Viernes 25 de Febrero de 2011
La frase del título fue utilizada a principios del siglo XIX por el escritor español Mariano José de Larra (Fígaro) para significar que lo momesco, lo burlesco, la identidad oculta tras una máscara (consideraba a la hipocresía como la mejor careta) es algo cotidiano y no exclusivo de los días de carnaval. Más cerca en el tiempo y en el espacio, el tango "Camouflage" de Enrique Francini y José García, dice así: "En el corso de la vida todo el año es carnaval. / Con careta de angelito disfrazado va el chacal, / el perdido de decente, el viejo de joven va, / el farrista de hombre serio y el manguero de pashá. / El palmao va de atleta con hombreras de algodón, / la viejita de pebeta con vestido cortón. / Y así va la caravana dedicándose a fingir / porque sabe que sin grupo no es posible vivir". Hoy podríamos decir que ya no hay disfraz porque todo es disfraz: en la calle, en el trabajo, en el café, en el club, en las reuniones de negocios, en las asambleas de consorcios, en la política. En algunas partes del mundo los años electorales se caracterizan por carnavales largos, con corsos espectaculares donde todos quieren entrar y nadie quiere salir, pugnando por ganar algún concurso. El mercado de la imagen recomienda una sonrisa cautivante, vestimenta y ademanes acordes con el sector cuyo voto se desea captar; y lucir dicharacheros, juveniles, activos, como si encarnaran a las fuerzas del cambio. Algunos arrojan promesas como si fueran serpentinas de colores, rociando sus palabras con lanzaperfumes (como otrora hacíamos con los pomos "Bellas Porteñas") Por supuesto la mayoría abriga las mejores intenciones, pero algunos parecen preocuparse más por el marketing que por la solución de nuestros problemas y desesperan cuando están mal ubicados en las encuestas. Votemos a quienes son realmente lo que representan. Y a los que menos promesas formulen, así la desilusión no será tan grande si después no las cumplen.
Carlos Alberto Parachú, LE. 6.012.558