El capo narco llevó a su Hacienda Nápoles cuatro hipopótamos africanos. Hoy son casi 200 y viven en libertad en el río Magdalena. Si no se toman medidas, en 2030 llegarían a medio millar
Lunes 13 de Abril de 2026
En la década de 1980, el narcotraficante Pablo Escobar montó un zoológico privado en su Hacienda Nápoles. Entre los animales que reunió había un macho y tres hembras de hipopótamos africanos que se reprodujeron rápidamente, beneficiados por la falta de depredadores naturales y un ambiente ideal: calor, abundante vegetación y mucha agua. Los ejemplares no demoraron en escapar y expandir su población por el río Magdalena. Según estimaciones recientes, hoy habría poco menos de 200 ejemplares en la zona. Los habitantes de Puerto Triunfo debieron acostumbrarse a imágenes poco habituales, como por ejemplo salir a hacer las compras y encontrarse con un hipopótamo de tres mil kilos paseando sin apuro por las calles del barrio.
Incluso se registraron algunos ataques a personas, hubo hipopótamos bloqueando rutas de la zona, dañaron cultivos y arremetieron contra el ganado. Y un dato preocupante: también se reportó la presencia de un hipopótamo a más de 200 kilómetros de Hacienda Nápoles.
Tras años de debates, finalmente el gobierno colombiano autorizó un protocolo para practicar la eutanasia a unos 80 hipopótamos, descendientes de los que introdujo ilegalmente Escobar, el capo narco abatido por la Policía colombiana en 1993.
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Lejos de los días de la violencia del narcotráfico, hoy los visitantes se acercan a Puerto Triunfo para ver los "hipopótamos de la cocaína", pero la atracción turística también representa un problema serio para los habitantes de la región. Es por eso que la ministra de Ambiente, Irene Vélez, finalmente firmó un documento oficial que contiene lineamientos para la coordinación institucional en el manejo y control de los hipopótamos.
El plan es implementar en el segundo semestre del año eutanasias químicas con una inyección, y también se realizarán sacrificios con disparo de rifle, a cargo de un tirador certificado. Y, si la medida no surte el efecto deseado, está la posibilidad de permitir a la población la caza de hipopótamos.
Quienes ejecuten la eutanasia química deberán atraer a cada hipopótamo con alimentos hacia un corral. Una vez allí el animal recibirá un dardo que lo inmovilizará y luego le suministrarán el medicamento que le provocará la muerte.
En el caso de la eutanasia física, el protocolo indica el uso de rifles de caza de largo alcance y gran potencia —la piel de los hipopótamos es gruesa y difícil de penetrar— con el fin de provocar el “menor sufrimiento al individuo”. El proyectil deberá ser apuntado “directamente a la cabeza del animal”, buscando que penetre el cráneo, lo que “causará el daño suficiente en la masa cerebral” para insensibilizarlo de inmediato y generar “la conmoción irreversible y la muerte”, acotó el protocolo.
Para la disposición final de cadáveres indicó que preferiblemente se realice un enterramiento disponiendo de una fosa con una pendiente de hasta cuatro metros de profundidad. Como alternativa se contempla la cremación.
La ministra Vélez advirtió que, de no tomar medidas, en 2030 Colombia tendría una población de 500 hipopótamos, afectando los ecosistemas y especies nativas como el manatí y la tortuga de río. Y con el riesgo de que se extiendan a otras regiones del país.