Viernes 04 de Junio de 2021
Mientras en Israel el presidente del Parlamento (Knesset), Yariv Levin, confirmó este viernes que anunciará que el líder centrista Yair Lapid logró formar una coalición el lunes, un paso técnico necesario antes de que la Knesset pueda aprobar el nuevo gobierno, surgen análisis de los posibles beneficios que traería a Israel dejar atrás los 12 años de gobierno de Benjamin Netantanyahu.
En el portal Ynet, del diario de circulación nacional Yediot Ahronot, el analista Merav Batito publica una columna con un título esperanzador: "Una coalición histórica que podría sanar las divisiones en Israel".
A semanas de los enfrentamientos entre israelíes árabes y judíos, la inclusión del partido árabe Raam en el gobierno es una oportunidad para un cambio y una cooperación genuina. Pocos momentos de la historia política son comparables a lo que ocurrirá en los próximos días: después de 12 años en el poder el primer ministro Benjamín Netanyahu será destituido. A su vez, también es histórico el encuentro entre Yair Lapid (Yesh Atid) y Naftali Bennett (Yamina), los dos primeros ministros designados para el mandato, junto a Mansour Abbas. La firma del líder del partido árabe Raam para sumarse al gobierno trasciende la formalidad. Simboliza el comienzo del regreso a la normalidad para la sociedad israelí, y un indicio de que el liderazgo del país reunió el coraje necesario para liberarse de los prejuicios y las posiciones distorsionadas.
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Durante años Netanyahu utilizó una retórica incitante e hiriente contra los árabes israelíes. De repente, en un movimiento desesperado, después de las elecciones de marzo de 2021 "convirtió en kosher" a la facción islamista Raam, una situación que finalmente benefició al bloque opositor.
Aunque este cambio pueda parecer sorprendente, en realidad no lo es: las encuestas de opinión pública revelaron una y otra vez que los judíos y árabes israelíes desean convivir de manera pacífica. Los cuatro escaños de Raam en la Knesset así lo demuestran. En menos de un año un desconocido legislador se convirtió en una figura central de la política israelí, cortejado por el primer ministro y solicitado por los medios de comunicación. Netanyahu elevó públicamente la imagen de Abbas, quien finalmente se unió al bloque opositor.
A pesar de los avances políticos, la nube de violencia sectorial que experimentó el país el mes pasado aún se niega a dispersarse y ensombrece cualquier relación floreciente. Muchos residentes de las “ciudades mixtas” de Israel todavía están levantando los escombros de sus vidas anteriores, y se preguntan si sus comunidades podrán volver a la normalidad después de ver a los vecinos correr por las calles pidiendo sangre.
Esta “coalición para el cambio” podría ser lo que necesita la sociedad para restaurar la sensación de seguridad que el liderazgo israelí destruyó. Ahora que se rompió la barrera política, es responsabilidad del futuro gobierno garantizar que esa muralla de odio y desunión nunca más sea reconstruida con fines políticos.