Violencia en las penumbras

Lunes 28 de Diciembre de 2009

Desde 2000 en adelante los enfrentamientos en la vía pública de gente allegada a Newell’s tuvo dramáticos resultados sin culpables. El 16 de junio de 2004 la barra fue a buscar al barrio Las Flores a Oscar Cacho Lucero, antiguo líder de la tribuna, y balearon el frente de su almacén. No le dieron a él sino a su empleada, Nazaret Melgarejo, de 31 años y madre de cuatro hijos, que murió en el acto.
  No se halló al culpable de este asesinato, ni tampoco del de Gonzalo Ferraro, de 21 años, que recibió un tiro en el banderazo del 17 de febrero de 2005, dentro del estadio. No se sabe quién mató de un balazo de 9 milímetros a Marcelo Martín Coria, de 26 años, en el Fonavi de Alice y Lamadrid, el 8 de septiembre de 2007, donde la barra tiene predicamento y referentes.
  Nunca se aclaró quiénes eran los tres hombres que entraron a la casa del intendente del polideportivo de Ñuls en Bella Vista, Daniel Cáceres, y le asestaron cinco puñaladas el 24 de abril de 2002. Ni de tantos incidentes a balazos en plena calle que envolvían a conocidos barrabravas.
  Tampoco se sabe quien disparó balazos contra el frente de una panadería, en Vera Mujica al 3800, el 13 de noviembre de 2008. Ese día Mariano Vaccaro, de 27 años, recibió un tiro que lo dejó cuadripléjico. El abogado Ariel Moresco, militante del Mo.Le y actual dirigente del club, afirmó que los tiros iban dirigidos al cuñado del joven, Diego Ochoa, hijo de la dueña y conocido como “panadero”, quien había colectado firmas en favor del movimiento que derrotaría a López en los comicios del 14 de diciembre.