Sábado 14 de Diciembre de 2019
El uso de las pantallas desde temprana edad, la necesidad de correrse de la mirada adultocéntrica y, sobre todo, escuchar más a las chicas y chicos para acompañarlos en la construcción de su identidad, son algunas de las puntas que propone Federico Dada para pensar a las infancias que cimientan a diario su ciudadanía digital.
Periodista y docente de la cátedra internacional de infancia y adolescencia "James Grant", dependiente del Instituto de Cooperación Latinoamericana (Icla) de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), Dada es periodista y divulgador de temáticas de niñez y las tecnologías en Salta, aunque da capacitaciones en todo el país. Precisamente sobre estos temas, afirma que en la Argentina "no hay políticas públicas y no hay un trabajo sostenido desde los Estados".
—¿Cómo están hoy las escuelas con la introducción de las pantallas, que durante años pendularon entre la prohibición y su incorporación?
—Creé un laboratorio que se llama "Conectados Argentina", que es un espacio de mucha participación de niñas, niños y adolescentes con los que generamos una instancia de escucha a través de foros y talleres. Esto nos llevó a comprender cuál es la mirada de los chicos, corriéndonos de la perspectiva adultocéntrica, y empezar a hablar con los padres. Nuestra mirada está puesta sobre la ciudadanía digital y cómo desde una perspectiva humanista desplegamos nuestras vidas en ese espacio. Y cómo esos entornos de digitalización inciden sobre nuestro comportamiento y nuestras vidas. Dicho esto, podemos decir que cuando se dialoga con niñas, niños, adolescentes o jóvenes, empezamos a encontrar que hay una enorme distancia entre lo que les está pasando a los chicos y chicas y la realidad que les hace vivir la escuela. Esa enorme distancia está marcada porque los chicos no son escuchados. Ellos dicen: nos sentimos muy poco escuchados por nuestros viejos y por la escuela. Y aquí es donde me permito hacer una serie de observaciones respecto de esta mirada instrumental y no humanista que se tiene sobre la tecnología. Por eso me preocupa que empecemos a introducir las pantallas en nivel inicial. De hecho hay estudios en el mundo sobre desarrollo de cognición de niños y niñas que no están recomendando el uso de pantallas por debajo de los 5 y 6 años.
—Este año el congreso de la SAP (Sociedad Argentina de Pediatría) que se hizo en Rosario alertó por el uso de pantallas entre los 2 y los 5 años.
—Es que hay diversos estudios que marcan muy claramente que no es recomendable el uso de pantallas en niños de esa edad. Por eso es interesante ver modelos que tenemos en la región, como el Plan Ceibal en Uruguay, donde hay construcción de ciudadanía digital. No solamente es la entrega del dispositivo en sí, sino que hay un trabajo en valores para todas las edades. Creo que ahí tenemos por lo menos un déficit en el abordaje que se está teniendo en relación a cómo las pantallas pueden ser usadas en el aula. Primero, lo que hay que generar es una mirada que esté acompañada por habilidades sociales, empatía y asertividad. Cuestiones que tienen que ver con lo estrictamente humano antes que con el vínculo con las pantallas. Y eso se educa sin pantallas primero. Eso es lo que seguramente vemos que no está ocurriendo en las escuelas, porque hoy en la caja curricular no hay asignaturas como educación emocional, habilidades sociales o ciudadanía digital. Porque la socialización que experimentan las y los niños y adolescentes en el mundo digital, si no está acompañada u orientada, pueden derivar en situaciones como el ciberbullying, el sexting o la difusión de imágenes íntimas. Y un sinfín de violencias que se dan en el espacio digital.
—¿Cómo dialoga la escuela con esa ciudadanía digital donde los y las estudiantes construyen su identidad?
—Cuando nos llaman de las escuelas y nos dicen que hay situaciones de violencia y de ciberbullying, hostigamientos o el envío entre chicos de fotos con sus cuerpos desnudos, lo primero que hacemos es preguntar si hay plan de contingencia. Entonces nos encontramos en muchas escuelas que nos dicen que no tienen las herramientas ni instrumentos para abordar incidentes de este tipo. Eso queda muchas veces a criterio de un director atento. Pero si nos encontramos con uno que es desatento, el sistema educativo en realidad no le da formación a ese docente para poder abordar conflictos y proponer a la vez situaciones de socialización y esparcimiento positivo en el espacio digital.
¿Qué preocupaciones surgen en esas charlas con los chicos?
—Los chicos muy rápidamente dicen que la gran mayoría de los adultos desconoce la lógica de internet y de las redes sociales. Y tras eso señalan que no hay diálogo y esto deriva en falta de confianza. Ellos dicen sentirse poco escuchados respecto de sus problemas en internet. Cuentan: "Me acosó un hombre la semana pasada, pero no le puedo contar esto ni a mi papá ni a mi mamá porque me van a quitar el celular". Esto lo que revela no es tanto la mirada sancionatoria o punitivista sino que no hay acompañamiento de los padres. O también se dan fenómenos como el phubbing, esa acción donde estamos conversando los dos pero yo te ignoro porque le estoy escribiendo por el celular a otra persona. Esto es algo que los chicos también señalan y mucho.
—¿Los medios escuchan a los pibes?
—Definitivamente en gran medida en la Argentina la niñez no está siendo visibilizada. El derecho a la comunicación tiene una raíz en el derecho a la participación, que es lo que te marca la Convención de los Derechos del Niño y la ley 26.061 (de protección integral de los derechos de las niñas, niños y adolescentes). El derecho a la participación es invisibilizado por la sociedad civil, los gobiernos e incluso por las carreras de formación de comunicadores. Porque en la Argentina no se forma con perspectiva de derechos de infancia. Decimos que es nuestra deuda más importante, pero las universidades no miran a la niñez desde el campo de la comunicación. Y no se comprende que los medios de comunicación pueden ser agentes o garantes de protección de los derechos de la niñez. Tampoco encontramos datos estadísticos. Lo único que tenemos es un informe que ha venido llevando a cabo la Defensoría del Público sobre cinco canales de Buenos Aires, que habla que la niñez tiene apenas una presencia en los noticieros del 1,5 al 2 por ciento. O los estudios que había hecho en su momento Periodismo Social, con monitoreos que mostraban que la niñez aparecía desde una mirada estigmatizante y hasta punitiva.