Sábado 15 de Octubre de 2011
Soy ciudadano de la preciosa y renovada Rosario. La recorro y disfruto como peatón, automovilista, motociclista y usuario de los servicios públicos de transporte. Como habitante de esta parte del suelo argentino vivo y padezco los "desórdenes" del tránsito, las faltas a la ley, la falta de respeto a la circulación ajena y los poéticos agravios de los que soy testigo en la apasionada convivencia que nos relaciona a los rosarinos. En este marco, la agencia de control de infracciones de tránsito de nuestra ciudad, se ha encomendado a una peligrosa, arriesgada y no poco importante tarea. No hablo del control de la inmensa cantidad de camiones que cargan y descargan mercadería a cualquier hora en el microcentro, ni de los autos sin la reglamentación necesaria para circular, ni del nuevo transporte popular: la "multimotocicleta" (donde un padre lleva a su esposa y 2-3hijos en una moto de baja cilindrada, zigzagueando entre los demás), ni de los motociclistas sin casco, ni de los paradores en doble fila, ni de los conductores sin cinturón de seguridad, ni de los que no respetan la velocidad de circulación (ni máxima ni mínima), ni de los que "necesitan resolver el mundo" desde su celular (por lo que no pueden detenerse), ni de las constantes y creativas formas de cualquier violación legal que se imagine desde los taxistas, remiseros y colectiveros, ni de los niños/as que viajan en la parte delantera del automóvil, ni al control de las esquinas colapsadas y sin semáforo de la ciudad y ni siquiera me refiero a los "honestos" controles nocturnos de alcoholemia, no, no, no. En lugar de todas esas infructuosas actividades que no hacen mas que proteger y dar seguridad a los ciudadanos, los oficiales o agentes han sido designados a controlar el tiempo en que los automóviles están detenidos en la áreas designadas como "facturables" en la ciudad. Ser trabajador y tener que interrumpir reuniones o actividades de trabajo (aclaro que trabajo para el Estado) cada tres horas (máximo establecido para la permanencia), además de no poder hallar lugar para estacionar a determinadas horas, no conseguir cospeles, que no funcionen los "deglutores de monedas", que no se disponga de los relojes para autocontrol (porque la venta está dirigida a unos pocos autos caros), es algo bastante desgastante. Entiendo que estar ocupados de la recaudación de este tipo de "infracciones" debe ser lo más prioritario, considerando que con la rapidez con la que me obsequian las multas, he llegado a pensar que la Municipalidad me ha designado un acompañante personalizado desde la oficina de tránsito. Me parece que es necesario que comencemos a pensar que la muerte por accidentes de tránsito, no va a dejar de ser la número uno si nos abocamos a dificultar las tareas laborales de los trabajadores que "mantienen" ésta justa oficina del Estado Municipal.
LC 6.542.323