Una tragedia ocurrida en menos de 24 horas dio origen a una ley, una guía y una campaña que hoy recorre el país para prevenir la violencia digital entre adolescentes
16:21 hs - Sábado 27 de Junio de 2026
Ema Bondaruk tenía 15 años. Había empezado ese año en un nuevo colegio, le gustaban el teatro y el canto y soñaba con estudiar Psicología. Como tantos adolescentes, su vida transcurría entre la escuela, sus amistades, su familia y las redes sociales.
Su nombre se hizo conocido en todo el país en agosto de 2024, cuando murió después de que se difundiera sin su consentimiento un video íntimo entre estudiantes de su escuela. El caso generó una profunda conmoción y puso en agenda una problemática que hasta entonces tenía poca visibilidad: la violencia digital entre adolescentes y la falta de herramientas para prevenirla y abordarla.
"No teníamos herramientas"
Con el paso del tiempo, Laura Sánchez dejó de preguntarse únicamente qué había ocurrido con su hija para empezar a cuestionar qué había fallado alrededor de ella.
"No teníamos herramientas. Nosotros como familia no las teníamos. La escuela tampoco las tenía. No era un tema instalado, casi no se hablaba de violencia digital", recuerda en diálogo con La Capital.
Por eso evita reducir la historia de Ema a una tragedia individual. Cree que también expuso un vacío institucional. "Si las escuelas, la familia y la propia Ema hubieran tenido las herramientas que hoy estamos construyendo, tal vez la historia habría sido distinta", considera.
Esa convicción fue la que dio origen primero a la Guía Ema y, más tarde, al proyecto de ley que lleva el nombre de su hija. Ambos parten de una misma premisa: que las instituciones educativas sepan cómo prevenir, detectar y acompañar situaciones de violencia digital antes de que sea demasiado tarde.
Del duelo al compromiso
Laura reconoce que la muerte de Ema modificó para siempre su vida. "Después de la muerte de un hijo nunca más se vuelve a ser la misma persona. Uno se reconstruye", explica.
En ese proceso encontró contención en Renacer, un espacio de acompañamiento para madres y padres que perdieron hijos. Allí comenzó, dice, una reconstrucción que no implicó olvidar, sino encontrar otra manera de seguir siendo mamá.
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Con el tiempo entendió que convertir la memoria de Ema en una acción también era una forma de darle sentido a ese camino. "Transformar la memoria de Ema en una acción no solo la convirtió en una memoria colectiva. También me devolvió el sentido de vida", confiesa.
Desde entonces dejó de hablar únicamente de su historia para empezar a recorrer escuelas, universidades, profesorados, clubes, defensorías y organismos públicos de todo el país llevando una misma pregunta: cómo construir espacios digitales más seguros para niños y adolescentes.
Una guía antes que una ley
Antes incluso de que el proyecto legislativo comenzara a debatirse, Laura y distintas organizaciones especializadas impulsaron la elaboración de la Guía Ema, un documento gratuito destinado a docentes, directivos, familias y estudiantes.
"La guía camina sola", dice. La descargan escuelas, universidades, profesorados, familias y hasta los propios chicos.
El material ofrece herramientas para reconocer distintos tipos de violencia digital, orientar a las víctimas y definir los primeros pasos frente a una situación de hostigamiento, difusión no consentida de imágenes íntimas, sextorsión o grooming.
Para Laura, la guía demuestra que la prevención no necesita esperar la sanción de una ley: "Las leyes también hay que militarlas. Si se aprueban y quedan guardadas en un cajón, no cambian nada."
La ley en Santa Fe
La historia de Ema ya trascendió el caso que le dio origen. En los últimos meses, Laura recorrió distintas provincias promoviendo la ley Ema, un proyecto que propone incorporar la ciudadanía digital al sistema educativo, capacitar a docentes, establecer protocolos de actuación y brindar acompañamiento a las víctimas de violencia digital.
Santa Fe es, hasta el momento, la provincia que más avanzó en ese camino. En marzo, la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad la iniciativa y ahora espera su tratamiento en el Senado.
Esta semana, Laura volvió a Rosario para participar de jornadas de capacitación con equipos del Ministerio de Educación y de la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes, además de mantener reuniones con legisladores para impulsar la sanción definitiva.
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Dice que cada encuentro vuelve a confirmar una certeza: "La mayoría de las veces nos llaman cuando ya pasó algo. Nosotros queremos llegar antes."
Esa idea atraviesa hoy todo su trabajo. Ya no se trata solamente de recordar a Ema, sino de construir herramientas para que otras familias no tengan que atravesar la misma experiencia. "Nuestro objetivo es que no haya ni una Ema menos", finaliza.