Jueves 24 de Febrero de 2022
Los ataques de las fuerzas armadas rusas contra Kiev y otras ciudades de Ucrania mataron a decenas de personas según las autoridades ucranianas.
Ucrania cree que comenzó una “guerra a gran escala” y que la intención de Rusia es destruir el estado ucraniano, una democracia de tipo occidental decidida a alejarse de la influencia de Moscú.
Los principales países y organismos multilaterales de Occidente, donde conviven Estados Unidos y las naciones de la Unión Europea, tuvieron reuniones de urgencia y anticiparon sanciones financieras a Rusia. ¿Pero tienen realmente algún efecto esas medidas?
Aquí las claves de un conflicto que pone en riesgo la paz mundial y que puede derivar en un nuevo esquema geopolítico:
La historia
Desde la caída del Muro de Berlín y el fin del Pacto de Varsovia, que terminaron con la Unión Soviética y desencadenó un proceso independentista de las naciones que la integraban, las tensiones entre Rusia y sus vecinos fueron relativamente constantes. Ucrania se proclamó independiente en 1991.
Desde entonces hubo alternancia de períodos de distensión y de hostilidades. Pero las relaciones se quebraron cuando en 2014 el entonces gobierno de Ucrania –que tenía un gobierno afín a Moscú– se negó a firmar un acuerdo de asociación y libre comercio con la Unión Europea que había sido votado en forma mayoritaria en el Parlamento y terminó derrocado tras una ola de protestas.
El nuevo gobierno, decididamente prooccidental, relanzó planes de ingresar a la OTAN, algo que para Rusia era una amenaza insostenible para su seguridad. Moscú desconoció la legitimidad de la nueva administración ucraniana, ya que consideró que había llegado al poder mediante un golpe de Estado, lo mismo que grandes poblaciones rusoparlantes.
En ese marco, los habitantes de la Península de Crimea aprobaron en un referéndum separarse de Ucrania e incorporarse a Rusia, que luego anexó el territorio. Allí tiene su flota del Mar Negro, cuyo control le proporciona la única vía de salida al mar Mediterráneo.
Otras dos provincias rusoparlantes del este de Ucrania, Donetsk y Lugansk, fueron reconocidas como independientes por Moscú, que les dio apoyo político y según occidente también equipamiento militar.
Los acuerdos incumplidos
En un marco de tensión y “guerra de guerrillas”, como la definió a La Capital el especialista en Política Internacional Mariano Yakimavicius, en 2014 se firmaron los Acuerdos de Minsk, que buscaban poner fin a los permanentes enfrentamientos entre Donetsk y Lugansk con el Gobierno de Kiev. El pacto, que contó con el patrocinio de Rusia y Ucrania más la participación de Francia y Alemania como garantes, nunca se puso en marcha y en realidad dio paso a mayores hostilidades.
Por eso, casi un año después, en febrero de 2015, los mismos actores suscribieron un segundo convenio que al menos logró poner fin a la guerra declarada, pero no a la situación de tensión. Que volvió a dar paso a escaramuzas militares cuando las dos autodenominadas repúblicas denunciaron la falta de cumplimiento del acuerdo por parte de Ucrania y, con el apoyo financiero y militar de Rusia, se armaron para enfrentar al ejército ucraniano.
En ese marco, hubo miles de muertos de ambos lados, que cruzaban acusaciones: los separatistas protestaban por acciones del Estado ucraniano que consideraban una persecución criminal, y el Gobierno de Kiev aseguraba que la lucha de los rebeldes encubría una intención de Rusia de querer dominar su territorio.
¿Sirven las sanciones?
Los aliados occidentales de Ucrania anunciaron enseguida tras los ataques la aplicación de sanciones económicas y financieras. Pero esas medidas no tuvieron efecto alguno cuando comenzaron las tensiones y, con ese aprendizaje adquirido, parecen no preocuparle al régimen autoritario de Vladimir Putin. El especialista Yakimavicius explicó que el aislamiento que en su momento Rusia sufrió por parte de las naciones más poderosas de occidente la llevaron a realizar un ajuste que le permitió –en léxico político criollo– vivir con lo propio, con una tasa de crecimiento moderada pero estable y un incremento de sus reservas que, de acuerdo a lo explicado por el especialista, llegan a 630 mil millones de dólares.
Es decir, que es un país que tiene una autonomía económica que le permite absorber las sanciones. “Son como un baldazo de agua en la tormenta, no la van a mojar más de lo que está mojada”, graficó Yakimavicius.
El poder de la energía
En el marco de las sanciones a Moscú, el gobierno alemán anunció que detuvo el proceso de certificación del gasoducto Nord Stream 2, construido para transportar gas desde Siberia occidental a Lubmin en el noreste de Alemania. Pero en realidad ese gasoducto no está activo, dijo Yakimavicius a La Capital. En cambio, nada modificó Bonn sobre el gasoducto Nord Stream 1, que sí está en funcionamiento. “Alemania necesita el gas ruso, que representa el 50 por ciento de su energía”, explicó el especialista.
Rusia tiene gas y petróleo. No solo se autoabastece en esta materia sino que además exporta. Por eso, también puede influir en el precio internacional.
¿Hasta dónde puede llegar la escalada bélica?
Occidente cree que la intención de Putin es directamente invadir Ucrania. Si las sanciones, como se explicó anteriormente, no tienen un efecto real, queda la amenaza de una participación militar directa de Estados Unidos y países de la Otán para defender al gobierno de Kiev.
Putin, que lleva 23 años en un poder que ejerce a sangre y fuego, “olfatea que esas naciones están ante una debilidad que limitan su participación en el conflicto bélico a la provisión de armas a Ucrania”, sostiene Yakimavicius.
Rusia tiene hoy el segundo arsenal nuclear más poderoso del mundo y en los últimos años ha intensificado su tecnificación hasta superar en algunos aspectos a Estados Unidos.
La posibilidad de abrir canales de negociación será clave en los próximos días, pues nadie quiere una guerra nuclear que podría tener un poder destructivo fenomenal.
Mientras tanto, los ucranianos y ucranianas viven una situación desesperante y el resto del mundo asiste impávido a una nueva amenaza bélica que lo pone en riesgo.