La derrota en Ucrania causa una rebelión de los "ultras" rusos contra Putin
Alexander Dugin, máximo referente del sector, publicó un texto lapidario y sugirió incluso la "eliminación" del jefe del Kremlin

Sábado 12 de Noviembre de 2022

La derrota rusa en la ciudad ucraniana de Jersón causó un terremoto en el campo del ultranacionalismo ruso. El caso más candente es el del ideólogo Aleksander Dugin, principal exponente del nacionalismo dogmático ruso, quien publicó un fuerte ataque al presidente Vladimir Putin, advirtiendo que la retirada de Jersón es “la última posible” y que, en caso de nuevos reveses militares, hay que “eliminar” a los que están en el poder.

El texto de Dugin fue rápidamente censurado, pero copias circularon por las redes de Rusia y luego, traducidas al inglés, del resto del mundo. Para Putin, la disidencia de Dugin es un duro revés en su ya complejo frente interno. Putin no viajará a la cumbre del G20 en Indonesia, sin dudas porque su figura está muy golpeada por la serie de derrotas militares en Ucrania y en un evento internacional no tendría la protección contra preguntas sin censura de la que goza en Rusia.

Dugin, cuya hija Daria fue víctima de un atentado cerca de Moscú que al parecer iba destinado a él, publicó tras la retirada rusa de Kherson, un artículo en la página web de Tsargrad TV, propiedad del oligarca ortodoxo y financiador de las milicias de Donbass Konstantin Malofeev. Produjo un largo post en Telegram, que luego se relanzó en todas las plataformas sociales antes de ser borrado.

A continuación, algunas de las frases más resonantes: “Le damos al gobernante la plenitud absoluta de poder para que nos proteja a todos —al pueblo y al Estado— en un momento crítico. Si para ello se rodea de espíritus malignos o escupe sobre la justicia social, es lamentable, pero sabemos que nos protege”, reza el post de Dugin. “¿Y si no nos protege? Entonces le espera el destino del Rey de la Lluvia (ver “La Rama Dorada”, del antropólogo James Frazer)”. La referencia es a una historia de la “Rama Dorada”, en la que un rey es asesinado por no traer la lluvia durante una sequía.

“La autocracia tiene un inconveniente. Plenos poderes en caso de éxito, pero también plena responsabilidad en caso de fracaso”, escribe Dugin, sin mencionar nunca directamente a Putin. En Jersón se han rendido por completo. No hay que criticar a Surovikin (el general comandante de las tropas rusas en Ucrania), no es un político, se encarga de la parte técnica. La crítica no es para él, sino para los que usted conoce bien. Ninguna operación de relaciones públicas en este caso nos salvará. En una situación crítica, las tecnologías políticas no funcionan en absoluto. La historia habla hoy y pronuncia palabras terribles”, machaca Dugin.

Sólo después de muchas horas de silencio llegó una declaración de Dugin que “desmiente” en un comunicado las críticas al líder del Kremlin: “Occidente ha empezado a hacer creer que yo y los patriotas rusos nos hemos vuelto contra Putin tras la rendición de Jersón, exigiendo supuestamente su dimisión. Esto no viene de ninguna parte y se basa en un supuesto mensaje mío borrado.Nadie ha dado la espalda a Putin”. Sin embargo, el texto original se publicó en el portal web de Tsargrad TV, propiedad del oligarca ortodoxo y financiador de las milicias del Donbass Konstantin Malofeev. A esto le siguió una larga publicación en Telegram, que luego se difundió en todas las plataformas sociales antes de ser eliminada.

Lucha “intra-élite”

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Las protestas contra la invasión de Ucrania arreciaron en Moscú y otras ciudades rusas al inicio, en febrero y marzo. Luego fueron ahogadas por la represión y la ley que impone 10 años de prisión por manifestarse contra la guerra.

Para el analista Mark Galetotti, de CNN, la actual es “exactamente el tipo de crisis política que podría generar una lucha intra-élite, que podría hacer caer este régimen”. Para Galeotti, un conocedor de la Rusia de Putin, “al fin y al cabo, por ahora, las posibilidades de que se produzca un golpe de Estado son apenas mayores que las de que Putin sea derrocado por las protestas en las calles", o sea casi nulas. "Múltiples fuerzas de seguridad se equilibran entre sí: en Moscú, por ejemplo, están la guarnición militar, una división especial de la Guardia Nacional y el Regimiento del Kremlin, dependen de diferentes cadenas de mando. El Servicio Federal de Seguridad (heredero de la KGB) vigila a los tres, y el Servicio Federal de Protección, a su vez, a ellos.

“Mientras Putin sea capaz de controlar a los jefes de estos llamados ‘ministerios del poder’ y éstos cuenten con la lealtad de sus organismos, parece difícil derrocarlo”, estima Galeotti. Sin embargo, a pesar de que “parece estar firmemente en control, lo que está sucediendo es que su sistema se está volviendo cada vez más frágil, perdiendo los recursos que en el pasado le han proporcionado la resistencia para responder a desafíos inesperados”. Obviamente, “esto significa recursos financieros. A medida que las sanciones se agravan y los costos de la guerra aumentan, el dinero es cada vez más escaso. Casi un tercio del presupuesto de 2023 (más de 9 billones de un total de 29 billones de rublos) se destinará a defensa y seguridad. Esto deja proporcionalmente menos para apoyar los presupuestos regionales y mantener las industrias en dificultades”. Y “también significa una legitimidad debilitada y depender de la ‘buena voluntad’ de los servicios de seguridad y las élites locales. Los índices de aprobación de Putin siempre han sido artificialmente altos, dado que no existe una oposición significativa con la que medirse, pero no obstante están cayendo”.

Galeotti agrega: "La Guardia Nacional, la fuerza clave encargada de controlar las protestas en las calles, se ha visto diezmada por los combates en Ucrania. Los miembros de la Guardia Nacional también están enojados por ser utilizados como carne de cañón en una guerra para la que la policía antidisturbios no estaba ni entrenada ni equipada.

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La conscripción de "voluntarios" o no es profundamente impopular en Rusia. Las muertes en el frente se conocen, son al menos 60 mil y los convocados se han mostrado renuentes. Putin debió suspender la movilización de reservistas.

Mientras tanto, "aunque el malestar dentro de la élite permanece cuidadosamente silenciado, es evidente. Al igual que hizo durante el Covid-19, Putin está descargando el duro e impopular trabajo de reunir "batallones de voluntarios" y mantener la economía de guerra en sus alcaldes y gobernadores regionales. Mientras que algunos, como el gobernador de San Petersburgo, Alexander Beglov, han aprovechado para cortejar la aprobación de Putin, muchos otros están silenciosamente horrorizados".

Todo esto hace que "sea aún más difícil predecir el futuro de Putin y su régimen. Incluso los regímenes frágiles y estancados pueden aguantar mucho tiempo. Podría decirse que la Rusia zarista estaba en muerte cerebral en 1911, cuando el brutalmente reformista primer ministro Petr Stolypin fue asesinado, pero aún así duró tres años de catástrofe en la Primera Guerra Mundial antes de desmoronarse en 1917".

"El Estado de Putin es mucho menos capaz de hacer frente al tipo de crisis inesperadas que son a la vez difíciles de predecir y, sin embargo, inevitables" en última instancia. Podría ser cualquier cosa, desde una derrota generalizada en Ucrania hasta un colapso económico regional en cascada, que las fuerzas de seguridad se nieguen a reprimir las protestas en las calles o que Putin caiga gravemente enfermo.

En estas circunstancias, como en marzo de 1917 (febrero según el antiguo calendario ruso), quizá el comandante en jefe se enfrente a sus generales y políticos de alto rango y se vea inducido a dimitir por el bien de la patria.

En la actualidad parece difícil imaginar tal escenario, pero en general la élite rusa, tanto política como militar, no es "putinista" sino oportunista despiadada. Han apoyado a Putin porque les interesa; siguen siendo leales porque los riesgos de oponerse a él por ahora parecen mucho mayores. Si empiezan a creer que es vulnerable, es probable que se distancien de él a toda velocidad. Nadie quiere ser el último leal de un régimen condenado.

Sin embargo, pase lo que pase, los sueños de Putin de convertir a Rusia en una gran potencia gracias a su fuerza militar han terminado, al igual que sus ambiciones de asegurarse un legado como uno de los grandes constructores del Estado de la nación. Y Galeotti concluye:“La maquinaria militar de Putin está rota; la economía de su país está tan dañada que tardará años en recuperarse; su reputación como cerebro geopolítico está hecha añicos”.