Jueves 23 de Octubre de 2008
"Pegale un tiro". La frase estremeció a Fabiana, que había sido encerrada en el baño de una tienda del macrocentro de la ciudad. La orden la lanzó una chica veinteañera embarazada a su socio que forcejeaba con el dueño del negocio para llevarse el efectivo de la caja. La disputa entre los dos hombres terminó cuando el comerciante recibió un culatazo en la cabeza y quedó fuera de combate. Entonces, el dúo de ladrones no tuvo obstáculos para apoderarse de 3 mil pesos y tres bolsos con ropa. Con el botín en su poder, se esfumaron y hasta anoche no habían sido localizados por la policía.
A las 11.30 de ayer, Fabiana estaba detrás del mostrador de Outlet Vandalia, un local de venta de ropa de mujer situado en Mendoza 2825. En ese momento, el arribo de una pareja joven no le llamó la atención. Presumió que eran unos de los tantos clientes del negocio. "Quiero ver remeras", dijo la chica embarazada y se probó algunas prendas hasta que finalmente eligió una.
Todo trancurrió sin sobresaltos hasta que los clientes llegaron a la caja. Entonces, el hombre se llevó sus manos a los bolsillos y no encontró dinero. "Le preguntó a la chica dónde estaba la billetera, y ella le contestó «sacala, sacala»", contó Fabiana.
Plata no, arma sí. El muchacho introdujo sus manos en una mochila y extrajo un revólver. Enseguida, el caño del arma de fuego rozó el pecho de Fabiana. "Vamos para el baño", le ordenó el ladrón. Allí, la empleada quedó a merced del intruso. El asaltante le pidió los anillos, el reloj y la pulsera que tenía y después le ató las manos con precintos plásticos. "Quedate quieta que no te va a pasar nada", le dijo para tranquilizarla.
El asaltante salió del baño y se encaminó hacia el local. En ese momento, Fabiana escuchó el chirrido estridente de una puerta y gritos. El ladrón se había topado con el dueño del negocio que acababa de llegar. El maleante y el comerciante forcejearon. "Gustavo (el propietario del local) le quiso quitar el arma, pero no pudo", explicó la empleada.
La pelea terminó cuando el malhechor le asestó al comerciante un culatazo en la cabeza. En medio de la gresca, la joven embarazada le ordenó a su cómplice que gatillara el revólver. "Pegale un tiro", gritó, pero su socio no abrió fuego y obligó a su víctima a caminar hasta el baño, donde quedó encerrado con Fabiana.
Con la situación controlada, los ladrones recogieron tres mil pesos y ropa y huyeron.