Una cruda réplica de las contradicciones del modelo
Quizás por portación de apellido, Guillermo Moreno es el hombre a quien todos quieren tirar al agua. Símbolo del kirchnerismo más folklórico, es la cabeza que la oposición, las corporaciones, los medios de comunicación pero también los aliados más razonables del oficialismo, exigen sacrificar como tributo para exorcizar la derrota de junio pasado.

Domingo 26 de Julio de 2009

Quizás por portación de apellido, Guillermo Moreno es el hombre a quien todos quieren tirar al agua. Símbolo del kirchnerismo más folklórico, es la cabeza que la oposición, las corporaciones, los medios de comunicación pero también los aliados más razonables del oficialismo, exigen sacrificar como tributo para exorcizar la derrota de junio pasado.

El gobierno no sólo lo respaldó sino que amplió su poder al ratificar en el Indec a sus hombres de confianza. El oficialismo desprecia las críticas contra el autor del plan de exterminio de las estadísticas públicas atribuyéndolas a una objeción casi estética de las formas que adquieren determinadas decisiones políticas, presuntamente cargadas de alto contenido transformador.

Pero en ese sentido, Moreno es, como otros aspectos del kirchnerismo, precisamente pura forma. La caricatura del funcionario irascible y bravucón, capaz de incomodar a los hombres de negocios más poderosos del país, esconde una trama de acuerdos y complicidades con las grandes industrias que no sólo fue ineficaz para moderar la inflación sino que consolidó una estructura de formación de precios basada en el poder de negociación de un puñado de conglomerados empresarios.

Para este sector, ofrecer una barata dominguera en los supermercados porteños o aguantar una puteada mañanera, fue un precio módico por la fuerte transferencia de ingresos que les significó la intervención oficial en las cadenas de producción primaria o la domesticación de los órganos de control. Tal el caso de la comisión nacional de defensa de la competencia, de la cual el supersecretario desplazó a José Sbatella, economista prestigioso e insospechado de "noventista", porque objetaba megafusiones empresarias en marcha.

Una extraña doxa neoprogresista infiere que cualquier referencia a la calidad institucional es conservadora. Pero si en lugar de atrincherarse en la defensa de Moreno el gobierno probara con fortalecer legal, profesional y políticamente un área destinada a combatir los monopolios y controlar los precios, temida por sus atribuciones y no por sus eventuales conductores, quizás podría contar con una herramienta más eficaz de disciplinamiento empresario. Muy valiosa, por otro lado, en estos tiempos de debilidad política.