Platsdarm, los recolectores de cadáveres de la guerra de Ucrania

Oleksii Yukov es un destructor de esperanza para las madres ucranianas. Pero su tarea es invaluable: les deja algunos restos de sus hijos para que puedan sepultar bajo una cruz.

Jueves 04 de Abril de 2024

Oleksii Yukov va vestido como soldado entre los muertos de la guerra de Ucrania, pero no empuña un arma sino que lidera Platsdarm, un grupo de voluntarios recolectores de cadáveres. Su único objetivo es devolver los cuerpos —o los pocos restos que pueda encontrar— a sus madres, sus familiares. "Vamos a llevarlos a todos de regreso. Solamente necesitamos algo de tiempo", repite Yukov ante cada madre angustiada que sabe que perdió a su hijo en el horror de la guerra y que necesita el cuerpo para darle sepultura.

Black Tulip fue el nombre de la red de recolectores de cadáveres voluntarios en que el instructor de artes marciales Yukov trabajó en 2014, cuando Rusia se apoderó de Crimea y se adentró en el este de Ucrania. Cuando Black Tulip se disolvió, Yukov fundó Platsdarm, que puede traducirse como “cabeza de puente” (o “área capturada”, en un sentido militar).

El olor en el auto es enfermizo y dulce, el aroma abrumador de cadáveres que han permanecido demasiado tiempo en el barro y las ruinas, los que los perros no devoraron. Yukov parece no advertirlo. Habla por teléfono con una de las madres. Ella supo que su hijo fue herido en batalla y lo dejaron allí, pero no está segura de dónde.

“Lo dejaron morir, ¿y ahora me dicen que murió como un héroe?’”, dice la mujer, y sus palabras se ahogan entre sollozos. Yukov le responde: “No llore, porque si se debilita nadie lo ayudará. No llore delante de nadie, no valen la pena. Llore sólo frente a la tumba de su hijo".

Yukov les dice lo mismo a todas las madres, que él va a encontrar a su hijo y llevarlo de vuelta, que hablen de sus hijos muertos para que sean recordados. Hay una persona en particular cuya historia Yukov no quiere que se olvide: Oleksandr Romanovych Hrysiuk, el hijo de Olha. Ella lo llama por su apodo, Sasha.

Una madre busca a su hijo

El 15 de mayo de 2022 Olha habló con su hijo. Sasha le preguntó por los cultivos de primavera, el huerto, sus caballos y sus vacas. "¿Las gallinas poniendo muchos huevos?", se interesó, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Sasha desapareció al día siguiente.

Olha sabía que Sasha participaría en una misión y que tal vez no podría estar en contacto. Pero al cuarto día llamó al jefe de su aldea, quien a su vez contactó a la oficina militar más cercana, que se comunicó con su unidad militar, que respondió que Sasha estaba desaparecido.

“En Ucrania tenemos el dicho de que Dios se lleva a los mejores. Creo que este es el caso", contó Olha.

Después de pedir información en las redes sociales, la nuera de Olha logró hablar directamente con algunos soldados de la unidad de Sasha. Dijeron que el soldado había muerto y lamentaron no haber podido llevar su cadáver con ellos porque el bombardeo fue demasiado intenso. Lo único que pudieron hacer fue esconderlo en un sótano en Dovhenke, un asentamiento rural en el este de Ucrania que cayó en manos de los rusos. Fue un héroe, dijeron.

Una espera insoportable

Olha quiería recuperar a su hijo, o al menos los restos que quedaran. Pero, ¿cómo? Empezó a hacer llamadas, tantas que tuvo que comprar una libreta para llevar un registro. Llamó a la Cruz Roja Ucraniana, al Comité Internacional de la Cruz Roja, a la Oficina Nacional de Información de Ucrania, al ejército ucraniano, al Cuartel General de Coordinación para el Tratamiento de Prisioneros de Guerra y a todas las líneas directas y grupos de voluntarios que pudo encontrar. Envió correos electrónicos al comisionado de Derechos Humanos y cartas al Ministerio de Defensa e incluso al propio presidente Zelenskyy. Anotó quién respondió y quién no. Y, sobre todo, quién le dijo que esperara. Olha esperó seis meses.

“Simplemente no podría vivir sin intentarlo. ¿Cómo es posible que ni siquiera pueda ver los huesos de mi hijo? ¡Incluso estaba dispuesta a ir yo misma a Dovhenke!", contó Olha.

Alguien le dijo que el único que podía llevar de vuelta a casa a su hijo, ese era Oleksii Yukov.

>> Leer más: Ucrania: Zelensky admitió 31 mil soldados muertos en la guerra contra Rusia

El trabajo de Yukov es llevar a todos de vuelta. Recogió los restos de un hombre que estaban esparcidos entre los árboles y se los devolvió a la madre del soldado. Sacó restos humanos calientes de un helicóptero en llamas. Recuperó el brazo de un soldado que colgaba de un árbol en particular, tal como afirmaba la madre. Asegura que en alguna ocasión hurgó entre excrementos de cerdos para recuperar huesos de dedos y dientes de hombres cuyos cadáveres fueron engullidos por los animales. "Si mataran a tu hijo, roerías la mierda con tus dientes para enterrar su cuerpo", afirma.

“A veces solamente quiero gritar. Gritar. Porque te das cuenta de la locura y del dolor que es esto. Entiendo que no tengo vida suficiente para terminar este trabajo de buscar a los muertos", sostiene.

Fantasmas en sueños

Yukov pasó su infancia con frío y hambre en Slaviansk, en el este de Ucrania. Cuando tenía unos seis años, excavaron un cementerio local para construir un nuevo hospital infantil y las excavadoras levantaron montones de ropa y huesos. Los niños corrían y jugaban con cráneos metidos en los extremos de palos. Yukov estaba conmocionado, eran restos de soldados alemanes y soviéticos de la Segunda Guerra Mundial.

Ese niño soñó una noche que corría en un bosque saltando pozos y trincheras hasta que cayó en un agujero profundamente iluminado. “Alguien me tomó por el cuello y me susurró: tenemos que ser enterrados", recordó. Entonces supo que tenía que convertirse en un "coleccionista de almas", como los llaman los lugareños.

A finales del verano de 2022, Olha le llevó fotos de Sasha y su tatuaje, así como imágenes satelitales de su ubicación aproximada. Yukov llegó a Dovhenke en septiembre, no mucho después de que los rusos se marcharon. Más del 90% de los edificios habían sido destruidos. Un día, mientras buscaba, Yukov dio un paso y escuchó el clic de una mina. La fuerza de la explosión lo derribó.

"Estaba tirado y sentí que no tenía piernas. Pensé: está bien, voy a conseguir prótesis. Pero vi agujeros y sangre que salía de mis piernas. Me dije: OK, las piernas están en su lugar. Pero de repente, no podía ver con un ojo. No había ojo", contó.

Almas que deambulan

Yukov regresó a Dovhenke con un parche como de pirata. Un pequeño gato gris dio vueltas entre los escombros. Comenzaron a cavar allí. "Las almas vienen y deambulan junto a nosotros. Recibimos una señal para mostrarnos dónde yacía", afirmó Yukov.

Sasha estaba aplastado bajo los escombros de un edificio derrumbado. Mantuvieron los fragmentos de la cabeza en lo que quedaba de su casco. No había mucho más del hijo de Olha: un brazo, la columna vertebral, pelvis, fémur, un codo.

La mujer nunca volvió a ver el rostro de su hijo. Yukov es un destructor de esperanza para las madres, pero de todos modos le agradecen. “Tu trabajo no tiene precio”, le dijo la mujer, que enterró lo que quedaba de Sasha el 16 de marzo de 2023 en el cementerio de su pueblo, bajo una cruz cubierta con flores y listones.

"Cuando alguien dice: estoy cansado de la guerra... sí, todos estamos cansados. Pero sólo necesitamos que entiendan: ayúdenos. No se queden sin hacer nada. Porque la guerra no tiene fronteras. La guerra también va a cruzar tu puerta", sentencia Yukov.