Sábado 30 de Marzo de 2013
“Perdón, al final la nota fue un bajón”. Con esa sinceridad brutal que la caracteriza, Cecilia Carranza Saroli cerró el mano a mano que mantuvo con Ovación días antes de partir a España, donde desde hoy competirá en el Trofeo Princesa Sofía (ver aparte). Hace algunos meses decidió dejar el Laser Radial, categoría que la llevó a dos Juegos Olímpicos y a ser, entre otras cosas, campeona panamericana en 2011, para subirse al catamarán de Nacra 17, una nueva clase olímpica, junto a otro rosarino, Esteban Blando. Sin embargo, la transición no fue sencilla: primero, porque todo cambio supone dudas, y segundo, porque debió enfrentarse a la negativa del Enard y a la de su propia federación que no querían apoyar su proyecto en un nuevo barco. Al final, y como siempre, Carranza optó por lo que ella sí quería: correr en Nacra con la mira en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016.
—¿Qué te motivó a cambiar de barco después de tantos años arriba del Laser?
—Fue una conjunción de cosas y en la balanza pesó más lo positivo que lo negativo. Básicamente pensé en un crecimiento a nivel personal porque hacía muchos años navegaba en Laser, un barco básico en el que lo más importante es lo físico, lo técnico y tu capacidad para correr la regata. Hay otros tipos de barcos, como es el catamarán (Nacra 17), en el que aparte de eso se le suma mucho lo que es el aprendizaje del trimado y las formas de las velas. En el Laser yo estaba sola, me preguntaba y me respondía, no tenía que consultar nada. Trabajar en equipo requiere un montón de cosas y aprender a hacerlo con alguien es también parte de mi crecimiento.
—¿Alguien te propuso que hagas este cambio?, ¿por qué elegiste a Esteban Blando como compañero?
—Fue un mix. Con Esteban había navegado bastante. Cuando yo me venía a Argentina a entrenar, él siempre me invitaba porque en Rosario no sé si soy la persona que tiene más horas arriba de un barco pero sí la más fanática. Y entonces, como él no tenía tripulante, me invitaba. Siempre me decía: “Tenemos que hacer algo juntos”, y al mismo tiempo en la Federación Internacional de Vela ya existía la posibilidad de que pusieran un catamarán como clase olímpica y mixto, así que el tema estaba sobre la mesa. Cuando terminaron los Juegos de Londres, mi cambio era casi un hecho.
—¿Fue sencillo tomar la decisión del cambio?
—No, me acuerdo que en ese momento lo hablé con el metodólogo (figura que ya no existe) del Enard que se ocupaba de la especialidad vela y me dijo que no me iban a apoyar. Al principio tuve bastante miedo porque me encontré con que no me iban a respaldar. Creo que se debió a que a nivel federativo no les convenía que me cambie de categoría. Me parece que pensaban que conmigo iban a tener ciertos resultados asegurados, que no saben si los van a tener ahora. Y fue un error de su parte: primero por no haber fomentado el desarrollo deportivo para que alguien ande igual o mejor que yo en este momento, y después por no confiar en las personas que vienen atrás mío o de no confiar en sí mismos de que pueden hacer un buen trabajo con esas personas. Pienso que esa negativa del principio fue para que yo no cambiara. Al principio lograron generarme cierto miedo.
—¿Cuál era la justificación que te daban?
—Que la torta (el presupuesto) había que repartirla entre todas las clases olímpicas y en el desarrollo del deporte, y que él (el metodólogo) no creía que había que apoyar mi proyecto porque tenía otros. Yo estaba muy en desacuerdo porque fui y le presenté un proyecto más que coherente, siendo que hoy soy la mejor navegante femenina que tiene la federación en el país. Lo digo sin arrogancias, porque me hicieron dar cuenta de eso, algo que hasta ahora no había pensado. Y si encima voy a navegar con el más experimentado del país en catamaranes, mi pregunta es: ¿por qué no apoyar un proyecto que vos sabés que por lo menos tiene las mejores intenciones y que no te va a dejar a mitad de camino sin trabajar? Toda esta situación me dio miedo, estaba cómoda donde estaba, tenía todos los apoyos económicos que necesitaba en el Laser porque ya había demostrado muchas cosas y no me podían decir que no a nada. Pero de repente todo era no.
—¿Cuánto duró esta odisea?
—Varios meses, hasta había momentos en que me sentía mal físicamente. Hasta que me senté con mi fa- milia y les conté. Me aconsejaron que hiciera lo que quisiera. Ahí mi cabeza se liberó. Y al final en enero, mientras entrenábamos con Esteban en Punta del Este, recibí un mail de la federación donde me decían que revisaron el presupuesto del Enard y pidieron una parte para nosotros. No es ni el 20 por ciento de lo que yo tenía para los otros años, pero es bastante.
—Hace algunas semanas compitieron con Esteban en una categoría muy parecida al Nacra 17 y les fue muy bien, pero ¿que esperan de esta gira por Europa que tendrá otro nivel?
—Sí, en Mar Del Plata me sentí muy bien y haber ganado la competencia fue positivo porque habla de que hay muchas cosas que estamos haciendo bien, nos falta muchísimo y te lo digo desde arriba del barco sin mirarme desde afuera. Pero acá el objetivo es ir a conocer el barco porque no es igual al que usamos en Rosario, a ver dónde estamos parados y qué hace la flota. La idea es ver qué va pasando este año, porque como todo es nuevo, nadie sabe muy bien qué va a pasar. Por otro lado nos vendría bien un buen resultado para demostrarle al Enard que somos una potencial pareja, pero no tengo ni idea de qué va a pasar.
—Falta mucho y puede pasar de todo, pero ¿el gran objetivo son los Juegos Olímpicos de Río?
—Sí, estar ahí y de la mejor forma posible. Pero bueno, uno siempre tiene ese deseo. Todavía no tenemos ninguna regata internacional, no sabemos dónde estamos parados. Igual la clase va a ir haciendo cambios todo el tiempo.
—A pesar del “bajón” del que hablás por los problemas que surgieron en el medio, se te nota convencida de que tomaste la mejor decisión.
—Eso seguro.