberculosis atípica". Este fue el inicio de un arduo trabajo de educación y contención por parte de los profesionales que decidieron quedarse al lado de las personas que contraían el VIH.
Así se creó la Línea Vida, un teléfono fijo para brindar información a quienes habitualmente no acudían a hospitales. Hablar de Sida era tabú, y mucho más para quienes habitualmente tenían su atención en el sector privado de la salud.
Las primeras comunidades afectadas por el Sida (en esos tiempos no se decía VIH), fueron los "adictos endovenosos y la comunidad homosexual", mencionó el especialista, y contó que se acercaban "con mucho temor, sobre todo a que se descubra su identidad sexual". Una época difícil donde el diagnóstico era una "especie de condena".
Lupo es doctor en medicina y especialista en Clínica Médica y fue profesor titular de la primera cátedra de esa especialidad en la UNR. También fue jefe de servicio del Centenario y desde 1984 se involucró en el conocimiento de todo lo referido a la infección por VIH. Además está a cargo del Centro de Atención de Personas con VIH del Hospital Centenario.
Si bien se dedicó a la publicación de literatura científica, El Tiempo que nos Cambió es su primer libro no estrictamente científico.
De los inicios a los avances científicos
Los primeros diagnósticos, cuenta el experto, se basaban en la clínica, sin pruebas de laboratorio específicas, lo que revelaba solo "la punta del iceberg" de la enfermedad. La falta de tratamientos eficaces hacía de cada caso un "fracaso" para los médicos, señaló Lupo. La imposibilidad de darles una terapia que los ayudara realmente los golpeaba desde el punto de vista profesional pero también anímico.
Por eso empezaron a "reinventarse". Y llegó la primera droga, la AZT, que ofrecía mejoras a corto plazo pero fue la esperanza en la investigación de "lo que iba a venir" lo que los mantuvo en pie, cerca de la gente que tanto los necesitaba.
Lupo viajó a España en 1990, también asistió a una conferencia en Florencia (Italia), donde "abrí la cabeza y vi lo que venía". La aparición de los "cócteles" en 1996 que redujeron la mortalidad en un 50 % marcó un punto de inflexión. A pesar de los avances, el estigma aún acompañaba a los profesionales: "No hacían esa famosa broma en el pasillo del hospital: ¡guarda que te contagia!", recordó el médico.
La soledad y el prejuicio eran compañeros de los primeros pacientes, quienes muchas veces temían "mucho más revelar su orientación sexual que la propia enfermedad". Sin embargo, la mayoría de las familias, a pesar del temor inicial al rechazo, sostenían a sus seres queridos. Hoy la mirada social no es la misma, sin embargo, los prejuicios continúan.
Armar equipo
En Rosario, el equipo médico de Lupo llegó a armar un sistema de internación domiciliaria para que los pacientes que no lograban estabilizarse "murieran con su familia al lado porque si no, morían solos".
En cuanto al avance de la ciencia, el especialista dijo que uno de los momentos inolvidables sucedió cuando se logró frenar la transmisión vertical, de madre a hijo, "lo que representó una de las mayores revoluciones". El caso de Sofía, relatado en el libro, una niña que perdió a sus padres por el virus y luego tuvo un hijo VIH negativo, ilustra "una historia de tres generaciones atravesada por una sola enfermedad", demostrando el gran cambio en 40 años.
Los avances actuales en cuanto a tratamiento, dijo el médico, incluyen los inyectables que se aplican cada cuatro o seis meses, con la meta de una inyección anual y la expectativa de una cura. Lupo contó que decidió escribir El Tiempo que nos Cambió para que las historias no se pierdan, dedicándolo "a quienes no resignaron su derecho a cambiar", y dando un mensaje de esperanza para los pacientes actuales.