Miércoles 14 de Abril de 2010
Mi edad física me desobligó con la habitual práctica del vivir: no obstante sigo cumpliendo actividades laborales, emito mi voto cuando corresponde, frecuento mi círculo de amigos, gozo de mi música preferida, practico mis hobbies, me embronco cuando pierde mi equipo. En una sola palabra: no me transformé en paria ni me desobligaron a nada porque yo lo decidí así. Durante media vida ejercí a conciencia mi tarea física y mental, siempre aporté monetariamente mi porción al Estado y jamás he perturbado el funcionamiento de la sociedad. Merezco obtener respuesta a mis fundamentales interrogantes. Hace 200 años de nuestra metamorfosis en país y no podemos explicar el acuciante tema de una inflación imparable. Se está jugando al gran bonete con la desesperación de aquellos que cada vez están más lejos del fin de mes y no tienen recursos supletorios. No se encuentra patrón de responsabilidad entre un gobierno desmintiendo la inflación, los productores primarios, los fabricantes, los intermediarios, los revendedores, transportistas, comerciantes, gremialistas, mecanismos recaudadores. Conozco cómo se reducen los costos pero no entiendo cómo se aumentan los precios de no mediar intereses espurios en esta gran cadena. Las estadísticas no cumplen ninguna misión y están manejadas por intereses políticos. Además, me preocupa grandemente que nuestro país empiece y termine en el conurbano bonaerense (antes era la General Paz). Es una extraña sensación la de laborar y aportar para muchísimos bonaerenses que viven sin trabajar, promueven disturbios con violencia y se hayan transformado en la soldadesca emblemática del actual gobierno (subsidios a cambio de nada). El país entero contempla azorado innumerables piquetes, cortes de ruta, macabros asesinatos, comercio de vidas y otras prácticas que trascienden la racionalidad humana. Necesitamos acciones y respuestas para justificar estos 200 años de vida nacional.
Rubén M. Baremberg,
rubenbaremberg@express.com.ar