Martes 06 de Julio de 2021
El amor por las mascotas es más fuerte. Y la historia de la perrita Phoebe, que murió en 2013 y su dueño, Mitch Byers es una muestra de que el sentimiento puede vencer a la muerte. Y es que el joven de 29 años, residente de Portland, Estados Unidos, decidió embalsamar a su mejor amiga y seguir haciendo su vida en su compañía.
La mascota, que falleció en 2013, lleva más de diez años en la familia Byers, pero la mitad de la década la pasó embalsamada. La decisión de enviarla a un taxidermista fue de la madre de Mitch, pero el resultado fue tan divertido que toda la familia aceptó de nuevo a Phoebe.
Desde entonces Mitch Byers, que en aquel momento estaba pasando por una dura ruptura sentimental, decidió a llevarse a Phoebe con él a todas partes como compañera inseparable.
Fue en uno de sus viajes por carretera en 2018, cuando Phoebe y Mitch se hicieron virales por primera vez. Su fiel compañera ocupaba el asiento del copiloto y el dueño, consciente del peligro que existe en dejar a perros encerrados en el coche en los días de color, decidió pegar un cartel en la ventana que dio la vuelta al mundo.
En él advertía que no había necesidad de romper el cristal y ayudar al animal, pues "estaba disecada". La nota completa asegura que "ella está pasando un gran tiempo mirando por la ventana" y que "no hace falta preocuparse".
Phoebe y Mitch siguen con su vida normal en Portland, mientras la cuenta de Instagram llamada "Mi perra muerta y yo" cada día tiene más éxito. Con más de 12.000 seguidores, las publicaciones se están convirtiendo en la comidilla de Instagram.
Los comentarios se dividen entre los que deciden reírse de la alocada situación, y los que aseguran que esta amistad es casi demoniaca, y cuanto menos preocupante.
Lo más curiosos es que la figura inmóvil de Phoebe despierta más simpatía que miedo y la sonrisa de Mitch en las instantáneas ayuda a comprender que, más allá de un juego macabro, la disección del perro lo ayudó a hacer frente a su perdida.