Viernes 06 de Octubre de 2023
Cuando vamos a hacer un taller de educación sexual integral (ESI) y abordamos el tema “embarazo adolescente” existe un pensamiento que flota en el aire. Un “a mí no me va a pasar”. Pero esto es tan probable como cuando escuchamos a un adolescente que se llevó nueve materias asegurar, cual político en campaña, “las saco a todas en diciembre”. Ya sabemos cómo termina esa historia, más allá de que encontremos algún caso que desmienta lo anterior.
Y esto tiene que ver con que, hasta que no nos tocan las situaciones de manera cercana, no las vemos probables. En broma, les aseguramos a esos grupos de estudiantes secundarios que en los siguientes dos años, el 20 por ciento de las y los presentes será mamá o papá, al tiempo que se quejan entre risas acusándonos de “mala onda”.
La dinámica de estos talleres con adolescentes suele partir de una consigna que parte de improvisar teatralmente la siguiente escena: el momento en el que una chica le dice al novio que el Evatest le dio positivo. En nuestra experiencia, en todos los casos el pibe descreía el relato de la chica, desconfiaba de la —para él— “supuesta paternidad”. “¿Qué sé yo si es mío?”, decían. En algunos casos, acusaban a la chica de ser infiel, pero lo cierto es que en la abrumadora mayoría de estas dramatizaciones, el “cuidado”, atendiendo a la responsabilidad de utilizar los métodos anticonceptivos adecuados, se le endilgaba a la mujer.
Entre la sorpresa y la evasión
A lo largo de los talleres, los varones expresaron dos actitudes que podrían encuadrarse en: 1) mostrar sorpresa ante la noticia de su novia, pese a haber tenido a mano métodos anticonceptivos de barrera, como los preservativos, a los que podían acceder gratis, y no querer usarlos; 2) tener un permanente comportamiento elusivo, que se traducía en “borrarse” desde el momento del inicio de la gestación.
A estos comportamientos descriptos podemos ubicarlos como típicamente patriarcales. El hecho de que los pibes no queden embarazados genera un marco para que puedan negar con facilidad y tomar distancia de la zozobra emocional que reina cuando irrumpe un embarazo no previsto, a pesar de tener un vago registro de que si como varón no te cuidás, la situación no debería sorprenderte y deberías hacerte cargo.
Los aprendizajes que mellan en la subjetividad masculina dentro de una matriz cultural patriarcal tienen una impronta caracterizada por la negación y la ausencia. En los hechos, cuando la cosa está consumada y ante una paternidad intempestiva, el varón tiene margen para activar mecanismos de negación que la mujer tiene completamente vedados, debido a su condición de gestante. Estás características que se van inscribiendo en la subjetividad de los varones adolescentes, constituyen esas marcas que, de no deconstruirse, reconoceremos en los futuros hombres adultos.
(*) Autor de “En el ojo de la tormenta, reflexiones sobre la construcción de las masculinidades” (Laborde Editor).