Dos de los tres acusados por el homicidio fueron sentenciados a 20 años de prisión mientras que un tercero recibió 18 años de cárcel
20:41 hs - Lunes 26 de Octubre de 2026
En un fallo que sienta un precedente en la ciudad en materia de delitos ocurridos en un contexto deportivo, los tres acusados por causar la muerte de Ivana Garcilazo al apedrearla tras un clásico del fútbol rosarino fueron condenados como coautores del crimen. Dos de ellos fueron sentenciados a 20 años de prisión mientras que un tercero recibió 18 años de cárcel, penas de encierro a la que todos sumaron la prohibición perpetua para presenciar partidos de fútbol. La familia de la joven hincha de Rosario Central que hace tres años regresaba a su casa desde el Gigante de Arroyito recibió el veredicto con señales de descontento, en un acto que cerró el juicio por el caso frente al Centro de Justicia Penal.
“Se acreditó que cada uno de ellos arrojó proyectiles”, dijo la jueza que leyó el veredicto. El tribunal anticipó parte de los fundamentos por tratarse de un caso de alta sensibilidad y exposición pública.
Uno de los aspectos gravitantes en la definición de los montos de pena fue que se tratara de un homicidio cometido sin intención directa sino con dolo eventual. Es decir, que sus autores se representaron la posibilidad de causar una muerte con su accionar aunque ese no haya sido su propósito.
Homicidio tras el clásico
Las conductas posteriores de los agresores, como cambios de apariencia, la falta de auxilio a la víctima o la huida de la escena también fueron parte de la valoración de los jueces Natalia Benvenuto, Jorge Rodríguez y Nicolás Vico Gimena. Otro pilar del fallo —cuya versión completa se conocerá más adelante— proviene del propio encuadre del delito: se trató de un homicidio cometido en ocasión de un espectáculo deportivo, un asunto novedoso en la jurisprudencia local.
Se trata de un agravante previsto ante infracciones en torno a un cotejo deportivo, que en este caso fue el clásico disputado entre Newell’s y Central el 30 de septiembre de 2023. El tribunal aludió a ese contexto desde los primeros párrafos: “La muerte de Ivana Garcilazo no ocurrió en un vacío social. Ocurrió en una ciudad atravesada por la pasión, la rivalidad y la expectativa que despierta el clásico”. Una confrontación que, según plantearon, “en ciertos sectores se transformó en un espacio de hostilidad territorial donde el rival deja de ser una persona y pasa a ser un enemigo”.
Para las fiscales del caso, Laura Riccardo y Carla Ranciari, esta enfoque marca un antes y un después en materia de conflictos penales ligados al deporte. “Entendemos que es una condena muy importante. Son hechos que hasta el momento no habían tenido ningún tipo de antecedentes al menos en esta ciudad y que se haya determinado la responsabilidad para los tres acusados genera un gran precedente”, evaluaron en conferencia del prensa tras la lectura de la sentencia. Lo que ocurrió en una sala judicial cargada de expectativa y con manifestantes que seguían la transmisión por pantalla desde la plaza de Sarmiento al 2800.
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Las penas
El tribunal asignó la misma responsabilidad en el crimen a los tres acusados pero impuso penas diferenciadas. Damián Gerardo Reifenstuel y Ariel Matías Cabrera fueron condenados a 20 años de prisión y, además, a lo largo de quince años tendrán prohibido desempeñarse como deportistas, jugadores profesionales, técnicos, colaboradores, dirigentes, concesionarios, miembro de comisiones o subcomisiones de entidades deportivas o ser contratados por algún club. Juan José Massón afrontará 18 de prisión. Sobre los tres pesa una inhabilitación perpetua para asistir a eventos deportivos vinculados al fútbol.
El mayor reproche sobre los dos primeros obedece a varios factores. El primero, es que tanto Reifenstuel como Cabrera se desempeñaban como docentes. Esto se valoró como un claro agravante: “Quienes se dedican a educar y formar a niños y jóvenes, especialmente en el ámbito del deporte, son referentes para ellos, están especialmente obligados a resolver los conflictos sin violencia y tienen mayor capacidad para comprender la criminalidad de sus actos”. Reifenstuel, de 47 años, es técnico en preservación ambiental, se desempeñaba como docente de química e historia y en tareas de trabajo social con niños y jóvenes. Cabrera, de 45, es profesor de educación física y preparador físico. Era coordinador de las inferiores del club Social Lux.
Lo que hicieron después
Otra razón por la que recibieron mayor pena es su conducta posterior al hecho. Cuando se retiraba de la escena en un remís, Reifenstuel amagó con tirarles una lata de cerveza a dos simpatizantes de Central que pasaban en moto y se lo hizo saber al chofer: le dijo que lo estaban provocando pero no la arrojó porque podría “pasar algo”. Esto, para los jueces, “revela que a minutos de participar en un ataque que causó una muerte, mantenía intacta su disposición a agredir y no mostraba sensibilidad alguna frente al resultado”.
Además ponderaron que se mantuvo prófugo más de un año hasta que el 25 de febrero de 2025 fue detenido por Interpol en Samaipata, Bolivia, donde se había radicado bajo el nombre falso de Lucio Rodríguez. “Durante más de un año, la familia de Ivana fue privada de una respuesta judicial sobre un hecho en el que el esclarecimiento de lo sucedido se postergó, prolongando su sufrimiento”.
En cuanto a Cabrera, de 42 años, tuvieron en cuenta su vínculo con el fútbol y su “conducta especialmente violenta en este hecho”. Es que, a diferencia de los otros dos acusados que huyeron de inmediato, permaneció en el lugar y “en lugar de auxiliar a Ivana,fue a agredir a su pareja”, que había frenado su moto para asistirla. “Tras forcejear, le quitó la linga y salió corriendo”, consignaron. Si bien el imputado dijo que se acercó a practicarle RCP a la víctima, “eso no se compadece con su proceder: no practicó ninguna maniobra, no llamó al 911 ni procuró ningún otro auxilio”.
Así Juan José Massón —de 42 años, comerciante y padre de una hija— obtuvo un menor reproche porque no se desempeñaba como formador de niños, no incurrió en una conducta agresiva posterior y se entregó a poco de cumplirse un mes, aunque sí respondió como el resto por la omisión de pedir de ayuda.
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Valoraciones
La sentencia puso fin a un juicio que se extendió por tres semanas y que estuvo atravesado por el reclamo de justicia de la familia de Ivana. La querella, representada por el abogado Marcos Cella, había solicitado penas de 33 años de prisión para los acusados, mientras que las defensas cuestionaron la existencia de intención homicida y buscaron discutir la responsabilidad individual de cada uno en el ataque; planteos que el tribunal no convalidó.
Antes de lectura del veredicto, Laura Garcilazo, hermana de Ivana, señaló que la familia vivió las horas previas “con una mezcla de ansiedad y angustia”. “A nosotros no nos modifica en nada que les apliquen 3, 10, 15 o 20 años de cárcel. Pero hoy es el cierre de algo por lo que tanto luchamos”, explicó. Sin embargo, tras el fallo, la familia expresó su disconformidad con una pena que añoraban más alta: "Me parece poco, me parece injusto. No puede ser que le den los años de mierda que les dieron con todo lo que hicieron y cómo nos arruinaron la vida. No es lo que esperábamos”, dijo antes de anunciar que apelarán el fallo.
La Fiscalía reclamaba 30 años de prisión. En su contacto con la prensa las fiscales ponderaron que el tribunal receptara su versión de los hechos y validara la prueba, pero indicaron que esperarán los fundamentos antes de decidir si apelan.
Los hechos
Ivana Garcilazo tenía 32 años, era hincha de Rosario Central y aquella tarde del 30 de septiembre de 2023 había ido al Gigante de Arroyito para ver el clásico que el Canalla le ganó 1 a 0 a Newell's. Los tres acusados se juntaron a ver el partido en la casa de un hermano de Masson en Iriondo y Catamarca. Desde esa esquina, enojados por la derrota y luego de anunciar que iban a pelearse o a golpear a alguien, fueron caminando hasta la zona del Parque Independencia, cerca de su club, como lo constató la ubicación de sus teléfonos.
“Esa ubicación no fue casual ni azarosa: es una arteria por la que, apenas terminado el partido, era muy probable que circularan simpatizantes de Central”, dice la sentencia. En la esquina de Montevideo y Ovidio Lagos se detuvieron ante una caravana de simpatizantes auriazules que esperaban luz verde ante el semáforo. En su moto moto, sin casco y vestida con una camiseta de Central, ente ellos estaba Ivana. Detrás iba en otra moto su pareja, Daniel Valenzuela.
Entonces los tres acusados tomaron pedazos de baldosa de la vereda rota de la esquina y los arrojaron “en forma conjunta” con los hinchas de Central. Eran bloques de un peso estimado en 1,200 kilo. Uno golpeó a Ivana en la cabeza y la hizo caer de la moto, inconsciente. Como si la hubieran nockeado, dijeron los testigos. Según la prueba médica, pudo haber muerto por el fuerte impacto de la piedra o el de la caída.
Para los jueces, un único impacto certero delimita un único autor. Dijeron que no se trató de un acto solitario sino de un ataque “simultáneo y coordinado”, resultado de una decisión común: fueron al lugar juntos, actuaron de la misma manera y eligieron un medio “peligroso”, con aptitud para causar una muerte.
