Cómo dedicarle tiempo a la lectura y no morir en el intento

La especialista Jimena Dib brinda tips para incorporar el hábito de la lectura y cuestiona a quienes dicen que los chicos no leen.

Sábado 27 de Julio de 2024

¿Hace falta dedicar un tiempo específico a la lectura? ¿Es necesario anticiparlo y organizarlo? ¿Cómo encontrar espacio para esta práctica frente a los estímulos y distracciones que generan las pantallas? Los interrogantes son algunos de los tópicos que aborda " Tiempo de leer", el libro de Jimena Dib y Marina Elberger editado por La Crujía.

La obra es parte de una creación colectiva de la que también participan Mariana D'Agostino, Vanina Estévez, Silvia Lobello, Juliana Ricardo y Paula Tomassoni. Un grupo de docentes y especialistas que proponen partir del tiempo como una metáfora para pensar la lectura. El libro es el primero de una serie de textos que continuará con "Tiempo de escribir", de próxima aparición.

"Leer es una experiencia vital más que el ser humano conquistó y te permite vivir muchas vidas", dice a La Capital Jimena Dib, una de las autoras de "Tiempo de leer". Profesora de formación docente y especialista en procesos de lectura y escritura por la Universidad de Buenos Aires (UBA), Dib invita a transformar la lectura en un hábito cotidiano. Brinda algunos tips para incorporarla sorteando las distracciones tecnológicas como las redes sociales y sostiene que decir que los chicos de hoy "no leen" es reproducir un eslogan que no refleja lo que pasa en las escuelas.

Tiempo de lectura

—¿Cómo dedicarle tiempo a la lectura y no morir en el intento?

—Pasa lo mismo que con todas las cosas que uno pospone, que sabe que le van a hacer bien pero no las hace. Hay que empezar desde algo chiquitito. Uno suele posponer la lectura de una novela para más adelante, para cuando "tenga tiempo" como en vacaciones o fin de año. Por eso siempre es preferible tomarse aunque sea cinco minutos y darle ese espacio diario. Eso vale para todos los buenos hábitos.

—¿Me decís algún tip para no tentarse con las pantallas?

—Nosotras lo que pensamos es que uno también lee en la pantalla. Son distintas modalidades de lectura aunque contrapuestas. Hay sí una condición necesaria que es tener libros a mano, por eso siempre es muy importante el objeto libro, que todavía perdura aunque desde hace años se le está augurando la muerte. Entonces, se me ocurre ir con un libro cuando estás de viaje, que uno suele tentarse mucho con mirar el celular. Tener un libro a mano es una posibilidad de hacer otra cosa y no estar tan enganchado sobre todo con las redes sociales.

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A los profesorados llegarán libros de Carina Kaplan, Liliana Sanjurjo, Laura Ramos, Carlos Skliar y Francesco Tonucci, entre otros.

Volver a leer

"Tiempo de leer" es el nombre del capítulo de Dib que también da nombre al libro publicado por La Crujía. El texto abre con una frase de Roland Barthes que reivindica a la relectura como una "operación opuesta a los hábitos comerciales e ideológicos de nuestra sociedad que recomienda 'tirar' la historia una vez consumida ('devorada') para que se pueda pasar a otra historia, comprar otro libro".

—¿Qué implica esa idea de Barthes sobre la importancia de la relectura?

—Lo quería plantear específicamente porque la relectura es algo que parece contracultural frente a la idea de pasar de lectura. Pasar por un libro y una vez visto decir "ya terminó", cuando la comprensión y la interpretación están en volver al texto. Es ir a contramano de cierto sentido común. Y además como el libro también está a caballo de propuestas pensadas desde lo educativo, la relectura es una práctica de lectura muy potente para enseñar a leer.

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—¿Cómo te llevás con la frase que dice que "hoy los chicos no leen"?

—No me llevo muy bien con esa frase. Me parece que es un eslogan que no está adecuado a la realidad que se ve en las escuelas. E incluso en las evaluaciones sobre las que se sostiene esa frase lo que una analiza es que los chicos pueden hacer un montón de cosas, desde localizar información, analizarla, definir e identificar el género de un texto. Hay una serie bastante larga de indicadores de lo que sí pueden hacer, refiriéndome a esas mismas evaluaciones, que también son bastante acotadas. Por eso digo que si uno va a las escuelas y ve el trabajo de los docentes se da cuenta que eso no es cierto. Me parece que es parte de un discurso que favorece mucho la crítica a la educación en general y a la escuela en particular. Por eso creo que esa frase no es muy conducente.

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La docente Jimena Dib, en plena charla con un grupo de alumnos de primaria.

—En la película "El suplente", el profesor que interpreta Juan Minujín pregunta al curso para qué sirve la literatura. te traslado el interrogante: ¿Para qué sirve la lectura?

—Es la pregunta del millón. Soy profesora de lengua y en las primeras materias del introductorio te hacen leer respuestas de "para qué sirve la literatura". Y ningún autor la responde. Pero con respecto a tu pregunta, lo que se plantea también en el libro es que leer es una actividad de la vida. Es como preguntarse para qué sirve levantarse o hacer las cosas que uno hace. La lectura es una experiencia vital más que el ser humano conquistó, porque no es algo natural, sino que es parte de un desarrollo cultural muy importante de la humanidad. Como dice Umberto Eco, leer te permite vivir muchas vidas. Es decir, además de que mejora la tuya, porque en el momento que leés la pasás muy bien, es una experiencia que te abre otras vidas.