Miércoles 08 de Septiembre de 2010
Natascha Kampusch, quien siendo una escolar fue secuestrada y mantenida en cautiverio durante
ocho años en una localidad cercana a Viena, presentó el libro en el que cuenta su largo calvario.
Natascha sobrevivió el comienzo de sus ocho años de cautiverio en una
celda subterránea pidiéndole a su secuestrador que le leyera cuentos, para crear una “ilusión
de normalidad”, de acuerdo a su nuevo libro. Ella fue raptada cuando regresaba a su casa en
el distrito vienés de Donaustadt cuando tenía diez años de edad el 2 de marzo de 1998.
La historia de Kampusch, presentada ayer en Viena con el nombre de
“3.096 Days”, narra cómo su captor Wolfgang Priklopil la hizo pasar hambre, la golpeó
tanto que a veces no podía acostarse y la forzó a limpiar la casa semidesnuda, llamándola su
“esclava”.
Pero sobrevivió a ese calvario usando sus “instintos
infantiles”, juzgando cuándo ceder ante un hombre “mentalmente enfermo” y cuándo
enfrentarse a él, que se suicidó horas después de que lograra escapar en 2006.
Kampusch dijo que se obligó a sí misma a retroceder mentalmente a los
cuatro o cinco años para poder soportar las primeras noches en esa celda sin ventanas debajo de la
casa donde la encerró Priklopil, cerca de la capital austríaca.
“Fue un intento desesperado de crear un pequeño refugio en una
situación sin remedio”, escribió la joven, ahora con 22 años, en la versión alemana de sus
memorias.
“Cuando el secuestrador volvía a la celda yo le pedía que se
quedara conmigo, me arropara en la cama y me contara un cuento. Hasta le pedía un beso de buenas
noches, como solía darme mi mamá (...) todo para preservar una ilusión de normalidad”,
agregó.
Kampusch escribió diarios durante sus últimos años de encierro, que la
ayudaron a formar la base de su libro, creado con la ayuda de dos escritores.
Mañana se publicará una traducción en inglés.
Kampusch fue víctima del abuso sexual y mental por parte de Priklopil,
que día y noche le gritaba a través de un sistema interno de comunicaciones que ella debía
“obedecerlo”.
También le afeitó la cabeza y le quemó el pelo porque temía que la
policía hallara rastros de ADN en su cuerpo y la hizo pasar hambre.
“Con esos métodos me mantenía débil y cautiva con una mezcla de
dependencia y gratitud (por la comida)”, asegura.
En medio de ese infierno, intentó matarse varias veces.
Kampusch se escapó hace cuatro años, cuando estaba limpiando el auto de
Priklopil y él se distrajo por una llamada telefónica.
“Estaba sola. Por primera vez desde que comenzó mi encierro, el
secuestrador había alejado la vista de mí”, escribió. Kampusch recuerda que se congeló de
sorpresa.
“Corre, corre, por favor”, se dijo a sí misma.
La joven afirmó que con estas memorias “ahora puedo decir
realmente: soy libre”. l