Jueves 18 de Febrero de 2010
"Yo no tengo nada que ver con la barra brava de Newell’s. No conozco a Pimpi ni al Panadero. No soy hincha de Newell’s, ni de Central, sólo me gustan las carreras de autos", aseguró ayer a LaCapital el oficial retirado Alejandro Kellis, que estuvo una semana detenido en el penal policial luego de que agentes de la Dirección de Asuntos Internos de la policía allanaran su casa de Granadero Baigorria en búsqueda de las armas utilizadas en la trágica emboscada a la barra brava rojinegra ocurrida hace ya 12 días y que le costó la vida a Walter Cáceres, un chico de 14 años. Las armas no fueron encontradas, pero en la vivienda había 825 gramos de cocaína, por lo que el oficial quedó imputado de tenencia de droga en el juzgado Federal Nº3.
Con relación al hallazgo de la droga, Kellis afirmó que se la "plantaron". Y a la hora de dar explicaciones sostuvo: "Fue para joderme porque no saben a quién cagar por la muerte de este chico" (Walter Cáceres). El oficial —se retiró de la policía rosarina diez años atrás— contó que a las 7 de la mañana del sábado 6 de febrero pasado una comitiva de Asuntos Internos al mando del comisario principal Rodas llegó a su casa de la calle Los Capitanejos, en Granadero Baigorria, con el apoyo de efectivos del Cuerpo Guardia de Infantería.
Búsqueda. La jueza de Instrucción Roxana Bernardelli había librado la orden de allanamiento luego de que el día anterior se recibiera un llamado anónimo en Asuntos Internos que daba cuenta de que en esa vivienda estaban escondidas armas de los barrabravas leprosos que se habrían utlizado en el ataque en el que perdió la vida Cáceres.
Cuando se inició el operativo, Kellis regresaba con su esposa de la ciudad de Cañada de Gómez, adonde había acudido al velatorio de un familiar. En ese momento, según comentó, recibió un llamado de su hija en su celular. "Papá, está la policía. Quieren romper la puerta", le dijo angustiada la chica. El oficial le respondió que le franqueara el ingreso a los uniformados. Pero, según afirmó, su familiar no tuvo "tiempo" de hacerlo. Los policías ingresaron por la fuerza. "Mis hijos estaban durmiendo y los llevaron desnudos al patio mientras les apuntaban con fusiles. Además, como llovía, mi nieta se mojó mucho y tuvieron que internarla", señaló.
Cuarenta y cinco minutos después del llamado de su hija, Kellis llegó a su casa. Ya para entonces los uniformados habían "dado vuelta" todo, pero no habían hallado armas. "En ese momento, el comisario Rodas me pidió si podía pasar a la pieza que estaba llena de vigilantes. Cuando estábamos en el cuarto me mostró una bolsa que tenía una cosa de color marrón como pororó. Le pregunté que era y me respondió que era droga. Además me dijo que la habían sacado del ropero, pero cuando me la mostró estaba al lado de la cama. Yo le dije «si vos decís que es droga tenés que convocar a la gente de Drogas»".
Hallazgo. Un rato después, agentes de la Dirección de Prevención y Control de Adicciones arribaron a la casa y comprobaron que en el envoltorio había 825 gramos de cocaína. "Hicieron los reactivos (para determinar si era estupefaciente) delante mío y de dos testigos", comentó Kellis. Sin embargo, el policía retirado objetó todo el procedimiento. "Uno de los testigos estaba borracho y además era menor", afirmó. No fue la única anomalía del operativo. Kellis también aseguró que los policías que intervinieron en el allanamiento "se robaron dos telefonos celulares, 3.500 pesos que tenia guardados, un anillo de oro y dos cadenas de oro de mis hijos que ya fallecieron".