Una madre que mata a su hijo, un acto difícil de entender
El crimen del niño Martín Vázquez, asesinado por su madre, conmueve a la Argentina. “Lo hice para cagar al padre”, aseguró la mujer. Un médico psiquiatra devela qué se esconde tras una acción semejante.

Lunes 26 de Marzo de 2012

Adriana Cruz sumergió a su hijo e sólo 6 años en las aguas de un jacuzzi para quitarle la vida. Antes, dejó frases escritas en aerosol en las paredes insultando al padre de la criatura, su ex marido. Hasta ahora, no ha mostrado signos de arrepentimiento por haber matado a su hijo. El crimen, que sucedió la semana pasada, sigue siendo un tema de conversación que genera estupor. ¿Pudo evitarse? ¿El odio es capaz de generar un acto semejante? El médico psiquiatra Lucas Raspall, del multiespacio Anima, de Rosario, habló con LaCapital.com.ar sobre el filicidio, un acto difícil de comprender para la mayoría de los seres humanos.

- Una madre mata a su hijo para “vengarse” del marido. Para el común de la gente es difícil imaginar qué esto es posible, ¿puede explicarse?

- No es sencillo explicar un acto como el sucedido, situación que largamente supera la ficción. Es que sobrepasa la capacidad de un razonamiento que considera ciertos fundamentos como punto de partida. Si estas bases no son compartidas, entonces todo lo demás que se construye por encima de estos pilotes no es comprensible. Desde nuestro lugar, como investigadores de los laberintos de la mente, psiquiatras y psicólogos podríamos aventurar diez mil hipótesis, pero la llave para acceder a la explicación la tiene exclusivamente esa madre, y, seguramente, sólo en ese instante de “locura” y no ya después. Una cosa sí es importante considerar: quizás mató a su hijo para vengarse de su marido, para lastimarlo, para dejarle una huella indeleble; pudo hacerlo para eso, pero no lo hizo por eso. Lo hizo para dañar, pero lo hizo porque, de alguna manera u otra, está enferma, muy por fuera de los parámetros de la “normalidad”.

- El "odio" ¿es una enfermedad?

- No. Es una de las caras que sabe mostrar la ira. Y ésta, como cualquier otra emoción es absolutamente normal. Los seres humanos contamos con siete emociones básicas: ira, miedo, ansiedad, asco, vergüenza, sorpresa y alegría. Luego, estabilizadas en el tiempo por un pensamiento o explicación, éstas se multiplican en una gran cantidad de sentimientos. El odio es un sentimiento que contiene la emoción de la ira, como lo hacen también el rencor, la envidia, los celos… no hay nada de anormal en éstos si se contiene dentro de ciertos márgenes y si los estímulos que los disparan se pueden considerar como suficientes para hacerlo.

- Hay abogados que ya advierten que la mujer es imputable porque sabía lo que hacía y no parece tener arrepentimiento. ¿Qué puede decir sobre este punto?

- Hablando de trastornos, sabemos que muchos padecimientos en el campo de la salud mental operan con conductas ampliamente reprobables por el consenso de la sociedad y que, aún así, y contra todo tipo de explicación racional o emocional que pueda dársele al asesino, no hay empatía ni culpa, por ende, no hay un real arrepentimiento. En la medida en que el asesino es consciente de lo que está haciendo, encontrándose en pleno dominio de sus actos (como lo es este caso), entonces es imputable.

- ¿Hay conductas o antecedentes en una mujer o un hombre que puedan advertir que es capaz de matar a un hijo?

- El reconocimiento del antecedente del padecimiento de un trastorno psicopatológico severo, con conductas agresivas e impulsividad, puede encender una alarma en la cabeza de un profesional, así como en la de los familiares. No obstante lo marcado, los psiquiatras trabajamos permanentemente con pacientes que reúnen las características citadas, pero el filicidio es una circunstancia absolutamente excepcional. Quiero reforzar esto: es fundamental no condenar ni discriminar al paciente psiquiátrico por casos como éste; estamos hablando de un caso de una rareza única. Hay que ser muy cautos.

- ¿Qué aportes puede hacer la psiquiatría para prevenir hechos como éste?

- Desde el campo de la salud mental podemos colaborar en la prevención de hechos como éste en la atención y contención de pacientes y familiares, en la diagramación de un tratamiento que dé cuenta de las necesidades del paciente y la gente que lo rodea, disminuyendo el riesgo para sí o terceros de forma contundente. La sociedad toda puede hacerlo, cada uno desde su lugar y con sus herramientas. Y quiero agregar una cosa más, éticamente lo siento necesario: no he leído ni escuchado aún diagnósticos de la paciente y  no dudaría en sugerir de cuál se , pero por favor, es preciso conservar en secreto y silencio tal diagnóstico, porque su irresponsable publicación puede dar lugar a peligrosas distorsiones y miedos en otras personas que lo padezcan y la gente que las rodea.