Un camino de reveses judiciales

Domingo 31 de Enero de 2010

Mario Segovia fue capturado el 23 de noviembre de 2008 en el Aeroparque Jorge Newbery cuando se disponía a subir a un avión con su primo Sebastián. Los allanamientos en su residencia de Fisherton de 350 mil dólares puso al descubierto su opulento estilo de vida. Un Rolls Roys valuado en 650 mil dólares, dos camionetas Hummer, otra Range Rover, dos cuatriciclos, y numerosos inmuebles parecían parte de un patrimonio que no se condecía con su historia.
  El primero en procesarlo fue el cuestionado juez Federico Faggionatto Márquez como proveedor de efedrina de un laboratorio para fabricar drogas sintéticas en una quinta de Ingeniero Maschwitz donde fueron detenidos nueve ciudadanos mexicanos. Luego el juez penal económico porteño Marcelo Aguinsky hizo lo mismo al acusarlo de traficar 524 kilos de efedrina a México en paquetes de azúcar de un depósito fiscal porteño.
  Otro juez penal porteño, Ezequiel Berón de Astrada, lo procesó por comercializar sustancias nocivas para la salud pública —aconitina y ricinina— bajo la identidad de Héctor Germán Benítez, la misma que la señalada por los jueces Aguinsky y Faggionatto. Este último magistrado procesó a Segovia en julio del año pasado por 83 nuevos delitos descubiertos al explorar la casilla de mails. Y la jueza que reemplazó a Faggionatto cuando lo desplazaron, Sandra Arroyo, lo procesó en octubre por mantener activa su red de tráfico desde la cárcel de Ezeiza.