Un farmacéutico mató a un ladrón al disputar un arma
El farmacéutico y el ladrón forcejeaban en el local de Batlle y Ordóñez y Ayacucho. El maleante empuñaba un revólver y el dueño del local le apretaba la mano con la que sostenía el arma. En medio de la gresca, una estampida retumbó en el negocio y el farmacéutico advirtió que las fuerzas de su contrincante flaqueaban.

Miércoles 19 de Noviembre de 2008

El farmacéutico y el ladrón forcejeaban en el local de Batlle y Ordóñez y Ayacucho. El maleante empuñaba un revólver y el dueño del local le apretaba la mano con la que sostenía el arma. En medio de la gresca, una estampida retumbó en el negocio y el farmacéutico advirtió que las fuerzas de su contrincante flaqueaban.

A duras penas, el intruso salió corriendo, recorrió unos 50 metros y se desplomó sin vida. Un balazo que salió disparado en el entrevero le había perforado el pecho. No bastó para que el comerciante frustrara el atraco. Un cómplice del ladrón caído se esfumó con los dos mil pesos de la recaudación.

Carlos Ariel Taborda tiene 33 años y hace 8 que abrió una farmacia en Batlle y Ordónez 363. El negocio tiene una importante clientela ya que vende a una mutual que agrupa a los trabajadores del puerto rosarino. Es un local amplio con dos vidrieras.

El ingreso. A las 10.40 de ayer, Taborda estaba detrás de la caja. La madre, Flora Estela Leiva, de 54 años, había ido al baño. En ese momento, una mujer con su hijo de siete años entró al negocio. Detrás de ella lo hicieron dos muchachos.

Uno de los jóvenes empuñaba un arma de fuego. El cómplice se llevó una mano a la cintura y exhibió la culata de un revólver, pero enseguida debió mostrarlo. "Esto es un asalto", gritó uno de los intrusos. Enseguida uno de los ladrones se encaminó hacia donde estaba el comerciante. Lo encañonó y lo obligó a caminar, con las manos levantadas, hacia la parte posterior del comercio. La misma suerte corrieron la clienta y su hijo. Así atravesaron un pasillo bordeado por estanterías en la que se exhiben remedios.

Flora aún estaba en el baño y no se había enterado de la irrupción de los malhechores. Taborda caminaba con el caño del revólver apoyado en la espalda cuando la mujer salió y se topó con el hijo y el ladrón. El maleante miró sorprendido a la mujer. La inesperada aparición había distraído su atención y el farmacéutico se abalanzó sobre él.

Un duelo. Los dos hombres entablaron una pelea. El comerciante retuvo con fuerza la mano de su contendiente mientras el ladrón sujetaba con fiereza el revólver. No se dieron tregua y se llevaron por delante una estantería. A pesar del golpe, los dos hombres se mantuvieron de pie. En ese momento salió el balazo. El ladrón se tambaleó y se lanzó afuera con largos pasos. Lo acompañó su cómplice que había recogido los dos mil pesos de la caja.

"El ladrón accionó la cola del disparador del arma por la presión que le ejerció en su muñeca el comerciante. Se dio vuelta el revólver, se tiró el martillo para atrás y salió el disparo", explicó un encargado del sumario policial. Malherido, el maleante recorrió unos 50 metros por Battle y Ordónez y, cuando llegó al cruce con Ayacucho, se derrumbó.

El ladrón quedó tendido sobre la ochava sureste. Estaba vestido con una bermuda negra, remeras y zapatillas. Fue identificado como Pablo Sebastián Correa, de 27 años, y vivía en Guillermo Tell al 300, a unas dos cuadras de la farmacia asaltada. Una fuente policial señaló sin dar detalles que tenía un prontuario abultado. El vocero consultado indicó que hacía seis meses que había salido de un cárcel de Santiago del Estero tras cumplir condena por robo calificado.

El caso es investigado por el juez de Instrucción Nº3 Luis María Caterina, que acudió al lugar acompañado por el fiscal de turno. Una vez en el lugar, el magistrado dispuso que Taborda brinde una declaración informativa en la comisaria 1ª por "razones de seguridad". La zona es controlada por la seccional 11ª. Tras el trámite de rigor, el farmacéutico fue excarcelado.

Un patrullero frente al negocio de Batlle y Ordóñez al 300. El robo fue ante una clienta y su hijo.