Los dos adolescentes perdieron a su madre, a su hermanito y a su abuela el 24 de junio en La Guaira. Se mudaron a Cali el viernes pasado, y tres días después otra vez la tierra tembló bajo sus pies
23:00 hs - Jueves 13 de Agosto de 2026
"Me vine de Venezuela y el terremoto me está persiguiendo", dice Deivi Delfín desde una barbería en Cali, Colombia, donde trabaja su padre. Este adolescente de 15 años y su hermano Winder, de 17, fueron testigos de cosas que ningún niño debería ver: cadáveres irreconocibles, casas sepultadas, familias desesperadas y sus propios parientes fallecidos.
Los hermanos Delfín vivieron los devastadores terremotos del 24 de junio en La Guaira, la zona más afectada de toda Venezuela. Allí perdieron a su madre, Yusmani, a su hermanito Moissés, de 10 años, y a su abuela Carmen.
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Este lunes, tres días después de migrar a Colombia con su padre y a menos de dos meses del sismo en Venezuela, la tierra bajo sus pies volvió a temblar. Cali es una de las ciudades más golpeadas por el terremoto de magnitud 7,4 que dejó cientos de muertos en el país cafetero.
El 24 de junio, los adolescentes fueron a pasar el día a la playa. Dos grandes temblores sacudieron Venezuela con una diferencia de 39 segundos. Cuando regresaron a su casa, vieron que el edificio de 12 pisos donde vivían se había derrumbado. "Mi mundo se me cayó encima", dice Winder.
El gobierno venezolano cifra en más de 6.300 los muertos por los terremotos, y todavía no existe una cifra oficial concreta de desaparecidos.
Una familia destrozada
"Estuvimos varios días por ahí, ayudando a mucha gente. Vimos a varios niños sin cabeza, a gente con la mitad del cuerpo aplastada pidiéndonos ayuda", contó Winder.
Su padre, Deivid, viajó desde Colombia para reunirse con ellos luego de casi una década viviendo en Cali. Durante tres semanas, los Delfín trataron de abrirse paso a través de los pisos comprimidos del edificio buscando el departamento 107. "En ese momento ya no me sentía como un niño", dice Deivi.
Encontraron los cuerpos de sus familiares, los cremaron y enterrarlos, y se mudaron los tres a Cali. Llegaron el pasado viernes 7. Tres días después, pasadas las 7 de la mañana, la casa comenzó a moverse: el peor terremoto en una década en Colombia sacudía al país.
Deivi y su hermano dormían. Cuando el temblor se agravó, salieron corriendo desde el segundo piso. Afuera se agarraron de una reja y esperaron a que dejara de temblar.
Cuando su padre sintió el terremoto pensó inmediatamente en sus hijos y corrió hacia la casa. Una vecina le dijo que los había visto salir y siguió buscándolos hasta encontrarlos frente a la barbería donde trabajaba.
"Papá, quédate tranquilo. Esto ya lo vivimos", le dijeron sus hijos.