Biden usó al G7 para relanzar a EEUU como líder de las democracias desarrolladas
El presidente se diferenció de su predecesor, Donald Trump, y se puso al frente del multilateralismo democrático para enfrentar a China y Rusia

Domingo 13 de Junio de 2021

El presidente Joe Biden usó la cumbre del G7 en Inglaterra para proclamar que Estados Unidos ha restablecido su presencia en el escenario mundial y que vuelve a liderar este club de las democracias más poderosas del planeta. Los EEUU de Biden se presentaron en la cumbre realizada en un balneario de la costa inglesa como los nuevos adalides del multilateralismo democrático. Enfrente, tomaron nota en silencio China y Rusia, los líderes de las autocracias que hoy más pesan entre las naciones emergentes. Biden, quien asumió en enero pasado, utilizó primer viaje al extranjero para conectarse con una nueva generación de líderes de las democracias más poderosas del mundo, aliados estrechos tanto en la lucha contra la pandemia, como en enfrentar las prácticas comerciales, represivas y laborales de China. El G7 está formado por EEUU, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia y Japón. En la cumbre en la costa inglesa también estuvieron presentes socios clave, como Corea del Sur y la Unión Europea, entre otros.

Al concluir la cumbre de tres días, Biden afirmó: “Estados Unidos ha vuelto a liderar el mundo junto a naciones que comparten nuestros valores más arraigados’’, en conferencia de prensa antes de salir de Cornualles para visitar a la reina Isabel II.“Hemos progresado en el restablecimiento de la credibilidad estadounidense entre nuestros amigos más cercanos’, sintetizó Biden. Esta es la esencia de su gira europea. Desde Londres, Biden partió hacia Bruselas, donde se suma a una cumbre de la Otán, la alizanza atlántica que tiene enfrente a Rusia, como en los tiempos de la Guerra Fría.

El presidente, que se encuentra en un viaje de ocho días por tres países, anunció en la cumbre del G7 un compromiso de compartir 500 millones de dosis de vacunas contra el Covid-19 . Sus aliados confirmaron su intención de sumar otros 500 millones y donar así más de mil millones de dosis a países de bajos ingresos.

El plan no solo tiene una dimensión sanitaria o de imagen. “No es solo lo correcto’’ de un punto de vista moral, dijo Biden. EEUU y Biden dejaron la imagen de que llevaron a sus socios europeos y Japón sumarse a su iniciativa. Y los siete socios quedaron muy por delante de sus adversarios geopolíticos, China y Rusia, que no han donado hasta ahora ninguna dosis de vacunas.

 Luego que Donald Trump se distanciara de los aliados tradicionales de su país con su política de “Estados Unidos primero”, Biden busca reconectar con los líderes de esas naciones, históricas socias de EEUU desde los tiempos de la Guerra Fría y el mundo bipolar. Hoy la tensión de la Guerra Fría renace, tanto con Rusia como en el Pacífico con China. No es momento para distanciarse de los socios de la Otán y Japón, como hizo Trump con miopía.

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 Biden puede decir que ha devuelto a los Estados Unidos a la senda del multilateralismo. “Estados Unidos ha vuelto al ‘negocio’ de liderar el mundo junto a naciones que comparten nuestros valores más arraigados”, dijo Biden en la localidad costera de Cornualles. Usó un vocabulario tìpicamente "americano" para definir la maniobra, proclamada por su gobierno desde el inicio mismo de la gestión, el pasado 20 de enero en Washington.

  “Creo que hemos progresado en el restablecimiento de la credibilidad estadounidense entre nuestros amigos más cercanos”, agregó, antes de tomar un vuelo para visitar a la reina Isabel II de Inglaterra en el Castillo de Windsor y luego viajar a Bruselas para una cumbre de la Otán, otro encuentro de vital importancia en la agenda del presidente.

Lenguaje corporal

 Biden también se diferenció de los cuatro años de Donald Trump en lo que se llama “el lenguaje corporal”. Entre la cumbre de este fin de semana y las tres cumbres a las que asistió Trump, las diferencias no podrían ser más marcadas. Si Trump fue fotografiado muchas veces con aspecto hosco en estas cumbres del G7, Biden parecía esforzarse por parecer relajado y cómodo entre los líderes mundiales, incluso cuando surgían diferencias. Se rió con ganas sentado junto al primer ministro británico, Boris Johnson, que parecía aliviado de que Biden haya dejado atrás su descripción del primer ministro como un “clon físico y emocional” de Trump. Es que Johnson, hasta no hace mucho un aliado y afín a Trump y figura decisiva en consolidar el Brexit, cambió de tono con la pandemia y hoy parece ser un convencido multilateralista y mira con otros ojos a sus vecinos.

Biden también se inclinó para darse un abrazo con el presidente francés Emmanuel Macron, mientras entraban en la sede de la cumbre, obligando a otros líderes a caminar alrededor. Biden le pasó a Macron una pregunta de un periodista sobre si Estados Unidos había vuelto. “Sí, definitivamente”, dijo el presidente francés. Y añadió después: “Es estupendo tener un presidente estadounidense que forma parte del club y está muy dispuesto a cooperar”. La relación entre Washington y París, históricamente difícil, está pasando por uno de sus mejores momentos, luego de cuatro años sombríos, en los que Trump no dejó de acentuar las diferencias. Algo similar vale para la Alemania de Angela Merkel.

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Biden y sus aliados impulsan una agenda de inversiones en infraestructura en países pobres para replicar la estrategia de China en Asia y Africa. Pero Beijing tiene la delantera, y EEUU y sus aliados deberán cubrir mucha distancia. China es hoy la potencia dominante en Africa. Este terreno será una de las pistas de prueba donde observar si la renacida relaciòn de EEUU y el G7 es real y va más allá de las buenas palabras y las buenas relaciones personales que ha logrado tejer Joe Biden en apenas seis meses.