En Rosario hay más trabajadores en blanco que en el resto del país, pero el cuentapropismo avanzó y dejó señales sociales

Un informe de la UNR evidenció que la ciudad y la región tuvieron 59,1% de empleo registrado, por encima del promedio nacional

06:30 hs - Sábado 08 de Agosto de 2026

El mercado laboral del Gran Rosario mostró una paradoja durante los últimos años: la región sostuvo una formalidad superior al promedio argentino, pero al mismo tiempo aumentó el peso del trabajo por cuenta propia, una categoría que presentó niveles de informalidad mucho más altos.

En el primer trimestre de 2026, el Gran Rosario registró una tasa de formalidad de 59,1 por ciento entre sus ocupados. El resultado quedó 3,4 por ciento por encima del promedio nacional y ubicó al aglomerado en el puesto 14 entre 32 centros urbanos relevados. La informalidad alcanzó, por lo tanto, al 40,9 por ciento de los trabajadores. La ventaja rosarina no apareció de manera repentina: al comienzo de la serie, en el cuarto trimestre de 2016, apenas llegó a 1,3 puntos frente al país; luego promedió 2,7 puntos y alcanzó un máximo de 8,3 puntos en el cuarto trimestre de 2023. El informe “Formalidad laboral argentina: una historia alternativa creíble”, elaborado por el Observatorio Económico Social de la Universidad Nacional de Rosario, describió ese proceso y permitió observar sus particularidades locales.

La evolución mostró que Rosario resistió mejor el deterioro de la formalidad nacional. Sin embargo, esa resistencia convivió con un cambio profundo en la composición del empleo. Entre el tercer trimestre de 2017 y el mismo trimestre de 2025, el trabajo por cuenta propia pasó de representar del 22,3% al 27,7% de los ocupados del Gran Rosario. En paralelo, el empleo asalariado retrocedió de 74,9 por ciento a 68,4 por ciento. El aglomerado terminó así con una proporción de cuentapropistas superior a la del conjunto urbano argentino, donde llegó a 24,5 por ciento.

Ese desplazamiento resultó relevante porque el cuentapropismo presentó una informalidad mucho mayor que el empleo asalariado. En el primer trimestre de 2026, los asalariados rosarinos tuvieron una informalidad de 36,1 por ciento, mientras que entre los trabajadores por cuenta propia llegó a 56,8%. La estructura fue similar a la nacional, aunque cada una de esas categorías mostró mejores registros en el Gran Rosario. La ventaja local, entonces, no surgió de una realidad laboral completamente diferente, sino de niveles algo menores de informalidad dentro de las mismas categorías.

La zona gris

El estudio, encabezado por el economista Germán Tessmer, también mostró una denominada “zona gris”, formada por situaciones en las que la condición del trabajador no coincidió con la formalidad del establecimiento. En el Gran Rosario, esa discordancia alcanzó al 12,3 por ciento de todos los ocupados durante el primer trimestre de 2026. Entre los asalariados llegó al 18 por ciento. El dato permitió ampliar la mirada sobre el problema, porque mostró que la registración laboral no siempre coincidió con la condición formal del lugar donde se desarrolló la actividad.

La distribución sectorial reforzó esa lectura. En el aglomerado, el servicio doméstico y la construcción quedaron entre las actividades con mayor informalidad, mientras que la enseñanza y la salud se ubicaron en el extremo opuesto. El comercio y la industria ocuparon posiciones intermedias. La industria apareció como uno de los casos más claros de la ventaja rosarina respecto del promedio nacional. El mapa sectorial, de todos modos, reprodujo en buena medida el patrón observado para el conjunto del país.

Educación, edad y tipo de empleo

La educación también marcó diferencias importantes. El informe encontró en el Gran Rosario un gradiente similar al nacional: la formalidad resultó mucho mayor entre quienes alcanzaron niveles educativos superiores. Entre el cuarto trimestre de 2016 y el tercero de 2025, los trabajadores con estudios superiores completos pasaron de 82,1 por ciento a 82,8 por ciento de formalidad. En cambio, entre quienes se ubicaron en el nivel educativo más bajo, la formalidad descendió de 40,1 por ciento a 34,8 por ciento. La brecha, por lo tanto, se amplió durante el período analizado.

La edad mostró una particularidad local. Los jóvenes de 19 a 25 años redujeron su formalidad desde 41,1 por ciento hasta 37,9 por ciento entre las puntas de la serie. Sin embargo, el deterioro más pronunciado apareció entre los adultos de 36 a 45 años: su formalidad cayó de 68 por ciento a 59,8 por ciento, una pérdida de 8,2 por ciento. El informe advirtió que la muestra local exigió prudencia al interpretar ese resultado, aunque señaló que la dirección del cambio resultó clara. La informalización no afectó solamente a quienes ingresaron al mercado laboral, sino que también alcanzó a trabajadores en edades centrales.

Por tipo de empleo, el Gran Rosario repitió la diferencia nacional entre los sectores público y privado. En el primer trimestre de 2026, el empleo público alcanzó una formalidad de 79,8 por ciento, mientras que el privado llegó a 56,7 por ciento. Por sexo, los varones registraron 61,6 por ciento de formalidad y las mujeres 55,9 por ciento. Esa brecha resultó más amplia que la observada en la trayectoria histórica local, por lo que el documento recomendó leerla con cautela debido al tamaño de la muestra.

La relación entre informalidad y pobreza ofreció uno de los datos más contundentes. En el cuarto trimestre de 2025, el 30,4% de los ocupados informales del Gran Rosario vivió en hogares pobres, frente al 9,8% de los trabajadores formales. La distancia alcanzó 3,1 veces. La pobreza total de los ocupados del aglomerado llegó a 17,9%, por debajo del registro nacional, pero la concentración entre quienes tuvieron empleos informales resultó prácticamente igual. El informe concluyó que el empleo formal funcionó como una frontera especialmente relevante frente a la pobreza.

Para el Gran Rosario, el resultado fue claro: hubo una posición relativamente favorable frente al país, pero también una transformación del empleo que dejó nuevas zonas de vulnerabilidad. La formalidad resistió mejor, aunque no alcanzó para evitar que la informalidad siguiera ocupando un lugar central en el mercado laboral rosarino y en la economía local.