Viernes 04 de Septiembre de 2015
Para Antonio matar no lo convierte en asesino sino en justiciero. Esa es la lógica del protagonista de “Signos”, la miniserie estrella de El Trece, siembre bajo la tutela de la productora Pol-ka, que debutó anteanoche y promete ser un plato fuerte para los miércoles, a las 23, por Canal 3. La ficción encabezada por Julio Chávez, el villano en cuestión, se alzó con 17.2 puntos de rating, según Ibope. De ese modo, superó por casi cuatro puntos a la final de “Masterchef Junior”, que emitió Telefe en la misma franja horaria, y en donde María se llevó el premio mayor. Claro que el mejor banquete del miércoles pasó por el peso dramático de “Signos”, en una trama tan truculenta como atractiva.
Antonio (Chávez) es un doctor muy querido en San Rafael de los Penitentes, un lugar con todos los personajes arquetípicos de los pueblos chicos: el loco, el poderoso, las chicas de su casa y de las otras, las vecinas chusmas, el cura, la maestra, el policía resistido, y así. Pero en esa galería de criaturas, hay una que nadie se imagina: un asesino oculto tras el disfraz de un médico. Por esa puerta entra Antonio, quien pretende vengarse de demonios de su pasado y elige quitarles la vida tomando referencias astrológicas de los 12 signos del zodíaco. Dos hermanos de Géminis son su primera escala. Uno es sacerdote y el otro es Rafael, alguien que pasa desapercibido en el pueblo, menos para Antonio, quien le avisa: “Hoy vas a pagar lo que hiciste hace 46 años”.
En las imágenes de cuatro décadas atrás, se ve el asesinato de su madre y la complicidad de Abdala (Roberto Carnaghi), el comisario del pueblo, que engrosará su lista negra. Y también aparece la pequeña María Laura, su hermana, hoy convertida en la policía más respetada de Penitentes, interpretada por Claudia Fontán, en un rol que recuerda a Frances McDorman en “Fargo”.
Los guiones de Leandro Calderone y Carolina Aguirre van en sincro con la dirección cuidada de Daniel Barone, quien eligió tomas aéreas para describir una atmósfera misteriosa. Es que allí confluye la oscura paz de Penitentes, que responde al lema de pueblo chico, infierno grande. Chávez mostró apenas las primeras cartas de su potencial expresivo. Las máscaras más terribles irán apareciendo con la virulencia de los crímenes que van a venir.
Y ese es otro gancho más que seductor para poner el ojo y los sentidos en esta ficción.