Martes 07 de Julio de 2009
Washington. — Robert McNamara, ex secretario de Defensa de John
Kennedy y Lyndon Johnson y principal arquitecto de la guerra de Vietnam, murió a los 93 años.
“Su edad lo alcanzó. No estaba enfermo. Murió pacíficamente mientras dormía”, dijo su
esposa a la agencia Reuters. McNamara admitió en su vejez que sobre Vietnam estaba
“equivocado, terriblemente equivocado”.
McNamara forjó una carrera brillante en la industria automotriz antes de
acceder al cargo que lo haría tristemente famoso. Más que ningún otro, excepto posiblemente el
presidente Lyndon Johnson, McNamara se convirtió en el símbolo de la fallida decisión que dejó más
de 58.000 soldados estadounidenses muertos y sumergió a la nación en un desastre sin fin en el
sudeste asiático. Sus críticos llegaron a llamar al conflicto “la guerra de
McNamara”.
Look característico. Con su pelo peinado para atrás y sus lentes sin armazón se
convirtió en una cara familiar en los EEUU de los años 60. Era considerado uno de los
“mejores y más brillantes” hombres convocados por el presidente John
Kennedy para formar su equipo de asesores políticos. Abandonó el gabinete en 1968, bajo presión de
Johnson. Desilusionado por los resultados de la guerra, McNamara había criticado el bombardeo
estadounidense del norte de Vietnam.
Pasó el resto de su vida intentando explicar el rol de Estados Unidos en
la guerra y pidiendo perdón por sus errores. El documental “The Fog of War” (20003), en
el que hablaba sobre el difícil proceso de toma de decisiones en Vietnam y la crisis de los misiles
con Cuba, ganó un Oscar.
McNamara se hizo conocido como uno de los empresarios que revitalizó a
Ford después de la II Guerra. Llegó a ser su presidente. Luego llegaría el cargo fatal: fue
nombrado secretario de Defensa por Kennedy en 1961 y mantuvo el puesto más tiempo que ningún otro
desde la creación del cargo en 1947. Aplicó sus capacidades para la organización empresarial en
modernizar el Pentágono en plena Guerra Fría.
Pero a medida que pasaba el tiempo, Vietnam se convertía en su
prioridad. Realizó varias visitas durante los primeros días de la intervención militar, que
Washington veía como la única manera de bloquear al comunismo en el sudeste asiático.
El historiador Theodore White dijo que McNamara argumentó que EEUU
debía plantear la decisión de ir a la guerra ante el Congreso y someterla a un debate abierto. Pero
Kennedy sólo autorizó un leve aumento de fuerzas. Tras su asesinato en 1963 y el ascenso a la
presidencia de Johnson, un demócrata conservador del sur, este cedió a la presión de los generales
y lanzó una masiva operación, que finalmente puso a más de 500.000 soldados estadounidenses en
Vietnam. McNamara, convencido de que la guerra podía ganarse para 1965, puso todas sus energías en
ejecutar las políticas de Johnson, pero no tuvo en cuenta la resistencia a la intervención, tanto
en el campo de batalla de Vietnam como en la propio sociedad nortamericana. La guerra duró hasta
1975, y terminó con una completa derrota del sur. EEUU se había retirado dos años antes.
Algo personal. El vínculo de McNamara con Vietnam se volvió intensamente personal.
Incluso su hijo, un estudiante de la Universidad de Stanford, protestó contra la guerra mientras su
padre la estaba conduciendo. Una vez, en Harvard, McNamara tuvo que escapar de una turba de
estudiantes a través de túneles subterráneos.
Luego de dejar el Pentágono en 1968 al borde de un colapso nervioso,
McNamara se convirtió en presidente del Banco Mundial y dedicó su ímpetu evangélico a la creencia
de que mejorar la vida de las comunidades rurales de los países en vías de desarrollo era un camino
más prometedor hacia la paz que las armas y los ejércitos.
Durante muchos años rechazó establecer públicamente su punto de vista
sobre la guerra. Pero a principios de los 90 comenzó a abrirse. Finalmente, en 1995 escribió sus
memorias. Allí admitió que él y sus colegas estaban “equivocados, terriblemente
equivocados” sobre el conflicto. Reconoció que falló en lograr una justificación rigurosa de
los generales de sus estrategias y tácticas, no comprendió a Asia en general y a Vietnam en
particular, y mantuvo el curso de la guerra cuando ya se había dado cuenta de su futilidad, debido
a que le faltó el coraje o la habilidad para convencer a Johnson.