Miércoles 12 de Octubre de 2011
Corzito es un perrito de la calle de Rosario. El se llama así porque vive en la vereda del Sanatorio Julio Corzo. Allí tiene su cucha en una maceta de la calle con cartones bajo techo y conforta con su mirada de pichicho buenazo callejero y purísimo perro a todos los familiares de algún paciente grave que va a la vereda a lagrimear la incertidumbre de una vida que se va o no se sabe que destino correrá. Se arrima, lame la mano de todos porque todos son destinatarios de su cariño, no importa la edad, el color de la piel o la condición social. Es más: como perro sabio que es, no necesita palabras para hacerse entender, se arrima y se queda al lado de quien él considera necesita de su compañía. Y da, sólo da sin pedir. Este ángel de cuatro patas viejito y ya castrado en el Imusa, no es echado a patadas por ningún enfermero, médico o director del sanatorio; al contrario, en este hospital universitario él circula entre ambulancias, camillas y familiares de enfermos e internados como un verdadero "protagonista". En los días de frío alguna vecina le coloca un pullover, la gente de la cuadra le da de comer y agua. El vive allí sus días compartiendo la soledad, la vida y la muerte en una ciudad donde el amor a los animales es parte de una cultura que ennoblece a una sociedad y nos enseña que matar no es el camino para tratar la superpoblación animal.
Hugo Ojeda