De vacaciones y pantallas
En tiempo de descanso de la rutina escolar, la autora propone un acercamiento de chicas y chicos a propuestas que los vinculen con la naturaleza y sus tiempos, que son distintos a la inmediatez de los videojuegos.

Viernes 29 de Diciembre de 2023

En este mundo en donde las pantallas tienen el protagonismo y absorben gran parte de nuestro día a día, es imperativo mencionar el lugar que ocupan en el devenir de las infancias. Sobre todo en este tiempo de vacaciones que se abre.

A partir de su uso y abuso este nuevo integrante de nuestra vida no tiene una influencia del todo positiva en el desarrollo de las infancias. Esto se ve interceptado e interrumpido por varias razones. Durante el tiempo en el que su atención está capturada o succionada por esas atractivas imágenes, está solo percibiendo movimiento, ejecutando —en el caso de un videojuego— cambios que le permiten reaccionar frente a la demanda de un software diseñado para el estímulo-respuesta, en estado de alerta permanente. Ahora bien, sin caer en simplificaciones, creemos vital detenernos en el valor de lo sensorial y lo corporal que devienen a partir de esta actividad.

Antes que nada, es importante hablar de la ilusión de protagonismo. Es decir, a la falsa creencia de que con un click se encamina y se dirige a un personaje diseñado bajo una lógica binaria. La aceleración de la respuesta de este tipo de actividad tiene dos consecuencias principales. Por un lado, las infancias no crecen con el valor de la espera, todo debe ser ya, ahora. Y por el otro, claramente los tiempos de la naturaleza y los reales no son así. Su percepción de la realidad virtual —de ese videojuego— tiene, además la ilusión-fantasía que con un click —que ellos ordenan y ejecutan— se termina porque ellos así lo deciden. Que este mundo virtual depende de la propia decisión. Ahí nos encontramos con una las principales dificultades con las que se encuentran los docentes: los niños no comprenden que ellos no deciden cuándo y cómo finalizar y/o comenzar algo. No hay capacidad de reflexión porque no se les da valor a las pausas.

Este mundo es el que se está fomentando, un mundo con infancias con un poder de decisión alejado de lo real, del otro y de lo social. Con un click, corto lo que deseo cortar, lo que me cansa o me corre de lo que se me antoja.

Claramente, la paciencia hacia este tipo de reclamos no está en la agenda atiborrada de los padres que están viendo esto como un agobio y no hacen más que seguir cediendo ante el deseo autoritario y arbitrario de las infancias. La conexión, si es que lo intentan se torna difícil entre padres e hijos que no ven otra salida que sacarles el móvil o el aparato con el que juegan. Cosa que las infancias ven como violento y no se explican que sus amados e idolatrados padres —que también ceden y son fagocitados por las pantallas— les quiten su objeto de inmediato placer. Esa incoherencia preocupante atraviesa hoy la escena familiar.

Cuál sería la propuesta ahora en la inmediatez de las actividades al aire libre y del tiempo de los niños en el hogar que tanto preocupa a los padres.

En primer lugar sugiero, como educadora en permanente trato con las infancias y en formación docente que la ausencia de pantallas esté planificada y que en su lugar aparezcan propuestas alternativas. Cada padre sabe qué motiva a sus hijos, y si no lo sabe es momento de averiguarlo.

"Los niños no comprenden que no deciden cuándo y cómo finalizar o comenzar algo, porque no se les da valor a las pausas"

En segundo lugar, sabemos que lo sensorial y lo corporal se encuentra en recesión y retroceso a partir de la supremacía de lo visual como sentido que acapara la vida social. Estamos viendo que, a su vez, pierden la capacidad de asombro y de curiosidad. Estamos viendo que se ha cambiado el estado de asombro por el de alerta, según sostiene el psicomotricista Daniel Calméls. Por lo tanto se sugieren paseos al aire libre en los que se estimule la visión de la naturaleza, los olores, lo tactil y se propongan juegos sencillos a partir de lo mencionado. La idea es que se puedan detener a observar en detalle. Por ejemplo: juntar piedritas de color rosa, con esas piedritas hacer un caminito de hormigas o de patos (vale para caracoles en la playa). O juntar piedritas lisas (así desarrollamos el tacto). Cada padre ideará y será lo suficientemente creativo como para proponer actividades ligadas a la escucha de pájaros (que en momentos de transición podrían ser grabados con el celular hasta que consigan apartarlo), del sonido del mar, de una música; si van en el auto observar la ruta, las nubes, los pájaros, etcétera. También inventar un baile o una coreo, muchos padres prefieren eso, algo que les guste y de a poco los saque de la zona de confort. Es vital que el relato de alguna historia esté presente, que la voz del que relata cambie de matices, con silencios y pausas; eso les fascina a los chicos, activa la sorpresa (la voz del lobo distinta a la de Caperucita, por ejemplo), y que en la parte final ellos puedan proponer otros finales, otras peripecias u otros personajes. Esto desarrollará el despliegue de la imaginación, el diálogo y la alternancia necesaria y vital en toda relación con otro. La vida fuera de las pantallas habla de una implicancia del adulto en el vínculo con el niño que redundará en una relación en la que no hará falta el autoritarismo, porque el adulto se habrá ganado el respeto. Esto no se da de un día para el otro, pero al final se notará la recompensa.

Otra de las cuestiones interesantes sería poder recurrir a lo corporal dejando de lado lo competitivo, proponer juegos dramáticos (ser exploradores de la selva) que pueden perfectamente anclarse con lo anterior y así el niño participa en lo ficcional con el adulto cuidador, se divierte, propone y se aleja de la perspectiva de lo deportivo y corporal que, cuando predomina la competencia, excluye al que no tiene “habilidades” deportivas o a veces no le gusta competir. Lo sensorial y lo corporal lamentablemente se ven deteriorados en su desarrollo a partir del sedentarismo y la demanda de la respuesta inmediata que proponen y que dirigen las pantallas que hoy nos dirigen la vida.

(*) Docente y actriz.