Jueves 04 de Febrero de 2010
Un joven 18 años, con prontuario abierto, murió baleado por un policía de civil que se dirigía a trabajar en el límite de los barrios Las Heras y La Tablada. Desde la Unidad Regional II se consignó que Ricardo Villarreal junto a un cómplice interceptó a un suboficial de 28 años para robarle. El relato indica que uno de los delincuentes le puso el arma en la cabeza al policía y que al advertir que estaba armado le disparo rozándole la cabeza. El policía logró entonces sacar su arma y al repeler la agresión mató a Villarreal con un balazo en el tórax.
Ricardo Villarreal, reconocido en el barrio como Ricky, murió en Patricias Argentinas y Benito Juárez (Ayacucho al 4800). Tenía media docena de antecedentes penales como menor. Su hermano Milton, alias Chanchi, de 16 años, fue asesinado a tiros hace menos de dos meses, el 12 de diciembre, en Necochea y Ameghino. Ambos pibes integraban parte de una familia de once hermanos que reside a la vuelta del lugar donde Ricky cayó muerto ayer, por calle Ayacucho.
Villarreal quedó tirado sobre el pavimento, casi en la puerta de la casa de uno de sus hermanos. Un móvil de Patrulla Urbana lo levantó y lo condujo junto a su madre al Roque Sáenz Peña donde llegó muerto. En la escena del crimen los uniformados lograron secuestrar un revólver calibre 38 largo Smith and Wesson con un proyectil intacto y tres percutados. También había al menos cuatro vainas calibre 9 milímetros del arma del policía. El suboficial, que trabaja en la Brigada de Orden Urbana de Villa Constitución, fue preventivamente detenido y quedó a disposición de la jueza de Instrucción Roxana Bernardelli.
La caída. La crónica de la muerte de Ricky Villarreal reedita el mosaico de carencias sociales que predomina en las partes más empobrecidas de La Tablada y Las Heras, este último también conocido como barrio La Bajada. Pibes trasnochados que roban empuñando un arma para saciar sus adicciones. El escenario, a 50 metros del paredón del ex Batallón 121, oscila entre la humildad y la pobreza. En las paredes de la esquina del hecho podían leerse inscripciones y firmas, entre ellas la del Chanchi, el hermano muerto del chico muerto ayer.
La versión oficial indicó que ayer pasadas las 6 de la mañana en la esquina de “la barra del tronquito” estaban Ricky junto a un compinche. Por allí pasó caminando de civil el suboficial Juan A., de 28 años, con dos meses en la fuerza y empleado en la Unidad Regional de Villa Constitución. Cuando pasó el vigilante los dos jóvenes le colocaron un revólver en la cabeza. Mientras uno le apuntaba el otro lo despojaba de sus pertenencias. Hasta que con su mano acarició el arma reglamentaria. “Ojo que está enfierrado”, gritó, y el que estaba armado le disparó al vigilante en la cabeza. Pero el efectivo tuvo un movimiento instintivo que le salvó la vida.
Eran tres hombres y dos armas en un espacio de un metro de diámetro, detrás de uno de los arcos del club infantil Alice. Los vecinos aseguran haber escuchado dos secuencias de disparos. Una de tres o cuatro estampidos continuos. Y otra de tiros espaciados. Siempre según la voz oficial el policía se arrojó al piso mientras sacaba su arma y repelió. Villarreal recibió un balazo entró por la espalda y salió por el pecho.
Quedó tirado a metros de la casa de su hermano Marcelo. La camioneta policial lo llevó al Saénz Peña pero llegó muerto.
A metros de donde cayó herido Ricky fue hallado un revólver calibre 38 tipo lechucero. En su tambor tenía cuatro proyectiles, ninguno del calibre del arma: uno era calibre 32, encintado y sin percutar, y tres municiones calibre 9 milímetros servidas. Fuentes consultadas indicaron que este último calibre puede ser utilizado por el 38 largo. Investiga la División Judiciales de la Unidad Regional II bajo la tutela de la jueza Bernardelli.