Minorías y economía de mercado
En Estados Unidos y en general en todo Occidente es el tiempo de las minorías.

Viernes 12 de Junio de 2020

En Estados Unidos y en general en todo Occidente es el tiempo de las minorías. Ahora llegó el turno de la minoría afroamericana o, como gustan ellos que los llamen, negros, a secas. Hay claramente en la calle y la escena pública dos "agendas". Una, la radicalizada, es la más conocida por el espacio que le dan los medios, según la antigua lógica de lo más impactante y ruidoso es más noticia. La otra, la mayoritaria, mucho más moderada, es la que va adelante de la mano del Partido Demócrata: reforma a fondo de los Departamentos de Policía, que en EEUU son predominantemente municipales, mejoras en la asistencia a la comunidad, etcétera. Reformismo, en suma. Poco espectacular pero eficaz y de largo plazo.

Se repite el carácter de las dos caras o ramas que se dio con las demas minorías, como la hispana, y las minorías sexuales, así como con el feminismo. El reformismo de fondo se impone, el radicalismo va al frente y produce el impacto mayor. En el caso que nos ocupa, la minoría del activismo radicalizado y violento es vista con recelo por la mayoría de la comunidad negra. Por esto, Joe Biden, que tiene casi asegurado el voto negro en noviembre, dijo esta semana que se opone categóricamene a desfinanciar los departamentos de policía, que es la propuesta de esa minoría radicalizada y sus aliados de la izquierda estadounidense. Lo dijo también porque Trump lo trata de pegar todo el tiempo a esa agenda radicalizada. Pero así como se impondrá la reforma policial y no la disolución policial, del mismo modo ocurrirá a largo plazo con el movimiento feminista y las minorías sexuales. Los que finalmente ganarán y prevalecerán son los que llevan adelante la agenda reformista, realista y concreta, sobre las minorías estridentes y violentas.

De nuevo: en lo mediático, gana el joven negro que quema comisarías, así como hace un par de años ganaba la chica con los pechos desnudos que tira bombas molotov. Pero cuando pasa ese impacto potente pero efímero, se imponen el feminismo racional y el movimiento de reivindicación de justicia y derechos de la comunidad negra. La vía reformista, ajena y decididamente contraria a la violencia sectaria y rencorosa, que finalmente solo les sirve a los populistas de derecha. Trump es el ejemplo más claro y actual. El presidente se llama a sí mismo en sus tuits el presidente "ley y orden". Como todo populista, se nutre de la polarización y el maniqueísmo.

Ahora bien, la cuestión de fondo va más allá, aunque está directamente conectada a esta puja entre un sector moderado prevaleciente y una minoría radicalizada violenta en cada una de estas minorías. En Estados Unidos y en todo el mundo occidental. Mientras en Argentina y España, por dar dos ejemplos bien conocidos y cercanos, la extrema derecha confesional ve en estos avances reformistas (el aborto, el matrimonio igualitario, etc) la mano del "imperio masón y sajón", coincidiendo y disintiendo a la vez con esa extrema izquierda anticapitalisa que hegemoniza la "calle" en las reclamaciones más ruidosas y violentas.

En lo mediático gana el joven negro que quema comisarías, así como hace un par de años ganaba la chica con pechos desnudos que tira bombas molotov

Y esa cuestión de fondo lleva a un dato estructural, que es la clave de lectura de todo este asunto: para la nueva economía de mercado, la economía del conocimiento y de la inmaterialidad, o más bien de una materialidad ligera, la de "la Internet de las cosas", esas antiguas segregaciones por raza, género o inclinación sexual son altamente disfuncionales, además de condenables e inmorales. Por esto es que las empresas multinacionales de la nueva economía están al frente del respaldo de las marchas pacíficas por George Floyd, y hace años adaptan y reforman continuamente sus reglamentos internos como ningún otro sector para integrar a mujeres y minorías sexuales. El capitalismo avanzado siempre es más rápido y agudo de visión que sus antagonistas y enemigos. Esta regla se ha demostrado válida una y otra vez a lo largo de la Historia. Desde Bismarck y su Estado Social a Larry Page y las gigantes de las finanzas online deslocalizadas en todo el planeta, que se ocupan casi obsesivamente para que las "métricas" en la admisión de mujeres, gente LGTB y "black people" se cumplan a rajatabla. Mientras los radicales de esas minorías vociferan en las calles contra la economía capitalista y saquean y queman sus símbolos (los Apple Stores fueron un blanco favorito en la primera etapa de las protestas por Floyd, hasta que los líderes de la comunidad impusieron el orden). Así, ni la ultraderecha cristiana, ni la figura de Trump "presidente de la ley y el orden", ni las minorías extremistas anticapitalistas montadas en las causas del feminismo o de las minorías raciales o sexuales tienen futuro a largo plazo. Será la economía de mercado mas avanzada la que marcará el paso, como lo hecho siempre, y las minorías serán incorporadas, como lo están siendo desde los años 60. Porque está claro que desde el punto de vista de una compañia como Windows, Apple o Google, dejarlas afuera es totalmente irracional, además de inmoral. Son recursos humanos ue se desperdician y consumidores que se pierden. El caso más emblemático tal vez sea el de la mujer. El feminismo nació en EEUU y fue seguramente en este país donde la condición de la mujer hizo más progresos desde los años 60. O tal vez sí, entre las pequeñas naciones escandinavas o Nueva Zelanda, posiblemente en el resto de Europa del Norte, pero decididamente no fuera de ese reducido número de sociedades muy avanzadas.