Un festival de autopartes truchas
La forzada apertura de la puerta atrancada de un galpón dejó al desnudo el destino último de tantos autos robados: la comercialización clandestina, un negocio que se nutre de ilícitos no pocas veces manchados con la sangre de vidas humanas. Ayer a mediodía en un depósito de la zona sudoeste de Rosario se encontraron decenas de autopartes de vehículos usados y desmantelados para su reventa...

Martes 12 de Enero de 2010

La forzada apertura de la puerta atrancada de un galpón dejó al desnudo el destino último de tantos autos robados: la comercialización clandestina, un negocio que se nutre de ilícitos no pocas veces manchados con la sangre de vidas humanas. Ayer a mediodía en un depósito de la zona sudoeste de Rosario se encontraron decenas de autopartes de vehículos usados y desmantelados para su reventa. En el lugar no había nadie. No fueron divulgados las identidades de los responsables del lugar que si no estaban allí ayer, suponían en Tribunales, difícilmente aparezcan ahora.
  Fue en Chancay 3486, un pasaje que corre entre bulevar Seguí y Saavedra, casi en la esquina con Cafferata. Efectivos de la Patrulla Urbana habían requerido la identificación de un viejo Chevrolet Corsa a medio desarmar que estaba parado en esa cuadra. El procesamiento informático de los guarismos —patente AXB 936— determinó que por ese auto estaba vigente una búsqueda de la Policía Federal: lo habían robado en Buenos Aires y lo requería la comisaría 11ª del barrio de Palermo.
  A partir de datos obtenidos en la zona donde desde hace algún tiempo permanecía ese vehículo, efectivos de la comisaría 18ª solicitaron el allanamiento judicial de un depósito que estaba en la misma calle, situado a seis cuadras de la seccional. Al cortar el candado del portón los presentes comprobaron que lo que había allí era el acopio de un desarmadero. Algo que se presuponía: ninguna habilitación reglamentaria municipal o provincial permitía a ese local funcionar en el rubro.
  Llevó un buen rato hacer el inventario del conjunto de partes de vehículos —de variadas marcas y modelos— que atiborraban el depósito. Finalmente se asentó en un acta todo lo que se ofrecía a la vista. El detalle incluye 11 cuadros de motocicleta, 19 techos de automóviles, 187 puertas, 49 tapas de baúl, 31 tableros de automóviles, 6 guardabarros, 132 paragolpes, 85 paneles de puertas, 3 cajas de velocidad, un trompín de Renault Kangoo y una trompa de Fiat 128. Todas las existencias estaban apiladas en estanterías de madera.
  Tras volcar el registro en el acta la policía clausuró el inmueble. No había allí papelería ni documentación que indicara actividad comercial. “Era un lugar de acopio de mercadería las operaciones de compraventa se hacían en otro lado”, indicó un oficial de la comisaría 18ª.
  Este operativo se suma a acciones requeridas por el Ministerio de Seguridad provincial que apuntan a fiscalizar la actividad regular de los negocios de este rubro. La iniciativa apunta a impedir que a los mostradores llegue autopartes ilegales que a veces proceden de delitos cometido con altos niveles de violencia. En desarmaderos rosarinos que funcionan al margen de la ley varias veces se encontraron autos sustraídos en otras provincias.
  La provincia de Santa Fe adhirió y reglamentó en octubre de 2008 una ley que regula la actividad comercial de los desarmaderos para desalentar que la actividad se realice en un marco informal y condiciones irregulares. La Secretaría de Justicia de la provincia es la encargada del registro legal de los comercios que compran y venden autopartes.