Viernes 18 de Septiembre de 2015
La actriz y directora Ana Katz estrenó su cuarto largometraje, “Mi amiga del parque” en el que explora la curiosa relación que nace con una vecina algo enigmática, en coincidencia con el nacimiento de su primer hijo.
La autora de obras reconocidas por la crítica y ganadoras de un puñado de premios como “El juego de la silla”, “Una novia errante” y “Los Marziano” vuelve en esta ocasión a encuadrar a una mujer acorralada por el momento que le toca vivir.
Es la historia de Liz, madre primeriza, cuyo esposo está lejos, en la cordillera, rodando una película, y que debe hacer frente a una situación a la que no termina de entender ni de acostumbrarse del todo. En medio de esa crisis, y en una de sus rutinarias excursiones al parque, conocerá a Rosa, presunta madre de una bebé, que sin mayores recursos que la rapidez, la envolverá en una relación no del todo transparente.
Rosa es, por lo visto, un poco marginal, y vive con Renata, su más inestable aún hermana, que también se une a la chica al borde de un ataque de nervios, conformando un grupo que más allá de idas y venidas, sobrevive.
El trío central del filme está conformado por Julieta Zylberberg como Liz, la misma Ana Katz como Rosa y Maricel Alvarez, recordada por su participación en “Biutiful”, como Renata, mientras que Daniel Hendler aparece en la pantalla de una PC vía Skype.
Reflexiones. “En tiempos agitados las mujeres siguen acompañando a sus hijos en la difícil tarea de hacerlos personas en este mundo”, señala Katz en diálogo con Télam, la directora que con esta obra se propuso reflejar la experiencia de la maternidad, desde una mirada atípica.
“No hay lugar genérico desde donde encuadrar esta película”, dice la directora, y añade que “la idea del suspenso doméstico es real, no fue diseñado apriori desde el guión sino que es la resultante de la convivencia con temas que generan tanto cuidado y aprensión como la crianza de un bebé tan chiquito”.
Hay todo un trabajo sobre el tema de los miedos en “Mi amiga del parque”, estrenada ayer en Rosario.
“Lo que tenía como objetivo, más allá de los géneros cinematográficos, era que todos esos pliegues que cuentan algo tan complejo como la filiación pudiesen contarse sin reducir. Creo que las aprensiones y los miedos que se desprenden de la película juegan con algo que está muy vigente en relación a lo seguro-inseguro, lo que causa miedo y lo que no”.
Además, Katz indica que hay como un juego hiperrealista en el filme. “Me hace recordar a las esculturas de Ron Mueck que son hiperrealistas pero no coinciden en la escala humana. Había algo previsto que era reproducir ese estado de ensoñación que produce lo nuevo. Me acordaba de los libros de «Elige tu propia aventura», donde veías un camino que era claramente el más seguro y que uno siempre se tentaba por ir por otro, como el recurso típico de la aventura. Creo que la tentación de ir por los alternativos es porque podrían conducir a la libertad vinculada a la crianza”.
—¿Hay algo que pueda relacionarse con tu propia experiencia en el tema?
—A mí me pasó al tener hijos que me encontré con una gran cantidad de discursos sobre cómo hay que hacer las cosas pero a veces los sectores más progresistas que uno podría entender a priori como más relajados o abiertos son más intransigentes, en relación a cosas que hay o no hay que hacer y en el personaje de Liz se ve a alguien que está empezando a decidir, a abrirse de ciertos hábitos que en determinados momentos, no te devuelve la vitalidad o sensatez que algo así pide.
—¿Un tema central, más allá de la maternidad, es la soledad, no?
—Siento que desde la película me pregunto acerca de la soledad, si no es un sentimiento que pueda formar parte de la felicidad. El personaje es feliz por ignorancia pero cuando aprende deja de serlo. Se puede ser feliz en soledad o pensando en la responsabilidad de una tarea.